Oscar 2020: La increíble transformación de Renée Zellweger como Judy Garland



Kyle Buchanan The New York Times y Clarín

“En algún momento empezaremos la entrevista”, le insistí a Renée Zellweger. “No, no”, respondió ella.

Era mediados de agosto. Yo había ido al Beverly Wilshire Hotel para hacerle unas preguntas a Zellweger sobre Judy, el drama que protagoniza, interpretando a Judy Garland en el último año de su vida, cuando la cantante y actriz estaba en las últimas. Se trata de un papel transformador, interpretada con tanta gracia que Zellweger, de 50 años, será difícil de vencer en los Oscar.

Pero nos llevó un buen rato entrar en tema. Primero estaba el problema de convencer a Zellweger de tener la entrevista: un agente de prensa me mandaba un mail tras otro para avisarme que llegaba más y más tarde.

Durante casi dos horas en el lobby del hotel, salió del ascensor, chiquita y poco llamativa en ropa deportiva, con el pelo rubio recogido con una gorra de beisbol de los Texas Longhorns. “Gracias por quedarte esperando”, dijo con timidez.

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Zellweger me dijo que se estaba acostumbrando de nuevo al trajín del estrellato. Creo que fue por eso que se demoró más tiempo en una charla: mi novio se había mudado aquella mañana y nos estábamos embarcando en una relación a larga distancia. Y era ella la que me estaba interrogando a mí: ¿A qué se dedicaba él? ¿Hace cuánto estábamos juntos? ¿No era Rilke el que decía que el amor es ser el guardián de la soledad del otro?

“Va a salir todo bien, ¡lo sé!” me dijo, con un fuerte acento tejano. Olvidate de todos los miedos que puedas tener, me dijo: “La gente es cínica y dice que este tipo de cosas no funciona y yo estoy en desacuerdo. Mira a Kyra Sedgwick y a Kevin Bacon”. Fue todo tan convincente que después de 20 minutos de consejos, tuve que recordarle a Zellweger que ella era la que debía responder a las preguntas.

Zellweger con su premio BAFTA, la noche del domingo. AFP

Su cara se transformó un poco. “En primer lugar, ¿no te estás muriendo de hambre?”, me preguntó, abriendo el menú. “Seguro que sí, corazón”. El camarero se acercó y Zellweger ordenó por mí: “Un triple Martini para él”, dijo riéndose.

Una vez que Zellweger se resignó a ser entrevistada empezó a disfrutarlo. Con Judy pasó algo parecido: el director Rupert Goold persuadió a Zellweger con mucho cuidado para que aceptara el proyecto, sabiendo que una oferta brusca no sería una buena idea. “Alguien me preguntaba en qué momento me di cuenta que estaba adentro”, me dijo Zellweger. “¡Creo que todavía no me di cuenta!”

La película se estrena a pocos días de la entrega de los premios Oscar.

Le mandaron el guión en el 2017. “Al principio no entendía por qué habían pensado en mí para el papel”, dijo Zellweger. La película requería cantar en vivo, porque muestra a una Garland con un contrato de cinco semanas para cantar en un local nocturno en Londres, y aunque fue nominada al Oscar por el musical Chicago, Zellweger no se considera una vocalista.

Pero Goold sentía que la vulnerabilidad que Zellweger muestra en Jerry Maguire y la desfachatez Regreso a Cold Mountain la convertían en la indicada para el papel.

Renée Zellweger se encerró a leer sobre la biografía de Garland, y a ver clips de sus actuaciones en vivo. BF PARIS.

Goold me dijo por teléfono que la experiencia de Zellweger en Hollywood, que ha llamado la atención por sus amoríos y provocado la especulación amarillista por sus cirugías plásticas, podría ayudarla a darle forma a la protagonista. Entonces Zellweger empezó a explorar. Como Goold insistió en que no habría sincronización de labios, alquiló un estudio y contrató a un coach para ver si el estilo distintivo de Garland estaba a su alcance. Trabajó con un coreógrafo y vestuarista para imitar la postura levemente encorva de Garland. Y se metió a leer biografías, viendo viejos clips, y entró a todos los foros sobre Garlad para pescar cualquier detalle.

“¿Cómo es posible que esto sea un trabajo? ¡Es tan divertido!”, me decía Zellweger, una y otra vez.

Otro premio. Fue el que le entregó el Sindicato de Actores de los Estados Unidos. REUTERS

Las secuencias más dramáticas de Judy aparecen cuando Garland es forzada a cantar, a pesar de su voz, arrasada por el tiempo y las adicciones. Goold se inclinó por ese suspenso: “Le dije a Renée, ‘voy a estructurar el guión para que no se trate sólo de llegar al momento de ‘¿Puede Judy Garland dar lo que tiene que dar en este momento?’, sino al de ‘¿Puede Renée Zellweger?’”

Hizo esas performances en vivo frente a una audiencia, y Zellweger recuerda ahora las escenas con el entusiasmo de alguien que se ha tirado en paracaídas y sobrevivió para contarlo. “Estaba exultante. No me permitía pensar mucho sobre el tema, estaba en el fondo de mi mente, como algo aterrador, y lo empujaba hacia atrás. Por suerte, fue tan vertiginoso que no tuve tiempo para frenar y pensar ‘mejor no hago esto mañana’”.

Todavía no se lo habían entregado. Renée Zellweger, al llegar a la alfombra roja de los Globo de Oro. También la premiaron por “Judy”. AP

De todas maneras, Zellweger ya está un poco cansada de los proyectos que le demandan tanto sin darle el tiempo necesario para digerir todo lo que pasa. Garland fue explotada por la máquina de Hollywood, que rara vez le daba tiempo para descansar, y Zellweger dijo que entendía lo que significa llegar “a cierto punto en el que uno ya no sabe si tiene la piel lo suficientemente curtida, y de todos modos tiene que hacer las cosas”.

No se arrepiente de haber realizado muchos proyectos por año, pero la pausa que se ha tomado la ayudó a comprender sus prioridades.

La película se sitúa a finales de los años ’60. AP

“En lugar de decir, ‘Bueno, espero poder llegar al cumpleaños de esa persona especial’, yo tendría que haber dicho, ‘Voy a ir a esa fiesta de cumpleaños’, y no sentía que tenía el derecho de tomar esa decisión por la bendición del trabajo”, dijo Zellweger.

Liberada de ese deber, empezó terapia, viajó, tomó clases en la Universidad de California e incluso llegó a escribir un piloto para Lifetime (el canal no lo aprobó): “Me tomé tiempo para mí, no estaba rumiando las mismas experiencias emocionales de siempre para contar historia. Viví algunas nuevas, y todo es informativo”.

Y sin esa perspectiva no podía interpretar a Garland. “Me hizo apreciar mi experiencia de tener que lidiar con ser una persona pública, algo que puede ser muy pesado en la vida”, dijo.

Irreconocible. Tras varias cirugías plásticas, Zellwegger lucía así en 2014. AP

Unas semanas después, fui a una fiesta tras la prèmière de Judy en el Festival de Toronto. Hubo tweets de arrobamiento y una aclamación de pie, y cuando Zellweger subió al escenario no pudo contener las lágrimas.

Todos en la fiesta querían felicitarla, pero una hora más tarde, la poblada soirée todavía no contaba con su estrella. “¿Dónde está Renée?”, le oí decir a un agente de prensa. “¿Alguien la vio?” Renée estaba por entrar al edificio. La encontré subiendo las escaleras con mucha deliberación, con un vestido celeste perlado y altísimos tacos blancos. Flanqueada por dos representantes, estaba fuera de foco, como si quisiera entrar a la primera de muchas fiestas esta temporada en la que será el centro de atención.

Con su Oscar a la mejor actriz de reparto por “Regreso a Cold Mountain”, en febrero de 2004. Ahora va por el segundo…

Luego levantó la mirada y pegó un grito. “¡Qué alegría verte de nuevo!”, dijo, y me llenó de preguntas. ¿Iba a ver a mi novio pronto? ¿La otra semana? ¡Qué maravilla! “Es un momento muy especial para él”, le dijo a un agente de prensa, mientras yo le preguntaba por los aplausos.

“Me dijeron que la première fue increíble”, le dije. “¡No tan increíble como vos encontrándote con tu novio la semana que viene!”, respondió, hundiéndome un dedo en el pecho. Fue así hasta que la situación fue insostenible.

Después de todo el trabajo que había hecho para este papel, había recibido una aclamación de pie de tres minutos. ¿Cómo se sintió? “No sé cómo tomarlo”, dijo por fin. ¿Cómo tomar qué? ¿Ese tipo de adoración?

“Sí”, dijo, arrugando un poco la cara. “¿Qué se dice? ¿”Gracias por tener suerte”?

Traducción: Andrés Kusminsky

POS​

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