Miguel Ángel Solá y Cecilia Roth: un duelo actoral que recorrió 30 años



El árbol y el bosque, viejo tema de contienda conceptual. ¿Qué mirar primero, qué no perder de vista jamás? Pues bien, ante la implacable realidad del sector audiovisual, que no puede generar ficción en los modos tradicionales ante el avance de la pandemia, la sensación de no volver a gozar, por un tiempo, de nuestros grandes actores coqueteó rápidamente con la resignación. Pero la tele, como el fútbol, siempre da revancha. Ah, el streaming, también.

Y, entonces, como si el bendito algoritmo -esa palabra que ahora está en boca de muchos- o la simple coincidencia hubieran metido la cola, podemos volver a ver en acción, en esta época de restricciones (también artísticas), una cumbre de dos estilistas de la ficción. Moldeadores de personajes.

Desde el 20 de marzo hasta aquí hemos podido ver, gracias a las distintas plataformas o al cable, a figuras con nutrida trayectoria tanto en cine como en TV, pero más en modo solitario.

Roth y Solá, frente a frente, con miradas opuestas sobre las libertad personal.

En cambio, este miércoles 9 de septiembre, la TV de la cuarentena volverá a juntar lo que Netflix juntó hace tres semanas: Miguel Ángel Solá y Cecilia Roth son dos de los protagonistas del capítulo de Atreverse, el ciclo de unitarios de Alejandro Doria, estrenado en 1990.

“Damas y caballeros”, así se titula el episodio que Telefe repetirá a partir de las 23.30, con el foco puesto en la temática trans. A más de uno le -nos- resultará muy interesante ver cómo se trataba esa realidad hace 30 años. Claro que bajo la mirada de un tipo de avanzada como era Doria, que murió en 2009.

En este capítulo, que formó parte de la segunda temporada del programa, con elenco rotativo, Solá le presta el cuerpo a una criatura de ficción diferente. Diferente para esos años. Él será Beatriz, una mujer que nació en un cuerpo de varón. El doble trabajo de interpretación de Solá, con sutileza y compromiso, merece ser visto.

Alicia (Roth) e Ignacio (Solá), en “Crímenes de familia”.

Y ni qué hablar cuando Beatriz se tope en escenas que proponen un duelo actoral con el personaje de Roth, la nuera de Amanda (China Zorrilla).

Amanda le acaba de alquilar una pieza de su mansión a Beatriz (quien dice haber trabajado de vedette en París) y es la madre del diputado Bruno Aguilar (Mario Pasik), rodeado de corrupción. El hilo parental es tan largo, que mejor agarrar el atajo conceptual: Beatriz se topará con el prejuicio que representa Roth en esta trama que vale la pena desempolvar.

Una escena al azar: Amanda en la cama, con la pierna izquierda enyesada, situación que convierte a su inquilina en su cuidadora. En el cuarto también están su hermana Aída (la enorme Elena Tasisto) y Andrea (Roth). Sale Beatriz.

Alta tensión entre mujeres: Andrea (Roth), Aída (Tasisto), Beatriz (Solá) y Amanda (Zorrilla). De un lado y otro del prejuicio.

-Aída: Es una mujer.

-Andrea: No, no es una mujer, mi amor.

-Aída: Es tan femenina…

-Andrea: Eso es lo sospechoso, demasiado femenina para ser mujer (…) Me da piel de gallina.

Si bien todos están muy bien (ni qué hablar de la Zorrilla), volver a tener a Roth y Solá en un mismo cuadro eleva la vara de la calidad. Y más cuando esa imagen muestra el origen de ese encuentro que el streaming replica en Crímenes de familia, la película que Netflix dispuso en su catálogo el 20 de agosto. En el filme de Sebastián Schindel, ellos son marido y mujer. Y, como en Atreverse, sus personajes piensan distinto.

En este largometraje que también aborda una temática delicada, como es el abuso sexual, Roth compone a Alicia Campos, la madre de Daniel (Benjamín Amadeo), un hombre que intenta conmover con su relato de inocencia. La madre le cree, el padre no. No corresponde spoilear, pero sí recomendar seguir de cerca la evolución de Alicia en cuanto a ser coherente con su propia escala de valores, más allá de lo sanguíneo del vínculo.

Lo de Ignacio Arrieta (Solá) es más categórico de entrada. Sus posturas frente a su hijo, y frente a la vida, toda, harán que sigan por separado con sus respectivos caminos. Pero el streaming ya los ha juntado, para delicia del televidente. En ese ping pong de miradas, de frases fuertes, de silencios trabajados, de construcción compartida hay oficio.

Atreverse. Damas y Caballeros (1991)

Con recorridos geográficos similares, ambos han nacido en Buenos Aires, han sido dirigidos por maestros de la actuación, han hecho de Madrid su segundo lugar en el mundo y, por diferentes motivos, han vuelto a la Argentina. Ahora Solá vive en España y desde allí ha hecho pública una carta, donde pone de manifiesto su enojo por la falta de propuestas laborales: “Mis representantes, aquí y allá, no me dejan mentir, ya que ofrecen mis servicios a todas horas, a todas las productoras, directores de casting, directores de series y cine, canales de aire y novedosas plataformas. No hay trabajo para mí. Sólo para unos pocos ‘adolescentes’ cuyas ‘trama’ escriben guionistas que han olvidado con creces la adolescencia”.

Con 64 años ella y 70 años él, pertenecen a una generación que ha sabido resistir, que se las ha ingeniado para trabajar siempre de lo que saben. Y saben tanto de reinventarse como de calar hondo en el público a la hora de la interpretación. Tienen método, tienen un don.

Y se les nota. Y, cuando los dones se cruzan en pantalla, el bosque del streaming o de la repetición se imponen ante el árbol que no está dando frutos por culpa de la pandemia.

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