Netflix va a ganar el Oscar, ¿o no?



Por qué la industria del streaming está creciendo, y lo seguirá haciendo a pasos agigantados, tiene su lógica. No solamente ahorra dinero y tiempo al eventual espectador -no hace falta ir al videoclub, por decir un viejazo- para acceder a una enorme cantidad de títulos, de películas y de series.

No hablamos de la enorme diferencia que existe entre ver y disfrutar (¿sentir?) una película en el ámbito de una sala cinematográfica, por tamaño de la pantalla, calidad de la imagen y sonido, y el hecho de compartir la experiencia. En eso pensamos como Steven Spielberg, Christopher Nolan, Martin Scorsese. Las películas hay que verlas en el cine.

La primera vez, por lo menos, podríamos agregar.

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Todo a cuento del éxito que están teniendo dos producciones originales de Netflix en su plataforma -dejemos de lado Escuadrón 6, con Ryan Reynolds, que acaban de subir a la plataforma y seguramente será mucho más vista-. Dos títulos que seguramente estarán en la pelea por el Oscar a la mejor película de 2019, y que ya están en la disputa con las candidaturas en plena temporada de premios, antes de que llegue el 9 de febrero –la entrega del premio de la Academia de Hollywood-.

Todo es historia. Spielberg, ya por marzo, planeaba que hubiera un cambio en las reglas que rigen a la Academia de Hollywood en cuanto a qué películas podrían y cuáles no ser elegibles al Oscar. Según el parecer del director de La lista de Schindler y E.T., el extraterrestre, aquellas producciones que fueran lanzadas directamente por el servicio de streaming y no en salas comerciales, deberían quedar afuera.

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Fue tan grande la controversia que se despertó, que en los Estados Unidos hasta intervino el Departamento de Justicia.

¿Conclusión? Prohibir a esas películas aspirar al Oscar violaría las leyes antimonopolio.

Netflix, ¿por las dudas? estrena en los Estados Unidos sus producciones, al menos las que quieren que alcancen alguna nominación al Oscar. Sigue las reglas como cualquiera: estrena al menos una semana en Los Angeles o Nueva York, y eso las habilita a poder ser candidateadas en los rubros.

No se trata de una lucha entre un pequeño y un gigante, entre David y Goliat. Pero Netflix se defendió en su momento mediante un tweet (¡!) en el que, sin nombrar a Spielberg, recordaba que gracias a su servicio muchas películas llegan a personas que viven en lugares inhóspitos, o donde no hay salas de cine, y -de paso- que le ha brindado a los cineastas la posibilidad de “compartir” su arte.

Esto último es verificable ahora mismo, con El irlandés e Historia de un matrimonio como los dos grandes éxitos en la plataforma de Netflix, de las que habla todo el mundo. Porque son realmente muy buenas, porque tienen grandes actuaciones, porque salvo la primera, que puede verse en algunas salas de la Argentina, no hay otra manera de verlas que en la plataforma de streaming. Y porque Netflix puso el dinero necesario para que se realizaran.

Scorsese desde 2007 quería rodar su épica con Robert De Niro, como nos contó el argentino Pablo Helman, el supervisor de efectos visuales de El irlandés. Netflix ya había financiado la obra anterior de Nooah Baumbach -pronúnciese “Bombak”- The Meyerowitz Stories (New and Selected), que hasta compitió en el Festival de Cannes por la Palma de Oro.

Historia de un matrimonio lo hizo en el de Venecia, ya que en Cannes se cerró las puertas a las producciones de Netflix, por aquello de la “ventana”: si un filme se estrena en salas en Francia, debe esperar dos años para poder verse por streaming. Y ése no es el negocio de Netflix.

A la pregunta de qué puede pasar si el domingo 9 de febrero el Oscar lo gana El irlandés o Historia de un matrimonio, algo por demás factible, hay muchas respuestas posibles. Si los estudio de Hollywood veían a Netflix como el fantasma que les arruinaba su(s) negocio(s), la estatuilla puede marcar un quiebre.

Y nadie está preparado para que la industria del cine tenga un cimbronazo allí, en el Oeste de los Estados Unidos, donde se espera de un momento a otro que haya un terremoto. Pero de otro tipo, y que se mide en otra escala, la de Richter. Lo que pueda pasar en Hollywood, es impredecible.

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