Murió Jymie Merritt, uno de los grandes contrabajistas del jazz



Uno de los grandes contrabajistas de la era moderna del jazz, Jymie Merritt, murió el viernes 10 en Filadelfia, a los 93 años, a causa de un cáncer de hígado, según anunció su hijo, también bajista, Mike Merritt.

Músico de un enorme talento, entre 1958 y 1962 Merritt fue piedra angular de los Jazz Messengers, grupo conducido por el baterista Art Blakey. Participó de las grabaciones de discos como Moanin (1958), At The Jazz Corner Of The World (1959), A Night in Tunisia (1960) y los trabajos de estudio Mosaic (1961) y Buhaina Delight (1963).

También fue el gran interlocutor del espléndido trompetista Lee Morgan en su disco de regreso a la escena, Live At The Lighthouse (1970), grabado en el legendario Lighthouse Café, en Hermosa Beach, California.

Jymie Merritt, uno de los mejores contrabajistas de la historia del jazz.

El 7 de agosto próximo, el sello Blue Note lanzará un disco con material inédito de los Jazz Messengers, donde Blakey está con Merritt en el contrabajo, Lee Morgan en trompeta, Hank Mobley en el saxo tenor y Bobby Timmons en el piano: una de las mejores formaciones de hard bop de todos los tiempos.

De los 28 discos que grabó el contrabajista, 18 son con los Jazz Messengers. Pero Merritt también tocó con Dizzy Gillespie, Chet Baker y en el vanguardista grupo del baterista Max Roach, donde se destacó como un compositor creativo y hasta audaz con temas como Nommo y Absolution, incluidas en los discos Drum Unlimited (1966) y Members, Don’t Git Weary (1968). Por Nommo, Merritt ganó la encuesta de críticos de la prestigiosa revista Down Beat sobre la Mejor Composición de Jazz.

En 1962, en Filadelfia, Merritt fundó una de las experiencias musicales más innovadoras: The Forerunners. Fue una cooperativa musical que desarrolló a través de la exploración armónica un sistema único de composición que produjo su propio lenguaje musical. Conocido como Sistema Forerunners, está  condensado en la composición Visions Of The Ghost Dance.

Merritt nació en Filadelfia, en mayo de 1926, en un hogar musical: su madre era docente de música y pianista. Él estudió piano e inicialmente lo atrajo el clarinete, pero luego de escuchar al innovador Jimmy Blanton, contrabajista de la orquesta de Duke Ellington, se cambió a ese instrumento.

En la década del ’40, Filadelfia era una ciudad con una rica escena jazzera. John Coltrane, Jimmy Heath, McCoy Tyner y Jimmy Garrison, entre otros, crecieron allí. Sin embargo, los comienzos profesionales de Merritt fueron en bandas de rhythm & blues, como la Bullmoose Jackson.

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Ahí, hacia 1952, fue un verdadero pionero al adoptar como instrumento uno de los primeros Fender Jazz Bass (se habían empezado a vender en 1951). “Había estado teniendo problemas con mi instrumento, que no era nada del otro mundo, y Benny Golson -saxofonista tenor y un magistral compositor- me hizo escuchar a una banda de Hillbilly que tenía uno y luego vi uno en una casa de instrumentos; le dije al dueño que me interesaba pero que quería probarlo tocando en mi grupo y me lo prestó por esa noche. Lo llevé y nadie se quejó, así que lo compré”, contó Merritt en una entrevista en 2014.

Algunos años después tocó con el joven guitarrista de blues B.B. King y cerca de 1958 se mudó a Nueva York, donde comenzó a acompañar de manera estable a Art Blakey. Allí fue donde desarrolló su musicalidad como acompañante infalible y compositor.

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En 2016, Jazz Night In America le dedicó una hora a Merritt y Forerunners con un concierto en el World Café Live, en Filadelfia. Al final del concierto, casi como un monje zen, dijo: “El ritmo es muy complejo porque es la base sobre lo cual se construye todo el universo. Toda la vida tiene un patrón rítmico, y si podés encontrarlo podrás aprovechar todos los aspectos de la vida”.

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