Murió el compositor y director de cine Osías Wilenski, a los 87 años


Sucedió el 8 de enero, pero recién tomó estado público, discretamente, a partir de un obituario aparecido en el diario catalán La Vanguardia, el pasado sábado 16. Allí se recordaba a Osías Wilenski, fallecido en Barcelona a los 87 años y con una extensa labor en esa ciudad en el campo de la música: llegó integrar el Liceu de Barcelona siendo su pianista principal durante 15 años. En la Argentina, donde vivió hasta fines de la década del 80, fue uno de los nombres que nutrió la denominada Generación del ’60 del cine.

Nacido el 2 de diciembre de 1933 en Buenos Aires, e hijo del afamado fotógrafo de estrellas Sivul Wilenski (cuya principal colección de placas de vidrio y fotografías integra el patrimonio del Museo del Cine porteño), el primigenio interés del joven Osías fue por la música, cursando estudios de piano con Vicente Scaramuzza, y armonía y composición con Erwin Leuchter. En 1949, tras obtener la beca para la Juilliard School of Music, se radicó en Nueva York y brindó recitales en el Town Hall y en el Hunter College. De regreso en la Argentina actuó en el Teatro Colón y en el Teatro Odeón y una de sus primeras composiciones, un concierto para piano y orquesta, fue estrenada por la Asociación Amigos de la Música.

A mediados de la década del ’50, Wilenski abandonó la música y se volcó al cine, realizando cortos en 16 mm. como Tres movimientos (1955), Un recuerdo de amor, Romance sonámbulo, y Comentario (1956), Vals de Arensky (1957) y Episodio (1958). En 1959 realizó Un pequeño mundo y el que sería considerado su mejor trabajo en este formato, que combina música y humor, Moto Perpetuo, con el que fue premiado en el Festival de Mar del Plata. Por esos años tuvo entre manos el encuadre de El paraíso de los creyentes, el único de los cuatro guiones firmados por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares que no llegó a filmarse, y realizó la música de la primera versión de El negoción (1958), de Simón Feldman.

Escena de El Perseguidor (1965), de Osías Wilenski

Pero sería la ópera prima de Wilenski su obra más difundida, porque con El perseguidor (1962), consiguió abrazar decididamente el impulso de la Generación del ’60 y adaptar el cuento de Julio Cortázar de la mano del guionista Ulyses Petit de Murat, contando con un certero Sergio Renán en el protagónico y con música interpretada por el Gato Barbieri. Sin embargo, al día siguiente de su estreno, en 1965, la película fue secuestrada por un juez de menores por el strip-tease que había realizado Zulma Faiad cuando aún era menor de edad. El perseguidor volvió a la cartelera varios meses después, con su director condenado a una pena de seis meses de prisión en suspenso.

Wilenski continuó filmando y en los años siguientes concretó Ramón Gómez de la Serna (1964), corto premiado en el Festival de San Sebastián; Pate Katelin en Buenos Aires (1969), nunca estrenada y, finalmente, Dale nomás (1974), sobre un guion propio basado en cuentos de Héctor Lastra, Mario Benedetti, Rodolfo Walsh y Pedro Orgambide, protagonizada por Hugo Arana y Mario Luciani. Paralelamente, en Canal 13 dirigió Buenas tardes, mucho gusto; La botica del Ángel y también la novela El amor tiene cara de mujer.

El director y compositor Osías Wilenski

Retornó en los ’70 al Teatro Colón como preparador musical, donde recibió el Premio Teatro Colón en 1978 por su obra Improvisos para orquesta de cámara, y en 1983 recibió el premio de composición de la Asociación Wagneriana. Radicado en Barcelona formó parte de la Asociación Catalana de Compositores en virtud de su nutrida labor como compositor que incluye 3 óperas, obras de cámara, canciones y piano solo, varias de las cuales fueron editadas en CD.

Wilenski continuó trabajando activamente y con varios proyectos, como la presentación de una de sus composiciones por parte de la Orquesta Sinfónica Nacional en el CCK, en 2017. Sin embargo, su visita a la Argentina no pudo concretarse finalmente, y la despedida de Buenos Aires que Osías Wilenski, uno de los nombres que forjó el trabajoso cine nacional de antaño, hubiese merecido se vio truncada. “El cine es un amor perdido, la música puedo seguir haciéndola desde mi casa”, confesó alguna vez, dando cuenta de que el compositor le había ganado la pulseada al cineasta.

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