Maxi Ghione, tras su operación de oído: “Lo primero que hice fue escucharle el corazón a mi hijo”


Desde los siete años, el actor Maxi Ghione sufre de otoesclerosis, una enfermedad hereditaria que genera un zumbido permanente en el oído y ocasiona una pérdida paulatina de audición. Pero luego de una exitosa intervención quirúrgica en noviembre pasado, el actor recuperó un 80% de audición en su oído derecho y planea operarse el izquierdo este año, lo que le permitirá dejar de usar audífonos por completo. En diálogo con LA NACION, Ghione dijo que se siente otra vez un niño, al redescubrir una dimensión del mundo con la que no tuvo contacto directo durante más de dos décadas, mientras aguarda con ansias una oportunidad de trabajo para poner a prueba sus renovadas facultades.

-¿Cómo te sentís, a dos meses de la operación?

-Muy bien, muy contento. Todavía puedo recuperar más [audición] inclusive. Al final recuperé más de lo que se esperaba. Tenía una hipoacusia entre severa y profunda, eso quiere decir que cuando me sacaba los audífonos y me apagaba totalmente. Así que estoy muy feliz.

-¿Qué cambios notaste?

-Ni bien abrí los ojos, anestesiado, con vendas ensangrentadas y un tapón en el oído, escuché a unas enfermeras hablar en la habitación de al lado. No lo podía creer, antes estaba totalmente apagado cuando no tenía puestos los audífonos. Ni te cuento cuándo me quitaron el tapón… Lo primero que hice fue escucharle el corazón a mi hijo, porque no lo había hecho nunca desde que nació hace 14 años. Y recién estaba sentado, oyendo la lluvia. Ahora realmente la escucho porque con los audífonos también la oía, pero es como si hubiera estado escuchando la vida por auriculares. Ahora los sonidos me llegan en su versión original. Los escucho como son.

Ghione, en su ingreso al Sanatorio Finocchietto. Foto: Maxi Ghione.

-¿Cómo impactó en vos toda esta nueva información sonora?

-Es muy loco. Uno tiene que pasar por esto para poder entenderlo, es muy difícil de explicar. Es como que de nuevo tengo que revivir el aprendizaje que hice cuando empecé a usar audífonos. Estoy aprendiendo a bajar el volumen del televisor cuando miro una película y cuando lo hago siento que estoy escuchando perfecto, pero no sé por qué necesito levantar el volumen igual. Es como que me quedó chipeado así. También siento que estoy hablando más bajo, que no grito, y a veces pienso que la gente no me está escuchando. Es todo un embrollo. Siempre hablé en un volumen muy alto porque no me escuchaba y ahora, sin querer, voy bajando el volumen, porque me oigo fuerte y claro.

-¿Tus alumnos percibieron algún cambio, gritás menos?

-No grito menos porque en las clases me exaspero, me exacerbo [risas], pero mis alumnos estuvieron al pie del cañón todo el tiempo, como mis amigos. Todos pendientes de mi operación. Lo más loco fue lo pendientes que estuvieron mis seguidores en Instagram a la distancia, gente que incluso no conozco… Me puso muy feliz.

-¿Hay sonidos que te molestan?

-Estoy un poco molesto con un pajarito que empieza a cantar cuando todavía es de noche y me despierta, pero ya lo voy a encontrar y voy a tener una charla con él [risas]. Ahora con cualquier ruido me despierto. A veces termino durmiendo de costado, tapándome con la almohada el oído operado. Es muy loco, capaz hay gente que grita y me asusto. Es como que tengo que aprender varias cosas de nuevo.

-¿Creés que la mejoría en tu audición te va a beneficiar como actor?

-Me muero de ganas de estar en un set de grabación para conocerme otra vez ahí. Quiero estar ahí y tratar de no mirarle la boca al otro actor –como hacía antes porque tenía que leerle los labios– para lograr que mi personaje escuche. Quiero ver también cómo me llevo. Estoy como un niño, ¿viste cuando te comprás algo nuevo y querés estrenarlo? Es como que tengo las patas de rana, pero todavía me falta la pileta o el mar, que vendría a ser el set. Ya quiero llegar para estrenarlas, con las antiparras y el esnórquel.

-¿Cuándo pensás operarte del oído izquierdo?

-Si me sale una serie en un futuro muy cercano, me tendría que operar en la primavera. Si no, en abril. Tengo ganas y mi médico dijo que está dispuesto a operarme cuando yo lo decida. Al ya haber vivido la experiencia del postoperatorio, sé a dónde voy, así que tengo muchas menos dudas. Quiero hacerlo ya, porque sino, no lo hago más. Y aunque llegara a salir mal, con lo que escucho con el derecho, ya estoy hecho, puedo trabajar. Recuperé un 80% de audición, el doble de lo que estimábamos.

-¿Lo notaste preocupado a tu hijo antes de la cirugía, por el riesgo que suponía?

-Sí, fue una decisión difícil que tomamos con él y con su mamá (la actriz mexicana Carolina Valsagna). Si llegaba a salir mal, podía perder la audición y eso habría sido irrecuperable. Además siempre pensé que no me podía operar porque me habían dicho que la enfermedad había avanzado demasiado. Cuando fui a conocer a mi médico (el otorrinolaringólogo Fernando Diamante) esperaba que me dijera que, como resultado optimista, usaría unos audífonos más chicos después de la cirugía. Pero me dijo: “No, no, no vas a usar más audífonos”. Al salir del consultorio, rompí en llanto en la vereda, como no lo hacía desde chiquito, porque cuando te falta un sentido, eso interfiere en lo que sos el resto de tu vida. La otosclerosis te hace oír un ruido de heladera vieja tan fuerte que tapa todos los otros sonidos. Realmente te perturba y te forma una personalidad por ahí retraída o malhumorada porque tenés que convivir con un montón de sonidos que no elegiste y que te impiden escuchar los que querés. Ese día, nos abrazamos con mi hijo y su mamá y me transporté a mi infancia en el campo, cuando me iba solo con mi caballo y escuchaba ese silencio. Hacía años que no escuchaba el silencio. Años… Y ahora lo escucho, y voy por más.

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