Max Richter: el músico de Black Mirror y su obra sobre un mundo al revés



Pensar en Max Richter (Hamelín, Alemania, 1966) como en un verdadero ejemplo de cómo un músico puede navegar entre lo que en algún momento se denominó como culturas altas y bajas, y salir de ambas con su figura reforzada en cualquiera de sus intervenciones.

Así es como se explican los cruces de bandas de sonido de series como The Leftlovers y Black Mirror con Voices, su nuevo trabajo, basado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y con una orquesta armada “al revés”. Y, en el medio, coqueteos con la electrónica dance de The Future Sound of London (en su disco de 1996 Dead Souls, que tuvo sencillos que llegaron al Top 20 del ranking de ventas del Reino Unido) y trabajos en donde el gran Robert Wyatt lee textos del escritor nipón Haruki Murakami.

Y, claro, su Sleep, de 2015: una experiencia auditiva de ocho horas y media destinada a adaptarse a un descanso nocturno completo, con treinta y un composiciones, la mayoría de ellas con una duración de entre veinte minutos y media hora, y todas basadas en variaciones entre cuatro y cinco leitmotiv. Una faena ambient que fue elegida por el líder de la banda británica Pulp Jarvis Cocker como su disco favorito de ese año.

Pianista, compositor, director, para el compositor británico Max Richter su formación junto a Luciano Berio abrió un nuevo camino posible en la música. /Foto Gentileza Prensa – Mick Terry

Entonces, a continuación, la transcripción de una charla por Zoom entre un músico sentado en la comodidad de su hogar cerca de Oxford, en Inglaterra, y Clarín.

-La primera pregunta es casi inevitable: ¿Cómo estás llevando estos tiempos de Coronavirus y como pensás que puede llegar a influir en tus próximos trabajos?

-Es extraño. En un nivel, nada cambió mucho para mí, ya que trabajo sentado en mi habitación (risas), pero por supuesto que tuvimos que cancelar un importante número de presentaciones. Mis amigos y mis colegas en su mayoría son músicos, y su trabajo depende de tocar en vivo, por lo que es verdaderamente difícil para ellos. Hay un motón de ansiedad, podés sentirla. Más que nada porque pasó mucho tiempo: al principio pensamos que iban a ser unas pocas semanas, y lo pensamos como si se tratara de una especie de aventura.

-Has podido tocar Voices, tu nuevo disco, en vivo antes del encierro. ¿Cómo podés ver ese trabajo a la distancia?

-Esperamos esperanzados poder tocarlo de nuevo en vivo, pero tenemos claro que no será durante este año, sino que probablemente pueda ser en la próxima primavera o a principios del verano (boreal). Tuvimos mucha suerte de poder presentarlo en Londres en febrero, muy pocos días antes del encierro. Y durante el encierro Yulia Mahr (N. de R.: cineasta ganadora del premio BAFTA) pudo terminar de hacer los filmes que acompañan el disco. Por eso, en un sentido fuimos afortunados, porque creo que la música es una actividad comunitaria en la que necesitas gente que trabaje junta…

-Y eso incluye tanto al público como a los músicos…

-Exacto. Este es un gran proyecto en el que necesitas un montón de gente en un espacio grande.

-¿Por qué elegiste, en Voices, trabajar con la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿En qué momento lo decidiste?

-He estado trabajando en esta obra durante muchos años. De hecho arranqué con esto diez años atrás, y ahí fue cuando escribí el single Mercy, que comenzó como una pequeña pieza de piano para Hilary Hahn. Y luego se fue volviendo, no sé cómo decirte… ¿Disfuncional? (risas) Hay un montón de cosas que están mal en estos momentos. La pandemia es una de ellas, pero también está la crisis ambiental, el crecimiento mundial de gobiernos populistas, el avance de cierta tecnología, la increíble inequidad en la distribución de la salud. En suma: demasiados problemas. Y quise hacer una obra que mirara a todas estas cuestiones, pero desde un lugar esperanzador.

-Es como que un montón de cosas van mal pero la música, desde ese modo, puede “curar”…

-Es que esa es una de las cosas que puede hacer la creatividad. Es un lugar para pensar, es un lugar para reflexionar, y es un lugar tratar de entender todos estos asuntos. Yo soy un músico y vivo para la música, pero sí creo que el trabajo creativo es, para todos, un lugar para pensar acerca del mundo.

-Más allá de Voices (Voces), en Songs from Before (2006) has trabajado con Robert Wyatt, que tiene una de las voces más tristes que hay. Y lo has hecho leer textos del escritor Haruki Murakami. ¿Cómo fue trabajar con él, y cómo elegiste esos textos?

-Murakami es un escritor al que amo. Y amo dos cosas de su trabajo: el tono emocional que maneja y esa especie de melancolía un poco subestimada, como una suerte de melancolía tranquila. Y de Robert Wyatt, ¿qué decirte? Creo que es un genio. Más allá de que este convencido de que es un gran cantante y compositor, tiene una voz asombrosa y muy distintiva. El tono emocional que posee su obra y el de los textos de Murakami funcionaron muy bien juntos.

-Uno de tus maestros fue Luciano Berio, pionero de la música experimental y la electrónica. ¿Cómo era él como profesor, y cómo fue para vos esa figura siendo alumno?

-Fue algo asombroso, para un chico que había finalizado sus estudios académicos en Londres. Encontrar a Berio fue muy importante y tomar clases con él fue algo realmente increíble. Porque antes de conocerlo yo escribía una música muy compleja dentro del modernismo. Y él me discutía: me preguntaba por qué hacía lo que hacía y de ese modo. Fue algo fundamental para mí, porque desde su autoridad como compositor y su brillantez como pensador musical me tomé de manera muy seria esos cuestionamientos. De hecho, si hubiese sido otro no le habría hecho caso (risas). Él quiso que yo simplificara mi lenguaje. Y fue algo muy liberador.

-Has trabajado con músicos de la escena dance electrónica del Reino Unido como Future Sound of London y Roni Size. ¿Hay posibilidades de que vuelvas a ser parte de esa escena?

-Sí, claro. Adoro la música electrónica. No me gusta hacer planes, decir qué voy a hacer, pero claro que es posible.

-¿Es posible pensar, en tu trabajo Recomposed by Max Richter: Vivaldi – The Four Seasons (2012), al término “recomposición” como un sinónimo de remix?

-Si, es una “especie” de remix. Pero es un remix de las notas sobre el papel. No hubo un proceso de remix de cortar y pegar, pero sí un proceso de escritura desde el lápiz y el papel. Remixé la partitura desde un proceso analógico, y regrabamos eso con una orquesta.

-En Voices trabajaste con la orquesta puesta “al revés”. ¿Por qué?

-En Voices la orquesta tiene mayoría de instrumentos bajos, y está dada vuelta. Y eso viene de una idea mía de que el mundo está dado vuelta. La orquesta es una metáfora.

Max Richter dice que “el mundo está dado vuelta”, y llevó la imagen a su manera de armar la orquesta. /Foto Gentileza Prensa – Mick Terry

-Por último, naciste en la ciudad alemana de Hamelín, famosa por la fábula del flautista. ¿Cómo describirías a tu ciudad para todos aquellos que sólo la asociamos a la famosa historia?

-Hamelín es un pueblo chico a la orilla de un río. Para mí hoy es una suerte de lugar honorario, ya que no he vuelto en los últimos treinta años. Mucho más, hoy, no te puedo decir.

E.S.

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