Nacho Duato: uno de los mejores coreógrafos españoles, y sus definiciones



A fines de 2009, la Compañía Nacional de Danza de España (CND) llegó a Buenos Aires, más concretamente al Teatro San Martín, con dos programas extraordinarios, compuestos en su totalidad por obras de su director Nacho Duato. Aunque la CND había sido creada inicialmente en 1979, fue exclusivamente gracias a Duato y a sus dos décadas de dirección -entre 1990 y 2010- que se transformó en una de las mejores y más admiradas compañías de danza contemporánea del mundo.

Seis meses después de su visita a Buenos Aires, sin embargo, el Ministerio de Cultura de España canceló el contrato de Nacho Duato por motivos nunca del todo aclarados: ¿irritaba al Ministerio que la compañía estuviese más asociada al nombre del director que al propio organismo oficial?, ¿quería que su repertorio se inclinara más hacia una línea clásica o neoclásica?, ¿era una animosidad personal? No se sabe con certeza, pero sí que el indignado Duato se llevó con él todas sus obras: “En realidad fue el Ministerio de Cultura el que no quiso comprármelas y lo entiendo -había declarado-. Pero durante veinte años mis piezas habían formado el repertorio de la compañía sin que yo cobrara un peso por derechos de autor”.

En 2018 el director de la Compañía Nacional de Danza, José Martínez, lo invitó a que regresara para reponer la bellísima Por vos muero (en 2016 fue estrenada por el Ballet del Colón). “Estoy contento de volver a España, pero no he logrado perdonar”, dijo en aquel momento. Ahora está reponiendo una segunda obra con la CND: su White Darkness, inspirada en el mundo de las drogas. “No tiene un mensaje, -había dicho en Buenos Aires, donde también se la vio-. No estoy en contra de que la gente use drogas. Simplemente hablo de los que se pierden y se destruyen por la droga”.

En una extensa entrevista publicada en Vanity Fair en estos días, Nacho Duato se remonta a su adolescencia, cuando comienza a tomar clases de ballet. Cuenta que su padre, gobernador de Alicante durante el franquismo, repudiaba sus inclinaciones y el muchachito tenía que esconder la ropa de danza. Por su parte, su abuelo materno Juan José Barcia, pionero de la neurocirugía en España, lo aceptó enteramente: “Nunca me hizo sentir diferente o afeminado, que nunca lo he sido, ni tampoco me dijo: ‘¡habla como un hombre!’. Siendo de derecha, jamás me preguntó, cuando yo iba a casa con mi novio sueco o con Miguel Bosé: ‘¿pero y este chico?’. Mi padre me dejaba en evidencia, mis tíos se mofaban de mí. Mi abuelo, jamás”.

Su sufrimiento radicó siempre en otra manera de ser diferente. A pesar de ser inteligente, buen mozo y atractivo, es un tipo solitario: “He viajado, aprendido idiomas, leído mucho. Fui coreógrafo de la Nederlands Danse Theater (nota: la compañía del genial Jiri Kylian, en la que Duato fue bailarín y luego coreógrafo residente) cuando tenía 26 años, algo que nunca había ocurrido. En los nueve años que pasé en Holanda fui una sola vez a la discoteca y otra al cine. A los 45 años fumé mi primer cigarrillo de marihuana. He estado muy solo siempre. Tener éxito te aísla”.

Nacho Duato, en su visita de 2009 a Buenos Aires. Foto: Marcelo Carroll

Actualmente Nacho Duato vive entre Valencia (allí nació en 1957) y Madrid; pero también pasa cuatro meses al año en San Petersburgo, donde dirige el Ballet del Teatro Mijáilovski. Desde que dejó la CND dirigió también el Ballet de la Ópera de Berlín, aunque el frío de estas dos ciudades y la frialdad –dice abiertamente- de rusos y alemanes le resultan muy difíciles de resistir. Viaja permanentemente, montando sus obras en grandes compañías del mundo entero, pero ha rechazado ofertas del Cirque du Soleil, de Broadway y de Disney.

De la entrevista hecha en un hotel porteño, un diciembre caluroso de 2009, pueden citarse algunas frases:

Sobre la elección de músicas para sus obras: “Es mejor no tocar ciertas músicas. Hay coreógrafos que se dedican a destrozar el réquiem de Mozart o el de Verdi o una cantata maravillosa de Bach: van y hacen tan frescos y contentos un ballet. Es música para escuchar y nada más; no hay que poner las sucias manos humanas en algo tan maravilloso.

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Sobre la religión: “¿Religioso? No, pero creo que la danza me lleva a algo más elevado. No digo que mi religión sea la danza ni mucho menos; podría decir que soy espiritual”.

Sobre las fuentes que inspiran sus obras: “No puedo hacer un ballet si no sé de dónde sale. No he sido premeditadamente coreógrafo, pero creo que si hago coreografías es porque necesito compartir con la gente a través de la danza lo que pienso del mundo y de los hombres”.

¿Su obra preferida?: “Las obras son como los amantes, se prefiere siempre al último”.

WD

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