Nacha Guevara llega a los 80 años: el éxito, la vanguardia, el exilio, el compromiso y una eterna vigencia



“No quiero vivir mucho, quiero vivir bien e irme cuando sea correcto”. La declaración de Nacha Guevara, hace pocos días, coincide con el festejo, este sábado 3 de octubre, de sus 80 años. Y lo hace en esa sintonía del “vivir bien” que predica desde hace décadas.

Clotilde Acosta nació en Mar del Plata el 3 de octubre de 1940, pero se hizo famosa como Nacha Guevara, en la Argentina y en el mundo. Su nombre, Nacha, a secas, se convirtió en sinónimo de exigencia y calidad artísticas.

Este 2020 atravesado por la pandemia la encuentra ocupando un rol en el jurado del Cantando 2020 (El Trece), y los participantes no pueden evitar expresarle su admiración -casi veneración- a esta artista que atravesó todos los géneros con similar excelencia.

Tampoco faltan la polémica y las críticas, mezcladas en las aguas de este reality donde hay figuras que trabajaron con ella alguna vez y otros que ni siquiera habían nacido cuando Nacha ya era un nombre de peso en el mundo del espectáculo. Pero a todo eso ella está más que habituada.

Actriz, cantante, bailarina, directora, iluminadora. Teatro, discos, cine, televisión… El under y la calle Corrientes. El éxito y el exilio. La vida y obra de Nacha tienen material para una o más novelas o películas.

Además de trayectoria (esa palabra que le cabe a unos pocos y Nacha es una de ellas), Guevara tuvo una presencia importante como militante y portavoz de muchas causas, desde políticas hasta de vida saludable.

Nacha Guevara cumple 80, una vida dedicada al espectáculo (Foto Archivo Clarín/Silvana Boemo).

Sus primeros pasos los dio en el Teatro Colón, donde estudió danza antes de desembarcar como actriz en el teatro independiente. Y un hito ineludible fue su paso por el mítico Instituto Di Tella, en la década del ’60.

Allí brilló con puestas de vanguardia y experimentación como Anastasia querida, un espectáculo influenciado por la canción francesa como respuesta a la censura del gobierno militar de entonces.

Siempre marcando tendencia, Nacha fue de las primeras mujeres en hacer humor político desde un teatro. Plantada desde el escenario del Maipo, la audacia de entonces le trajo repercusión y, también, amenazas y censura.

Su manifiesta postura frente a las dictaduras que padeció la Argentina la llevaron a sufrir el exilio dos veces. Primero en Perú y México y luego de un breve regreso a la Argentina, donde siguieron las intimidaciones (incluida una bomba en un teatro), el más largo, en España.

Pero, resiliente, Nacha supo aprovechar esa circunstancia adversa y hacerse de un nombre también en la península ibérica, donde es reconocida por lo mismo: su talento y su sello inconfundible de artista multifacética. 

Nacha transitó escenarios no sólo de la Argentina y España sino también de gran parte de América Latina y además, los de Broadway, donde llegó a trabajar en proyectos con los productores más importantes de Nueva York, como Harold Prince.

Alberto Favero, Nacha Guevara y Mario Benedetti; una sociedad creativa de música, voz y poesía que dio grandes frutos artísticos. /Foto Gentileza Fundación Mario Benedetti y Nacha Guevara.

En su ecléctica e inclasificable carrera, Nacha cantó versos del poeta uruguayo Mario Benedetti y también fusionó el rock con el tango; e interpretó personajes icónicos de la cultura argentina como Eva Perón y Tita Merello.

Pero además fue capaz de ponerse en la piel de otras mujeres más complejas y oscuras como en el de la asesina en serie Yiya Murano. De todas las experiencias salió invicta.

Algunas canciones tienen en su voz, una versión aparentemente definitiva, marcada por la impronta de su personalidad, como Mi ciudad, creada junto a Alberto Favero, o No llores por mí Argentina, el clásico del musical Evita del inglés Andrew Lloyd Weber.  

De sus tres matrimonios con Anteo Del Mastro, Norman Briski y Alberto Favero, Nacha tuvo tres hijos, uno con cada uno: Ariel, Gastón y Juan Pablo que acompañaron a su madre en su derrotero por varios países durante el exilio y también heredaron su pasión por el arte en distintos rubros.

La actriz y cantante tuvo, en 2009, un intento de participar en la política cuando fue electa como diputada por el Frente de la Victoria. Sin embargo, prefirió renunciar antes de asumir y admitió que lo hizo porque sintió que iba a sentirse restringida en su libertad de pensamiento.

Nacha Guevara. La artista en escena en su espectáculo “Qué me van a hablar de amor”, hace casi 20 años. (Foto Archivo Clarin Axel Alexander).

Una de las aristas más interesantes de Nacha Guevara es que, además de ser una artista integral, desde hace décadas promueve el bienestar, la vida saludable y la espiritualidad.

“Soy de vanguardia con el vegetarianismo. Soy vegetariana senior porque lo practico hace 50 años”, declaró hace unos días. Lo mismo con la ecología, el yoga y la meditación.

Activa en las redes sociales, desde su cuenta de Instagram (@nachaguevaraoficialok), la artista postea sobre todos estos temas y ahora prepara, a pedido de sus 318 mil seguidores, un especial sobre belleza.

Nacha Guevara. La actriz en su interpretación de Eva Perón en “Evita” (Foto Martín Bonetto).

En las últimas semanas, hubo algunas especulaciones sobre su salud, debido a algunos temblores que manifestó la actriz. Tomando el toro por las astas, Nacha salió a explicar y a despejar dudas.

“Cuando hago esto (mover levemente la cabeza) es consciente, es voluntario, porque si no, me pasaría siempre y no podría dejar de hacerlo. En general, me ocurre cuando estoy por decidir algo, cuando no sé qué hacer. Por ejemplo, antes de hacer un video que no tengo todavía muy claro adónde quiero ir o quiero ser concisa, completa, decirlo todo, y tengo tiempo limitado, me ocurre”, contó.

Y agregó: “Cuando estoy en el Cantando, me ocurre que miro ciertas cosas, algunas tan feas, y trato de descifrar cómo puedo encararlo, cómo hablarle al otro sin ofenderlo ni descalificarlo. Es como cuando tengo un pequeño dilema que me pasa eso. Pero no se preocupen, si tuviera una enfermedad, la verdad es que no sé qué haría. Yo decidiría en el momento qué hacer con eso, porque eso le pertenece a cada uno”.

Contundente, polémica, frontal, a Nacha le suelen reprochar su crudeza y hasta cierta crueldad para evaluar el trabajo de otros artistas, en nombre de la excelencia. Y así como suma la admiración de muchos, tampoco le faltan detractores.

Pero más allá de opiniones y gustos personales, a esta altura de la historia, Nacha tiene un lugar ganado a fuerza de trabajo y un talento que es indiscutible. Parada en sus espléndidos 80 años, la artista bien podría decir: “¿Quién me quita lo vivido?”

E.S.

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