Norma Binaghi: la maestra que primero fue bailarina



Desde este lunes 24 de agosto dos circunstancias se unen al nombre de Norma Binaghi, la gran bailarina y maestra argentina. Por un lado, podrá encontrarse online la obra El capote, de Ana Itelman (inspirada en el famoso cuento de Nikolai Gógol), estrenada en 1985 y de la que Norma Binaghi fue la inolvidable protagonista junto con el Ballet del San Martín. Por el otro, el mismo sitio del Gobierno de la Ciudad, el Taller de Danza del San Martín que ella dirige desde hace 31 años, sube una muestra de trabajos que esta escuela de perfeccionamiento para bailarines desarrolló en los últimos meses, particularmente de las actividades creativas que forman parte de la formación.

Vamos entonces por orden y es Norma Binaghi la que habla: “A principios de marzo recién comenzábamos la actividad del Taller y cuando dos semanas después se interrumpió, la pregunta que nos hicimos con los asistentes y maestros fue de qué manera continuar. En principio rearmé la currícula de clases a partir de las posibilidades que teníamos. Clases a distancia ya existían en muchas universidades pero de danza, nunca.

-¿Cuáles fueron las dificultades más grandes?

-Una barra para la clase de ballet, los alumnos pueden encontrarla en su casa: un mueble, una silla. Pero para los ejercicios fuera de la barra -en el centro del salón o atravesando la línea diagonal- es imposible. Y para técnicas contemporáneas como el contact-improvisation o el flying low, que son todo espacio o todo piso, resulta dificilísimo. De saltar, ni hablar, porque si hay pisos duros o inadecuados en las casas, pueden lastimarse. En fin, fue todo prueba y error respecto de qué contenidos se les iban a pasar. En las materias creativas también fue necesario adaptarse enviándoles, por ejemplo, textos para que leyeran. La idea principal fue que no se sintieran solos o abandonados. Entre otras cosas, imaginate la desilusión de los alumnos de tercer año, que este año iban a hacer funciones, como desde hace tiempo organizo con este último ciclo de la formación, en centros cultuales y en el Hall del San Martín.

“El capote”, la obra se estrenó en 1985 y Norma Binaghi interpretó a un varón.

-¿Qué materias se cursan en el Taller de Danza a lo largo de los tres años?

-Depende de cada año: técnica clásica durante todo el ciclo; y luego se alternan técnicas contemporáneas, como Graham, Cunningham y técnicas mixtas; música y movimiento, composición coreográfica, investigación del movimiento, anatomía vivencial, jazz, “contact-improvisation” y flying low, que son las técnicas más nuevas; y el último año se suma la elaboración de las llamadas “tesis”, en las que los alumnos elaboran piezas coreográficas guiados por maestros. Este año se sumó Gustavo Lesgart a una tarea que ya venía haciendo Fabiana Capriotti y habrá obras individuales pero también grupales a través de la edición. Justamente, en este cuatrimestre les agregué un curso de video de Lucas Minhondo, para que ellos puedan manejar recursos de filmación y Aníbal Zorrilla y Maximiliano Wille van a dictar otro curso sobre un programa para procesar música y sonido en tiempo real.

-Yendo ahora a El capote, en una entrevista Ana Itelman decía: “no se trataba de que Norma Binaghi se transformara en un hombre, sino que fuera una mujer que hace de hombre”.

-Fue así, exactamente, el modo en que yo trabajé para crear ese personaje tan solitario y patético que es Akaki Akakievich. En principio me sorprendí cuando Ana Itelman me eligió; yo ya había interpretado la Blanche Dubois de su obra Las casas de Colomba (nota: basada en “Un tranvía llamado Deseo” de Tennessee Williams), pero era algo muy distinto. Con El capote comenzamos por leer el cuento y luego improvisamos sobre los personajes; es decir, los bailarines buscamos mucho a través de la improvisación, pero la obra estaba muy estructurada coreográficamente y en la puesta en escena. Por otro lado, ella quería trabajar con los bailarines más maduros o con más experiencia de la compañía. Cuando Ana me eligió, me sorprendí, porque creo que ella me veía más como una bailarina neoclásica y yo por mi lado, no imaginaba cómo hacer el personaje de Akaki. Recuerdo que le dije a Mauricio Wainrot, que en aquella época dirigía la compañía: “Mauricio, voy a decirle a Ana que no puedo hacerlo”. Y él me mandó a pasear: “¿Cómo vas a dejar pasar esto? Trabajá, probá como resolverlo”. Entonces me puse a observar hombrecitos por todas partes, en la calle, en el colectivo; empecé a encorvar la espalda, redondear la cintura, entrecerrar los ojos, porque Akaki es miope. Y un día le dije a Ana que iba a cortarme el pelo muy cortito; sentía que no podía hacer de un varón usando el pelo atado. Creo que ella se conmovió mucho porque veía que yo estaba muy comprometida con la obra, como lo estábamos todos en la compañía.

Norma Binaghi dudó mucho sobre hacer de varón en “El capote”, pero el resultado fue exitoso.

-Volvamos por un momento al Taller de Danza; después de 31 años en la dirección, ¿es un trabajo que continúa entusiasmándote?

-¡Sí! Para mí es como si hubiera empezado ayer. El Taller se creó para proveer intérpretes al Ballet del San Martín pero desde hace tiempo que la compañía está muy lejos de poder absorber a todos. Nunca me sentí dueña de ese lugar pero siempre estoy pensando cómo mejorar la formación de los bailarines y en los bailarines del futuro.

Tanto El capote como la muestra del Taller de Danza pueden encontrarse en www.complejoteatral.gob.ar y en www.buenosaires.gob.ar/cultura en casa.

Norma Binaghi, bailarina y maesta.

WD

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