“Nunca dejé que la nostalgia me apague”

Si uno busca en YouTube “La desalmada“, puede escuchar a Mónica reemplazando el “yo” por el “ió”, el “ya” por “iá” o gritando “cállate” a lo Chavo del 8. En modo castellano neutro, Ayos no defrauda. Serán los 11 años de estadía en México los que lograron mimetizarla en culebrones de Televisa, pero una parte de su cuerpo siempre vive en sintonía con la Argentina. Su último “argentinazo” fue encarnar a Yuyito González en la serie maradoneana.

La marplatense “por adopción” tiene una casita en Miami a la que se escapa cuando ella o su marido no son absorbidos por las telenovelas. Siente que pasaron siglos desde sus otras vidas, su lustro como vedette en teatro de revistas, su mudanza a Chile, su bolo adolescente junto a Narciso Ibáñez Menta en El pulpo negro o su amistad de conventillo con Natalia Oreiro en Sos mi vida.

Le debe a El conde de Montecristo su mudanza de hemisferio y su trabajo internacional. Una versión argentina de la novela de Alejandro Dumas se transformó en hit de Telefe, y a su vez, esa idea fue comprada por la TV Azteca. Para el protagónico que aquí interpretaba Pablo Echarri, los mexicanos eligieron a Diego Olivera, marido de Ayos. Eso desencadenó un efecto dominó que tocó a toda la familia.

Adaptada. Ayos, más de una década viviendo fuera de la Argentina.

Adaptada. Ayos, más de una década viviendo fuera de la Argentina.

Tras un vendaval laboral, Olivera y Ayos tomaron la decisión familiar de radicarse en el Distrito Federal, y así el afamado productor Salvador Mejía la convocó a ella Mónica para su debut en pantalla, por El canal de las estrellas. Desde entonces, activa y desactiva su chip porteño, trabaja de un lado y del otro mientras entretiene a ambos países por igual en su cuenta de Instagram, algo así como un Ayos TV, un canal en el que hace comedia, posa, vende sin jefes para sus 837 mil seguidores.

La bienvenida laboral azteca, en 2011, en Triunfo del amor (remake de la telenovela venezolana Cristal con Jeannette Rodríguez y Carlos Mata, en los ‘80) llegó “picante”. Tanto que María Mónica se sintió “morir”. Cuenta graciosa que pidió un sandwich “ciabatta” e ignoró que contenía Chile. Fuego en el sentido más literal. “Sentí el fin de mis horas, un agujero en el estómago que me dejó mareada, sorda y muda, ácido muriático”, se ríe de aquel bautismo. 

Dos años atrás, convocada por Amazon para Maradona, sueño bendito, viajó a Nápoles para encarnar a “Yayita” (Amalia “Yuyito” González, la actriz que fue pareja de Guillermo Coppola). Fueron tres semanas de rodaje en la ciudad del Vesubio, jugando a ser ese volcán que le avisa a Claudia Maradona “nosotras no competimos con amantes, competimos con la madre”.

Mónica como "Yayita" (Yuyito González) en la serie de Maradona.

Mónica como “Yayita” (Yuyito González) en la serie de Maradona.

Venía de grabar Puerta 7 (Netflix) y tuvo que retroceder hasta la década del ’80 para emular esa estética de desmesura en el cabello. Con Leonardo Sbaraglia como su “marido” personificó la alegría y el esplendor de esa mujer con la que trabajó en la vida real en teatro de Revista, en 1999. “A Diego no me unió más que coincidir en una tapa grupal de revista de Gente 2006/2007”, cuenta. “La filmación en cada recorrido turístico me llevó a sentirme en la casa de mis abuelos, de mis bisabuelos, aquellos inmigrantes que llegaron hasta la Argentina y de quienes heredamos la cosa tan tana”.

“Para la época del Mundial, yo cursaba el segundo año del secundario. Antes de esa Copa, por las giras de tango de mis viejos en Japón, yo vivía con mi abuela Juana en Mar del Plata. Después, con mis papás ya en Buenos Aires, en un edificio de la calle Medrano. Recuerdo que para ver los partidos siempre íbamos al departamento de una vecina, Mariana, porque ella tenía televisor a color”, sonríe.

Mónica Ayos en México (Instagram)

Mónica Ayos en México (Instagram)

-¿Cómo recordás la mudanza definitiva al Distrito Federal?

-México llegó como un desafío interesante a nivel proyección laboral para Diego, una oportunidad alucinante de ir por más traspasando lo planeado en nuestras metas, y casi sin querer modificando nuestro punto cardinal para afianzar el proyecto de familia y de profesión que veníamos construyendo. Nunca dudamos que él debía hacerlo, y nunca fue una opción dejarlo pasar, lo que no sabíamos era cómo atravesarlo sin perdernos en el intento. Una mañana del 2011 despertamos todos bajo el mismo cielo.

-¿Y cómo fue la adaptación los primeros años?

-Al principio viajó solo él, “convivíamos” a distancia. No estaba en la lista de deseos de nadie, pero supimos ir aprendiendo a domar las inseguridades y compartir. Festejábamos esos logros ganados a pulmón, a mí me pasaba todo eso hermoso en mi carrera en Argentina y a él todo aquello imponente en Mexico, a nueve horas de avión y sin poder incluir de manera más real el crecimiento de nuestros hijos. Para una personalidad como la mía no era una opción viable el término “acompañar”. Una mañana desperté con la certeza que todavía me daba la nafta para animarme a esta locura. Los chicos tenían 18 y 6 y se adaptaron enseguida. Yo no.

Mónica Ayos de niña, junto a sus padres.

Mónica Ayos de niña, junto a sus padres.

-¿De qué manera lo atravesaste?

-Yo fui la más “melanco”, pero nunca dejé que la nostalgia me apague el humor, porque saber encontrar razones para reír genuinamente es lo que me salvó la vida desde muy chica. Tampoco sabía hasta dónde yo confiaba en tener las ganas suficientes de reinventarme, de nuevos lugares de conquistas, y a su vez no sentir que iba desdibujándome en la búsqueda. Sigo redescubriéndome en todas las que fui, y me asombra verme como un dínamo, siempre avanzando sin parar.

Mónica Ayos y Diego Olivera y su día a día en México (Instagram)

Mónica Ayos y Diego Olivera y su día a día en México (Instagram)

-¿Cómo es esa vida ahora, unos meses en México y otros en los Estados Unidos?

-En rasgos generales somos bastante caseros. Si hay que quedarse por un par de meses a filmar o grabar en México, lo hacemos. Somos agradecidos de tener la suerte de poder armar una logística que a nosotros nos funciona en dos lugares que quedan cerca (a dos horas y media de avión). Ahora Diego empieza nueva novela el 17 de enero en Televisa. Fede (29), actor, terminó el anterior proyecto y está grabando desde hace un mes nueva ficción, también en México, y Victoria (17) retoma el colegio, al que todavía cursa online porque no hay clases presenciales. En cuanto a mí, acaba de estrenarse la serie Cecilia, en Paramount+, una comedia dramática.

La mujer que debutó en el tango bailando abrazada a su papá, con la orquesta de Osvaldo Pugliese, que fue modelo en un videoclip de Pablo Ruiz, que cuerpeó un tipo de teatro estival con Jorge Corona y Nito Artaza y decidió un viraje de las plumas hasta elencos con China Zorrilla, Leticia Bredice y Sergio Renán, no intenta tapar ningún eslabón perdido de esa cadena evolutiva. “Sigo siendo una geminiana que escribe sus contradicciones en servilletas de papel esperando resolverlas al releerlas”.

Hace casi una década, en una de sus tantas vueltas al país. (Archivo Clarín)

Hace casi una década, en una de sus tantas vueltas al país. (Archivo Clarín)

-¿Volver a radicarse en la Argentina es impensado?

-Mi carrera se forjó en Argentina, allí crecí tanto en televisión, como en cine y teatro. Después vino un salto cuántico que no esperaba, sin descuidar jamás mi nexo. Justamente viajé a Buenos Aires para grabar la serie de Netflix Puerta 7 y nunca dejo de evaluar propuestas. Volver siempre está en mis planes.

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