Netflix: Mandy, o el terror de inspiración lovecraftiana en su mejor forma



Mandy: terror de inspiración lovecraftiana en su mejor forma

Mandy (Estados Unidos, 2028). Dirección: Panos Cosmatos. Guion: Panos Cosmatos, Aaron Stewart-Ahn, Casper Kelly. Fotografía: Benjamin Loeb. Montaje: Brett W. Bachman, Paul Painter. Elenco: Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Ned Dennehy, Olwen Fouéré, Richard Brake. Duración: 121 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: muy buena.

Llevar al cine el universo creado por H. P. Lovecraft ha sido uno de los desafíos más frustrantes para amantes de su literatura y devotos cinéfilos. Si bien ejercicios paródicos como el de Stuart Gordon en Re-Animator u homenajes como el de John Carpenter en En la boca del miedo han dado muy buenos resultados, hay algo de la creación literaria de Lovecraft que se escapa irremediablemente. De hecho, la reciente Lovecraft Country ha intentado aunar aquella tradición del horror cósmico con imaginarios pop, con retazos de la ciencia ficción de los 50, la literatura pulp y la agenda de temas raciales sin poder trascender la aspiración de un híbrido. En ese panorama, el tardío estreno de una película salvaje e inclasificable como Mandy permite vislumbrar un arriesgado ejercicio de apropiación que piensa a Lovecraft desde sus profundas influencias en el horror contemporáneo, sin la solemnidad ni el beneplácito habituales sino con un goce que no puede ser más que bienvenido.

Trailer de la película Mandy – Fuente: YouTube

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Mandy (excelente Andrea Riseborough) lee novelas clase B en su pequeña casa del bosque. Allí, inmersa en un mundo plástico de colores y formas analógicas de los 80, vive con intensidad inusual ese territorio interior. La repentina aparición de una secta extravagante, una especie de cruza entre el Clan Manson y la estética de Judas Priest, arrebata a Mandy de su ensoñación y desata el festín de sangre que vendrá a continuación. La pieza clave de ese crescendo de furia y gore que absorbe al relato hasta en sus más recónditos resquicios es el leñador que interpreta Nicolas Cage, novio de Mandy y su más devoto vengador.

El director Panos Cosmatos amalgama con notable habilidad todos los elementos que nutren su imaginario: el horror cósmico de criaturas nocturnas convertidas en espectros en motocicleta, la composición estética de las discografías del heavy metal como King Crimson y Black Sabbath, el itinerario de venganza propio del exploitation de los 70, el gore más visceral cruzado con un humor de ribetes esperpénticos.

Nada queda en pie, nada se afirma en límites y medias tintas, Cosmatos juega a fondo su ambición de encontrar las formas plásticas del universo lovecraftiano, con esos colores púrpuras y psicodélicos que podían imaginarse en el cuento “El color que cayó del cielo”, con esas criaturas solo nacidas de un temor primitivo e indecible, con el anhelo de llevar al espectador a una experiencia única e inolvidable.

Aún en sus excesivos manierismos y esa vocación de contenerlo todo, Mandy es una experiencia poco habitual en el terror contemporáneo, con arriesgados cambios de tono, con la evidente autoconciencia de Cage de su condición de culto esquiva a cualquier consagración, con un relato menos dependiente de la firmeza dramática que de la exploración sensorial. Una experiencia que el propio Lovecraft hubiera celebrado.

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