Murió Olympia Dukakis, la gran actriz que ganó el Oscar por Hechizo de luna


El 11 de abril de 1988 por primera vez se habló en el mundo entero de Olympia Dukakis. Ya era una actriz consagrada y de enorme prestigio en Estados Unidos, con una carrera muy destacada en el teatro y sostenido reconocimiento en el cine a través de su confiable aporte en papeles secundarios siempre decisivos. Pero esa noche, gracias al Oscar, Dukakis alcanzó la cima del estrellato. Había ganado el premio a la mejor actriz de reparto gracias a su inolvidable aparición en Hechizo de luna (Moonstruck). De la mano de esa mujer italiana de Brooklyn, madre en la ficción de Cher, Dukakis logró superar en atención y aplausos a las grandes figuras de esa película, la propia cantante-actriz y Nicolas Cage.

Olympia Dukakis falleció este sábado en Nueva York a los 89 años, después de sobrellevar durante mucho tiempo problemas de salud que no fueron especificados por su hermano Apollo, encargado de anunciar la noticia a través de Facebook. Pocos meses después de haber tocado el cielo con el Oscar, en noviembre de aquel mismo 1988, muchísimos se preguntaban fuera de Estados Unidos si el Dukakis que buscaba llegar a la Casa Blanca como candidato a presidente por el Partido Demócrata tenía algo que ver con la famosa actriz. No tardamos en saber que Olympia y Michael Dukakis eran primos. La actriz terminó ese mágico año como la única ganadora de la familia. Michael perdió finalmente por amplio margen frente al republicano George Bush (padre), que llegaba a la elección después de dos mandatos como vicepresidente de Ronald Reagan.

Olympia Dukakis en Hechizo de luna, el papel que le dio un Oscar en 1988 Captura

Con el tiempo, la única Dukakis famosa terminó siendo la actriz. No solo por esa aparición colosal en Hechizo de luna, que le permitió ganar en 1988 su único Oscar en una competencia por el premio a la mejor actriz de reparto que tenía entre las nominadas a Norma Aleandro por la película Gaby: la verdadera historia. Recordaremos también a Dukakis por otros papeles en el cine que dejaron huella, como la viuda acaudalada de Flores de acero (1989), la encargada de personal de Secretaria ejecutiva (1988) y la directora de escuela en Querido maestro (1995).

Dukakis nació y creció en Massachussetts, el Estado que llegó a tener dos veces como gobernador a su primo Michael. Era hija de un inmigrante griego que había creado un teatro para que se representaran allí las tragedias clásicas originadas en esa tierra. Sus compañeros de la Universidad de Boston le auguraban un gran futuro en el ámbito deportivo (llegó a ser allí campeona de esgrima) mientras ella comenzaba a buscar un futuro laboral como fisioterapeuta. Pero en ese mismo espacio universitario empezó a tomar clases de teatro para adultos y allí encontró la vocación definitiva. En sus primeras dos obras le tocó interpretar a una sexagenaria y a una mujer que acababa de cumplir 100 años. Recordaría más tarde haber sufrido ataques de pánico en esas tempranas experiencias.

Como suele ocurrir con los grandes actores que triunfan en el cine, Dukakis nunca olvidó sus orígenes teatrales. Hasta el final mantuvo su presencia al frente de grandes obras de la escena universal (en muchos casos destacados unipersonales) y participó en la fundación de dos compañías regionales en Boston y Nueva Jersey. La última de ellas fue el fruto de un trabajo creativo conjunto entre Dukakis y su esposo Louis Zorich, fallecido en 2018. Estuvieron casados 55 años. Más tarde fue maestra de actores en las universidades de Yale y de Nueva York, la ciudad que la vio dar sus primeros pasos como actriz en la década de 1960, moviéndose con la misma soltura en el On y en el Off Broadway.

Dukakis como Anna Madrigal en Historias de San FranciscoArchivo

Llegó al cine en 1964, con un breve papel en Lilith, y mantuvo su bajo perfil a lo largo de las dos décadas siguientes con algún que otro papel llamativo, como la madre de Dustin Hoffman (pese a que le llevaba pocos años de diferencia) en John y Mary. Hasta que llegó Rose Castorini, la gran mujer que personificó en Hechizo de luna, para transformar de un día para el otro a Dukakis de ilustre desconocida a estrella ganadora del Oscar.

Desde ese momento no paró de recibir ofrecimientos para llevar adelante papeles que le dieron todavía más lucimiento y, de paso, le permitieron enfrentar el futuro de una manera mucho menos estrecha. “Mi hija iba a la universidad con deudas permanentes en nuestra tarjeta de crédito. Hasta que llegó Hechizo de luna”, recordaría años más tarde. Dukakis era una actriz que siempre se caracterizó por su energía, que asociaba con la impronta del origen mediterráneo, y por una expresividad desbordante.

Con sus rostro de rasgos bien marcados y su clásico cabello platinado, Dukakis solía ser convocada para encarnar figuras femeninas maduros (por lo general ancianas) llenas de autoridad, inquietudes o detalles muy llamativos. Entre estas últimas se destaca el de Cloudburst (2011), en donde encarna junto a Brenda Fricker a una pareja de lesbianas que decide viajar a Canadá para casarse. De hecho fue un papel teatral de octogenaria en una comedia de Mike Nichols lo que convenció al director Norman Jewison para sumarla al elenco de Hechizo de luna.

Junto a Laura Linney en Historias de San FranciscoArchivo

Dukakis tuvo otras apariciones destacadas. Woody Allen la eligió para sumarse al elenco (y al coro griego) de Poderosa Afrodita, en la que mezcla sus clásicas obsesiones con temas propios de las tragedias clásicas. Fue la madre de Kristie Alley en la exitosa serie de comedias Mirá quién habla. Y protagonizó un delirante y enardecido romance con otro descendiente de inmigrantes griegos, Zach Galifianakis, en la comedia televisiva Bored to Death, convertida con el tiempo en serie de culto.

El último gran personaje entregado por Dukakis tiene su historia. Es Anna Madrigal, la mujer trans siempre dispuesta a abrir la puerta de su casa y de su corazón que interpretó por primera vez en 199 en Tales of the City (con una nominación al Emmy como mejor actriz) y al que regresó en 2019 con Historias de San Francisco, disponible en Netflix.

Apenas conocida la noticia del fallecimiento de Dukakis, Cher recordó a su compañera de trabajo en Hechizo de luna desde Twitter. “Si bien su personaje fue el de una esposa sufriente, nos divertimos todo el tiempo”, escribió. Tal vez la gran virtud de Dukakis en un escenario o desde una pantalla fue esa: extraer toda la fortaleza posible de grandes mujeres enfrentadas al dolor en el ocaso de sus vidas. Con su inmenso temple de actriz, Dukakis supo concederles a todas ellas un tiempo más de intensa vitalidad.

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