Murió Harry Kupfer, un director de ópera esencial



Harry Kupfer, el gran director de escena alemán, murió el pasado 30 de diciembre, a los 84 años. Formado con Walter Felsenstein (1901-1975), Kupfer fue una de las principales figuras de la dirección de ópera en la República Democrática Alemana, y tras la caída del Muro de Berlín su influencia se hizo sentir en toda Alemania.

Harry Kupfer comenzó en el teatro, con la mente puesta en la ópera. “Siempre supe que quería trabajar en la ópera, pero nunca tuve voz. -contaba el director a Clarín en 2018-. Tenía que estudiar algo, pero en ese momento no había estudios específicos de dirección operística; entonces hice mis estudios de teatro, pero siempre con el norte puesto en la ópera. Empecé en una pequeña compañía de Halle, como asistente de dirección de Rusalka, la ópera de Dvorak. Hice también algunas óperas de Haendel y me fasciné. Trabajé en pequeños teatros, hasta que llegué a la Ópera de Dresden, en los ’70, y de allí a la Komische Oper de Berlín, donde permanezco hasta hoy”.

Harry Kupfer dirigió la Staatsoper de Dresde entre 1972 y 1982, y la Komische Oper de Berlín de 1981 a 2002, además de trabajar en los festivales de Bayreuth y Salzburgo. Entre sus producciones para Bayreuth destaca especialmente la producción del Anillo del nibelungo, de Richard Wagner, de 1988, con dirección musical de Daniel Barenboim.

Harry Kupfer pasó por Buenos Aires en 2018, y dejó su impronta en la puesta de “Tristán e Isolda”. (Foto: David Fernández)

No fue la única realización wagneriana que Kupfer compartió con el director de orquesta argentino. En la Staatsoper de Berlín Kupfer y Barenboim también hicieron Parsifal (1992) y Lohengrin (1996), además de la gran producción de Tristán e Isolda del año 2000, que el público argentino pudo conocer en el Teatro Colón en julio de 2018. Fue en ocasión de Festival Barenboim, cuando el director argentino vino a Buenos Aires con la Orquesta de la Staatskapelle de Berlín y la escenografía especialmente diseñada por Hans Schavernoch para la producción de la Staatsoper, además de un elenco de cantantes wagnerianos.

La puesta de “Tristán e Isolda” fue una de las realizaciones operísticas más extraordinarias que se recuerden en la historia del Colón. (Foto: Prensa Teatro Colón / Arnaldo Colombaroli)

En esa ocasión vino también Harry Kupfer, para hacerse cargo en persona de la puesta en escena, en una de las realizaciones operísticas más extraordinarias que se recuerden en la historia del Colón. Una realización voluptuosa y austera al miso tiempo, con toda la escena de la ópera reducida a un único elemento, el Ángel caído de Hans Schavernoch. “El ángel caído -explicó entonces Kupfer a Clarín- representa al mismo tiempo el amor y la muerte, que que en esta obra contiene un elemento liberador. Quise llegar a lo esencial el drama, prescindiendo de los tradicionales elementos marinos.”

E.S.

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