Milli Vanilli: la historia del fraude más grosero de la música pop



Hace treinta años, el 16 de noviembre de 1990, ocurrió un hecho único en la historia: la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos revocó un premio Grammy, Lo había entregado sólo nueve meses antes, y se trataba de la estatuilla que había ganado Milli Vanilli a mejor artista nuevo. El dúo debió devolverlo cuando se descubrió que ninguno de los integrantes sabía cantar, componer o tocar instrumento alguno.

El origen de esta historia se remonta a los años ‘70. En esa época, un cantante y productor alemán llamado Frank Farian triunfaba como factótum de Boney M, un grupo integrado por cuatro atractivos antillanos: Bobby Farrell, Marcia Barrett, Maizie Williams y Liz Mitchell. Ellos les ponían sex appeal a las canciones disco escritas –y, según algunos, también cantadas- por el poco atractivo Farian.

Esas canciones pegadizas sumadas a la imagen de los cuatro bailarines-cantantes hicieron que el grupo vendiera nada menos que 150 millones de discos. Hacia 1986, cuando el éxito empezó a desvanecerse, el grupo se disolvió y Farian empezó a buscar otros candidatos para repetir la fórmula. Y entonces conoció personalmente al francés Fabrice “Fab” Morvan y al alemán Rob Pilatus, a quien ya había visto en televisión.

Milli Vanilli, el dúo que integraban Fabrice “Fab” Morvan y Rob Pilatus.

Cuando los contempló en el escenario, bailando al ritmo de las canciones de la estrella pop italiana Sabrina Salerno, supo que eran la fachada que estaba necesitando. Jóvenes, negros, con rastas, abdominales marcados, ojos claros en el caso de Rob y grandes dotes de bailarines: una combinación irresistible.

Farian se les acercó, o ellos se le acercaron a él. No está claro: la cuestión es que alguien los presentó y ahí mismo quedaron en formar un dúo que interpretaría canciones en inglés. Se llamaría Milli Vanilli, como una discoteca alemana a la que Farian iba en su juventud.

“Vivíamos con otros dos músicos en Munich, no teníamos nada para comer y éramos infelices. Queríamos ser estrellas. De repente, un tipo nos dio una oportunidad y la aprovechamos”, explicaría años más tarde Pilatus a The New York Times.

Frank Farian, el cerebro detrás de Milli Vanilli.

El productor sería también el compositor de las canciones. Las tocarían y grabarían músicos contratados por él. Y quienes pondrían el cuerpo para venderlas serían estos dos adonis afrodescendientes. Dicho y hecho, incorporó a Charles Shaw, John Davis y Brad Howell, y los metió en un estudio de grabación para que empezaran a hacer realidad el plan.

“Era una idea loca, pensé que solo sonaría en discotecas y que no pasaría nada. Nunca pensé que tendría éxito, pero para entonces ya era demasiado tarde y me daba vergüenza aclarar la verdad”, contó Farian mucho después a Los Angeles Times.

El disco debut de Milli Vanilli se llamó All or Nothing y fue lanzado en noviembre de 1988 con éxito: trepó a la cima de los rankings de la industria en España, Austria, Gran Bretaña, Alemania y otros países europeos. En la tapa del disco había una foto de Morvan y Pilatus, pero en ningún lado decía quién cantaba.

La tapa de un disco de remixes de Milli Vanilli.

El error lo cometieron en los Estados Unidos. Gracias al éxito en Europa, ahí Arista Records editó el disco se lanzó en marzo de 1989 con el nombre de la canción de mayor éxito, Girl You Know It’s True. Pero en los créditos, Morvan y Pilatus aparecían como los cantantes, un detalle que tiempo más tarde sería clave porque permitiría que los acusaran de fraude.

Ese mismo año, Charles Shaw le reveló al diario estadounidense Newsday que en realidad eran él y otra persona los verdaderos cantantes. Pero Farian le pagó dinero para que se retractara públicamente, y un tiempo después Shaw se desvinculó del grupo fantasma. Lo reemplazó un tal John Davis, y la farsa siguió adelante.

En los Estados Unidos el fenómeno Milli Vanilli explotó. Gracias a Girl You Know It’s True y Baby Don’t Forget My Number (compuesta por Farian, Brad Howell y Diane Warren) vendieron siete millones de copias y alcanzaron el codiciado disco de platino. Morvan y Pilatus empezaron a tener una gran exposición pública y a llamar la atención por su rudimentario inglés, de marcado acento europeo, que contrastaba con el de las canciones.

Seguían apareciendo hits: Girl I’m Gonna Miss You y Blame It on the Rain también llegaron al número 1 de los rankings durante 1989. A fin de ese año las costuras del Frankenstein musical empezaron a quedar a la vista. Durante un recital en Bristol (Connecticut), el playback falló y, ante una multitud de quince mil personas, quedó sonando en loop el estribillo de Girl You Know It’s True.

Rob Pilatus no pudo sostener la situación y salió corriendo del escenario. Pero lo convencieron de seguir el concierto y el show continuó como si nada. Algunos periodistas, sin embargo, empezaron a preguntarse cómo el inglés de las canciones era impecable, mientras que en las entrevistas les costaba decir dos frases seguidas.

Era una época previa a Internet: todavía no existía el término “viral”, y los rumores y los comentarios maliciosos no viajaban a la velocidad que lo hacen ahora en las redes sociales. Así que la pantomima siguió adelante y alcanzó ribetes épicos cuando la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación de Estados Unidos quiso mostrar una imagen más juvenil y menos conservadora y nominó a ese dúo que ya había vendido seis millones de copias.

Milli Vanilli con el Grammy que ganaron. Y que después les quitaron.

“Al principio nos emocionamos por estar nominados al Grammy, pero después nos dimos cuenta de que nuestro secreto estaba en peligro porque si ganábamos tendríamos una exposición masiva”, recordó Fab Morvan a principios de este año en una entrevista con el sitio Yahoo.

“Mientras íbamos al Shrine Auditorium en la limusina, rezábamos para que se lo dieran a Indigo Girls, a Tone Loc o a Soul II Soul, pero por favor a nosotros no. Cuando dijeron nuestro nombre me quedé en shock porque, de repente, el mundo estaba mirándonos más de cerca”.

En las entrevistas, él prácticamente no abría la boca. Pero con el Grammy y también el prestigioso American Music Award en la mano, Pilatus se agrandó y lanzó en la revista Time: “Es más difícil cantar una canción de Milli Vanilli que una de los Beatles”. También afirmó que ellos tenían “más talento que Bob Dylan, Paul McCartney y Mick Jagger”.

Vaya uno a saber si la fama se les subió a la cabeza o ya no se sentían capaces de sostener la farsa. La cuestión es que Pilatus y Morvan empezaron a presionar a Farian para ser ellos quienes cantaran en el segundo álbum. Y el cerebro de la estafa se vio acorralado y decidió revelar el truco.

Fab Morvan después de Milli Vanilli.

Convocó a una conferencia de prensa en la que admitió que los bonitos bailarines sólo ponían la cara, que la marca Milli Vanilli le pertenecía legalmente a él y que el proyecto continuaría sin ellos dos.

“Dos personas en el estudio y otras dos sobre el escenario. Una parte grabada, otra visual. Es una forma de arte en sí misma. ¿Dónde está la traición? ¿Alguien se creía que Village People o los Monkees cantaban sus canciones? La música era fantástica, la gente estaba contenta, ¿cuál es el problema entonces? Por favor, todo el mundo lleva 25 años haciéndolo. Madonna, Janet Jackson: todos esos espectáculos con coreografías perfectas que el público exige ahora”, declaró el 14 de noviembre de 1990.

La carroza se convirtió instantáneamente en calabaza. Cuatro días después de la confesión, a Milli Vanilli se les quitó Grammy. Por su parte, Arista Records sacó su disco y sus simples de sus catálogos. En los Estados Unidos se presentaron 25 demandas colectivas exigiendo la devolución del dinero de discos, entradas de conciertos y productos de merchandising. La discográfica llegó a un acuerdo que establecía que quienes habían comprado el disco recibirían una devolución sobre el precio que habían pagado.

Milli Vanilli en acción.

Pilatus y Morvan también dieron una conferencia de prensa. “Llevábamos dos años temiendo que este día llegase. Lloramos mucho, pero en el fondo queríamos que ocurriese. Me alegro de poder contárselo a nuestros fans. No los decepcionaremos, prometo que pronto tendremos un álbum con nuestras voces reales en el que demostraremos nuestro talento”, se comprometió Pilatus.

En 1991, Frank Farian quiso volver el tiempo atrás y hacer lo que no había hecho originalmente. Esto es, presentar un grupo con los cinco integrantes verdaderos. Se llamó The Real Milli Vanilli, pero el disco que lanzaron fue recibido con indiferencia. Y eso que se llamaba Moment of Truth (El momento de la verdad).

Por su parte, la pareja original también volvió a probar suerte. Formaron el dúo Rob & Fab y grabaron un disco interpretando realmente sus canciones, pero apenas vendieron tres mil copias. Después de ese fracaso, sus caminos se separaron.

Fab Morvan se quedó a vivir en Los Ángeles, donde se dedicó a musicalizar programas de radio y eventos. Rob Pilatus, en cambio, cayó en la desgracia total. La humillación pública y el rechazo de su pareja y hasta de su familia lo llevaron a consumir drogas y alcohol, e incluso a intentar de suicidarse.

El vocero del dúo empezó a aparecer en las tapas de los medios sensacionalistas por sucesivos arrestos con cargos de vandalismo, consumo de drogas y ataques a terceros. En 1996 pasó varios meses en la cárcel, una señal de alerta que hizo que Morvan se le acercara y lo ayudara. Incluso le pagó la rehabilitación para dejar las drogas.

Fab Morvan se dedicó a musicalizar programas de radio y eventos en Los Angeles.

Hubo otro intento de reflotar al dúo. Fue en 1998, luego de la reconciliación de Pilatus y Morvan con Farian, que les propuso grabar otro disco con sus voces reales, esta vez producido por él, con el nombre Back and in Attack. Pero el plan se frustró por la inesperada muerte de Pilatus, que el 2 de abril de 1998 apareció sin vida en Frankfurt, Alemania. Había tomado una enorme cantidad de tranquilizantes y alcohol. Tenía 32 años.

Fab Morvan lanzó en 2003 un álbum, Love Revolution, con todas las canciones compuestas, producidas e interpretadas por él. Dio conciertos a dúo con John Davis, uno de los vocalistas originales de Milli Vanilli, con el nombre Face Meets Voice: A True Milli Vanilli Experience (La cara se encuentra con la voz: una auténtica experiencia Milli Vanilli).

Sobre todo, se dedica a ser DJ en eventos y a dar charlas motivacionales. Su intención, según declaró en 2010 a TV Guide, es que su experiencia sirva de algo: “Quiero que Milli Vanilli signifique que cuando te caés, podés levantarte y seguir adelante. No sólo sobrevivir, sino prosperar”.

WD

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