Murió Fernando Suárez Paz: adiós a uno de los violines esenciales del tango



Fernando Suárez Paz, uno de los grandes violines del tango, murió este sábado 12 de septiembre en Buenos Aires. Tenía 79 años y estaba internado desde hace un tiempo en el Sanatorio La Trinidad, en Pilar, por complicaciones derivadas de una larga enfermedad. El “Negro” fue parte del Quinteto Nuevo Tango del bandoneonista Astor Piazzolla durante diez años, durante los cuales grabó 18 discos y se convirtió en un genuino referente del violín en el género.

Un artista de una trayectoria importante, en la que formó parte de grandes orquestas como la de Aníbal Troilo, Mariano Mores, Horacio Salgán, Pedro Laurenz, Miguel Caló, Atilio Stampone, Leopoldo Federico, Osvaldo Berlingieri, Néstor Marconi y Raúl Garello, entre otros.

Sin apartarse de la tradición, Suárez Paz tenía una mirada innovadora tanto en su sonido como en su aproximación a la música. Fue parte, en la segunda mitad de los años sesenta, de Los 7 del Tango, dirigida por el bandoneonista y compositor Luis Stazo y en abril de 1973, participó de la fundación del histórico Sexteto Mayor, hasta que en 1978 Piazzolla lo invitó a ser parte de otro de los grandes grupos de la historia del género, su Quinteto Nuevo Tango.

A pesar de cierto escepticismo, Fernando Suarez Paz mantuvo su convicción de que el tango siempre tendría algo más por decir. /Foto Sergio Goya

El violinista encontró en la música de Piazzolla un verdadero vehículo para su personal expresividad y se convirtió en uno de los principales interlocutores del bandoneonista. Este vínculo quedó expuesto en el tema Escualo, que Piazzolla le dedicó al Negro Suárez Paz. Fueron poco más de diez años de una enorme creatividad como instrumentista y un permanente desafío por la calidad de la música de este grupo.

Discos como Oblivion, Volver, Tango Nuevo: Hora Zero o The New Tango, con Gary Burton, dejan en evidencia a un violinista fascinante y de una emocionalidad profunda que generaba con el bandoneón un matrimonio ideal.

Decía de Piazzolla que “fue un músico que siempre buscó hacer algo diferente; experimentó con orquesta, sinfónica, en quintero, sexteto, octeto o solo; un artista prolífico, de la que quedó mucha música que no se conoce, aunque de todas, la mejor formación fue el quinteto”, subrayaba este músico de carácter introvertido, sensible y de un humor chispeante.

A su salida del grupo de Piazzolla, toca con el vibrafonista Gary Burton en varios festivales en los que la crítica destacó su versatilidad para abordar texturas clásicas dentro de las fronteras del jazz. En 1991, grabó como solista Concierto Nácar, escrito por Piazzolla, con la Orquesta Sinfónica Nacional dirigida por Pedro Ignacio Calderón y ese año formó Strings for Piazzolla, dedicado a la obra del bandoneonista , al mismo tiempo que se convirtió en miembro de la Academia Argentina del Tango, Generación Intermedia.

A esta altura, Suárez Paz se había convertido en heredero natural de buena parte de la música de Piazzolla, y en 1996 fundó el Quinteto Suárez Paz, dedicado a interpretar la música del bandoneonista. La calidad y seriedad de la propuesta llevó a Suárez Paz a presentarse en los Estados Unidos, España, Portugal, Israel, Japón, Brasil y, México, entre otros países, y ser reconocido como “el mayor violinista del tango”, a lo que siempre contestaba: “Lo dicen por mi edad”. Con esta formación grabó dos discos excelentes: Milonga del Ángel y Por amor a Astor. Por esta época se reunió también con el dúo brasileño de guitarras de Sergio y Odair Assad, para grabar Fuga y misterio.

El 2000 lo encontró en plena actividad. Participó de un espectáculo en Washington, Estados Unidos, con Julio Bocca y su quinteto; hizo una gira de dos meses por Europa con los hermanos Dúo Assad; y en 2002 ganó un Grammy por su disco Por amor a Ástor. Regresó a la Argentina para la apertura del ciclo Ástor Triunfal, un homenaje a Piazzolla por los diez años de su muerte en el Teatro Colón.

Fernando Suárez Paz llevó su arte al Teatro Colón y fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires. /Foto: Néstor Sieira

Poco después, se presentó en la misma sala como solista, acompañado por la Orquesta Filarmónica Nacional, con el Concierto para Canto Negroriano, escrita y dirigida por Gabriel Senanes y dedicada al Negro Suárez Paz. Su dúo con el pianista Osvaldo Requena lo sacó en buena medida de la órbita piazzolleana para grabar temas tradicionales y material propio.

Suárez Paz había nacido el 1° de enero de 1941, en Ramos Mejía. Comenzó con el violín a los cinco años, y era un adolescente cuando entró en la Orquesta Sinfónica Juvenil de Radio del Estado, de la que pasó a la Orquesta Sinfónica Nacional, de la que formó parte más de quince años. Al tango, música propia de su generación, Suárez Paz llegó de joven y muy influido por Elvino Vardaro (1905-1971); su vibrato y ese lirismo romántico tenían su raíz en la escuela de ese violinista.

Se mostraba escéptico con el tango debido en especial al poco apoyo que recibía de parte de los organismos nacionales. Sin embargo, mantenía una fe ciega en su supervivencia: “El tango no está rebosante pero tampoco se hunde, ni se hundirá jamás porque los argentinos garantizamos que siga vivo ese legítimo perfume tanguero”.

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E.S.

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