Netflix: La bestia es un raid febril de rescate y redención que cae en el lugar común



Netflix: La bestia es un raid febril de rescate y redención que cae en el lugar común

La bestia (La belva, Italia, 2020). Dirección: Ludovico Di Martino. Guion: Ludovico Di Martino, Claudia De Angelis, Andrea Paris, Nicola Ravera. Fotografía: Luca Esposito. Montaje: Francesco Loffredo. Elenco: Fabrizio Gifuni, Lino Musella, Monica Piseddu, Andrea Pennacchi, Emmanuele Linfatti, Giada Gagliardi. Duración: 97 minutos. Disponible: Netflix. Nuestra opinión: regular.

La bestia sigue una fórmula casi al pie de la letra, sin siquiera apartarse de ella para agregarle algo de color local. Leonida Riva (Fabrizio Gifuni) -“La bestia” del título- es un excombatiente de las fuerzas especiales del ejército italiano que padece un severo síndrome post traumático. Insomne y reacio a la terapia, lo sobrelleva con la ayuda de la soledad y los psicofármacos. Lo único que le importa a Leonida es su familia: una esposa que lo mira con cierta condescendencia, un hijo adolescente que lo ignora y una hija pequeña que se alegra de sus visitas esporádicas. Es ella, la pequeña Teresa, quien una noche es secuestrada e impulsa a Leonida a emprender un raid febril de rescate y redención.

Todo lo que ya se ha visto en la saga Rambo, en historias de secuestro y venganza como Rescate (1996) de Ron Howard, y en la más reciente factoría nacida de Búsqueda implacable con Liam Neeson está aquí copiado y deglutido. La fortaleza de un antihéroe que supera sus fantasmas y persigue hasta el agotamiento a un desfile de maleantes que combinan drogas, tiros y trata de personas. La película podría haber trascendido ese ideario prestado, o por lo menos llevarlo a cabo con solvencia y destreza. Pero Ludovico Di Martino, quien dirigió algunos cortos y varios episodios de la versión italiana de la serie SKAM, se limita a coreografiar algunas peleas, a volar autos en las persecuciones, a usar un repetitivo ralenti para dilatar el suspenso, y a aplanar la puesta en escena para hacerla lo más cercana posible a un juego interactivo.

Las historias de vengadores desplazados, de outsiders que luchan contra un sistema corrupto e impenetrable tuvieron siempre su atractivo en la desigualdad de la fuerza, en la tensión entre el guerrero individual y el entramado social. Di Martino intenta apropiarse de algo de todo aquello, pero sus intenciones se desdibujan en un recorrido que no solo suma uno a uno todos los clichés posibles, sino que los expone con torpeza y desinterés. Los flashbacks que ilustran los traumas del pasado muestran terroristas casi de juguete, el conflicto que ha desgarrado a la familia se presenta de manera superficial y sin matices, y tanto policías como criminales son apenas bosquejos de un trasfondo narrativo que nunca adquiere relevancia.

Lo que le queda a la película -que es en algún punto lo que la sostiene- es la fuerza de Fabrizio Giufini, quien ofrece a “La bestia” una figura muda e implacable, sin demasiada complejidad pero dotada de un evidente magnetismo. Su vengador es realmente una presencia puramente cinematográfica, que consigue arrastrar consigo la aventura, aún en sus caminos más impensados.

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