Paseos al aire libre: jardines con historia y diseño para descubrir en zona Norte




19 de mayo de 2021

Los jardines son expresiones de arte, de arquitectura, de naturaleza. Son testigos de la historia, pero también hablan del presente: de su gente, del amor por el barrio, la ciudad o el país. En una recorrida por los jardines más lindos de la zona Norte del Gran Buenos Aires, te presentamos algunos con espíritu criollo, otros con diseño inglés, pero todos poseedores de verdaderos tesoros naturales: ombúes majestuosos, algarrobos centenarios, tipas y laberintos de arbustos. Un programa para hacer al aire libre y disfrutar del paisaje de otoño y su sorprendente gama de colores.

En el jardín de la Quinta Los Ombúes, en San Isidro, predomina una extensa alfombra verde de césped que funciona como una terraza que mira a la ribera.

Hoy Museo Histórico Nacional, uno de los tantos dueños de esta propiedad ubicada en el casco antiguo de San Isidro, fue Cecilio Sánchez de Velazco, padre de Mariquita Sánchez de Thompson, quien recibió allí a personalidades destacadas como José de San Martín, Juan Martín de Pueyrredón, Vicente López y Planes y Manuel Belgrano. Su jardín aún conserva el espíritu criollo y austero de los inicios, con el patio de ladrillos con aljibe, los portones de hierro y las galerías. Los árboles se disponen en el terreno de manera suelta, y se aprecian especies de plantas características de la época, como camelias, achiras, rosales y junquillos. Los árboles nativos, como el algarrobo, los ombúes, el aguaribay y los jacarandás, se destacaran sobre la vista del río.

El jardín del Museo Pueyrredón, ubicado en Acassuso, San Isidro, alberga especies de árboles centenarios que fueron testigos de la historia argentina.Archivo Revista Jardín

La casa quinta, del año 1790, es uno de los mejores exponentes de la arquitectura colonial rioplatense que aún se conservan. La propiedad fue adquirida por Francisco de Tellechea, cuya hija, María Calixta, se casó en 1815 con Juan Martín de Pueyrredón, quien vivió en esa casa hasta el día de su muerte. En su jardín, que cuenta con un patio central y un aljibe conservados espléndidamente, se respira la historia de la Argentina. En él siguen en pie el algarrobo bajo cuya sombra Juan Martín de Pueyrredón y José de San Martín planearon la campaña libertadora, y el gigante aguaribay, muy cerca del frente de la casa, que plantó Domingo Faustino Sarmiento en 1870.

Laberintos de boj y una fuente de mármol de Carrara son dos de los atractivos del jardín del Museo Pueyrredón.Archivo Revista Jardín

Sobre la barranca crecen infinidad de especies autóctonas, como talas, espinillos y chañares. A un costado se encuentra el laberinto de boj (Buxus sempervirens) y magnolias, con su fuente de mármol de Carrara en el centro. El jardín cobija cinco monumentos naturales: el Algarrobo Blanco (Prosopis alba) de más de 300 años; Coronillo (Scutia buxifolia) de más de 400 años; Chañar (Geoffroea decorticans), uno de los pocos que quedan en la zona; el enorme Aguaribay (Schinus areira), plantado en 1870; y el Tala (Celtis tala), uno de los más grandes que hay en la vía pública.

La casa y el jardín de Villa Ocampo reflejan la influencia inglesa, muy típica de la época en que fueron diseñados.Inés Clusellas

En 1930, Victoria Ocampo, escritora, ensayista y figura de la cultura argentina, heredó esta quinta y le dio su impronta al jardín, ya que era una gran amante de la naturaleza y las plantas. Antes de su intervención, ya habían sido plantados, en 1890, eucaliptos, tipas, cedros, pinos y palmeras. Los viejos ombúes son anteriores a la casa, y más tarde se incorporaron especies como el Ginkgo biloba, paraísos, tilos, jazmines y rosales. Los árboles forman grupos y crean abras, además de definir los espacios.

Tanto la casa como el jardín reflejan una clara influencia inglesa, muy característica de esa época, y mantienen el brillo y el esplendor que tuvieron hace años. En 1973, Victoria Ocampo donó la propiedad a la UNESCO, organización que hoy realiza múltiples actividades culturales, entre ellas visitas guiadas por el jardín.

La Quinta El Ombú es hoy la Secretaría de Educación y Deporte de San Fernando y está a apenas 150 metros del Museo Ciudad de San Fernando de la Buena Vista. Una opción es visitar ambos lugares.Inés Clusellas

Después de pasar por varios herederos, en 1974, la familia Balbín Zamudio donó esta quinta a la Municipalidad de San Fernando con un jardín donde todo fluye hacia y desde su centro, con círculos que se expanden a medida que se alejan. Grandes tipas acompañan el diseño, creando con sus copas amplias bóvedas que filtran el sol, lo que genera contrastes de luces y sombras. Los boj marcan las formas de los solados y las clivias aparecen en los distintos canteros. Sobre un lateral, un antiguo y majestuoso ombú se mantiene en pie desde hace cientos de años. Según cuenta la leyenda, bajo su sombra y mientras contemplaba el río, el virrey Sobremonte exclamo: “¡Qué buena vista!”; por eso, a partir de entonces, la zona se denominó San Fernando de la Buena Vista.

Museo de la Ciudad de San Fernando. Durante varios años, se celebraba la misa en el patio. El jardín místico sigue manteniendo un clima inalterable.Andrea Baretto. Archivo Revista Jardín.

En 1871, con la epidemia de fiebre amarilla que asoló la Ciudad de Buenos Aires, muchas familias construyeron quintas con grandes casas en San Fernando. Una de ellas fue la familia Jacobé que construyó esta quinta, de estilo neoromántico. Hoy el terreno es más pequeño de lo que fue originalmente, pero el jardín mantiene el espíritu con el que fue concebido, un lugar místico destinado a la meditación y la contemplación. Se trajeron árboles de Tierra Santa y crecieron allí lirios, rosas de Jericó y azucenas. Muy cerca, un olivo y un ejemplar de la palmera Phoenix canariensis recrean el clima religioso y conviven con grandes palos borrachos y coronas de novia. Hace unos años, el jardín fue recuperado por las paisajistas María Laura Vidal y Grace Palma, convocadas por el arquitecto Pablo Terzagui y la arquitecta Patricia Guevara. En la entrada, acompañaron los bancos curvos y modernos con jazmines de leche, que en el mes de noviembre perfuman la vereda, mientras que los boj (Buxus sempervirens) enfatizan la capilla y le dan sobriedad. En el patio de atrás, los azareros (Pittosporum tobira) suman su intenso color verde y el aroma de sus flores.

Los jardines de El Descanso albergan una enorme variedad de especies de plantas, además de obras de arte de reconocidos artistas.Archivo Revista Jardín

En un terreno ubicado en las márgenes del río Sarmiento en las islas del Delta, hace más de 20 años sus dueños empezaron a vislumbrar un gran jardín, rodeado de agua y exuberante vegetación. Hoy es un gran parque con distintos jardines. Inspirados en los jardines privados de Monet, se ubicaron puentes y senderos que generan múltiples recorridos: el jardín del lago, el de gramíneas, el de sombra con sus imponentes helechos, el de azaleas, el de rosas y muchos más.

El diseño del parque de El Descanso, en el Delta de Tigre, se inspiró en los jardines privados de Monet, con puentes y senderos que generan múltiples recorridos.Archivo Revista Jardín

Las esculturas resaltan dentro del paisaje y se incorporan al estilo de los diferentes sectores. Conviven obras contemporáneas y clásicas, y cada una encuentra su lugar perfecto, no solo por la vegetación que las rodea sino por las luces y sombras que crean el clima ideal para cada una de ellas. En el recorrido se pueden ver obras de Pablo Reinoso, Bastón Díaz, Carlos Gallardo, José Fioravanti, Julio Le Parc, Pablo Curatella Manes, María Orensanz y Vivianne Duchini, entre otros.

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