Mauro Viale en TV: sus programas e impactos más recordados


No hubo un Mauro Viale, sino varios. Nadie puede dudar de su capacidad como relator y comentarista deportivo, ni su oficio como periodista de actualidad con buen olfato para encontrar aquellos temas que le interesaban a su audiencia y que no siempre tenían que ver con la agenda más instalada. También fue aquel que, en los ´90, ocupaba varias horas de la estatal Argentina Televisora Color para moderar escándalos entre personajes de medio pelo que llegaban hasta las manos ante las cámaras del canal solventado por los argentinos. Hoy murió a los 73 años, luego de estar internado unos pocos días debido al contagio de Covid, la peste moderna que sigue cosechando víctimas. Fue un profesional que transitó los medios con vocación, convicción y autenticidad.

Había nacido como Mauricio Goldfarb, el 28 de agosto de 1947. En los años ´70 se inició como cronista deportivo del fútbol de Primera A en el entonces Canal 7. En 1977 daría un paso más en su joven carrera debutando como relator, actividad que terminó de posicionarlo en el medio y darle notoriedad pública. Previo al Mundial de Fútbol disputado en Argentina en 1978, fue parte de Con un pie en el Mundial, espacio periodístico que se ocupaba de analizar los pormenores del inminente encuentro internacional.

En la década del 80 formó parte de Fútbol de Primera, acaso el ciclo que instaló una manera moderna de contar lo que sucedía en el deporte más popular de los argentinos, una semilla de lo que luego fueron las señales dedicadas exclusivamente al metier. A pesar de su recordado paso por el programa, Viale solo estuvo cuatro años en ese set, labor que abandonó para incursionar en el periodismo político y de interés general. Su primer desafío en el periodismo no deportivo fue la conducción de los informativos Buenas noches, país y Dos horas, ambos por ATC.

En 1991, Mauro Viale estrenó La mañana, también en el canal manejado por el Estado. Su buena relación con el presidente Carlos Saúl Menem y con Gerardo Sofovich, entonces máximo responsable de la emisora, le permitieron tener un status estelar en el canal. Respondiendo a esa expectativa, varios de sus programas fueron de lo más visto de la señal. En paralelo a aquel magazine matutino, el periodista animó los vespertinos Anochecer con Mauro Viale y, luego, La tarde con Mauro Viale. Su nombre artístico casi siempre acompañaba el título de sus ciclos, una manera de reforzar un estilo propio, único, personal.

En La mañana, instaló un género que fusionaba el periodismo de actualidad, la participación de personajes que buscaban sus cinco minutos de fama, aunque sin conocer a Andy Warhol, y una agenda que se sostenía en los resonados escándalos del momento.

Cierto tono Kitsch y bizarro atravesaban esos programas que, por momento, tenían el tono de un programa de humor ficcional. Tal eran los entuertos sobre los que versaban los envíos que, más de una vez, los protagonistas de esos líos terminaban disputando su verdad a las trompadas en plena transmisión en vivo en lo que debería haber sido un canal estatal en busca de destinos más altruistas. Así era el ATC de la pizza con champán.

En 1996 reemplazó su instalado programa por Mediodía con Mauro, espacio que debutó en ATC y en 1997 se instaló en América. Lo que se pretendía como un ciclo periodístico, terminó convertido en un Talk Show bizarro y escandaloso.

En tiempo de su programa matutino en ATC, le rindió durante muchos meses la cobertura del llamado “Caso Coppola”, un asunto policial con connotaciones en el mundo del narcotráfico. Jovencitas, desconocidas hasta entonces, se hicieron famosas por haber sido vinculadas a ese universo de noche y desvaríos.

Ocupando el mediodía de América, protagonizó una acalorada pelea con el empresario matarife Alberto Samid, quien lo presionaba para que el periodista dijese su nombre real. El intercambio de opiniones llegó a tanto que Viale y Samid terminaron a las trompadas ante la vista de los azorados panelistas, entre ellos Marina Calabró, y los miles de televidentes que seguían la transmisión.

También en América condujo Fenómeno real, otro ciclo de tintes amarillistas. En ocasión de invitar a una ignota Flor de la V, Viale se despachó a gusto consultándola sobre escabrosos detalles de su intimidad.

Mauro Viale tenía tal dominio de los tiempos de la televisión y conocía como nadie el gusto popular que por sus programas podían desfilar desde políticos de renombre a una vedette como Adriana Aguirre. El periodista se manejaba como pez en el agua tanto en el mundo deportivo, como en los intrincados temas políticos y judiciales, y, aún mejor, cuando le tocaba enfrentar a una celebridad del mundo del espectáculo.

En sus últimos años, la moderación fue tiñendo su tarea en la señal A24 y también en el canal América donde conducía Mauro, la pura verdad, un magazine informativo los domingos por la tarde donde se encargaba de reflejar la actualidad nacional. Si bien no fue un militante fanático, en los últimos tiempos mostró ciertas afinidades con las ideas enarboladas por el kirchnerismo.

Mauro Viale en La pura verdad, el programa que conducía en A24Instagram Mauro La Pura Verdad

Tal era la versatilidad de Viale que podía formar parte de Polémica en el Bar y componer un personaje o aportar humor al espíritu periodístico de la mesa donde también se sienta Chiche Gelblung, un colega con algunas similitudes profesionales.

Transitó el periodismo gráfico y fue Gerente de Noticias de Radio Rivadavia, aunque su verdadera trascendencia la logró en televisión. Lo hizo todo y a su modo. Jonatan, su hijo, es el heredero que sigue los pasos de esa vocación por contar la realidad con palabras precisas y que a nadie le resulte inadvertido. Sus programas en radio Rivadavia y en LN+ demuestran que la estirpe continúa. Dejó una familia a la que amaba, esa que fundó con Leonor, su mujer de toda la vida. Con Mauro Viale murió una forma de hacer periodismo. Admirado, seguido y criticado por igual, pero a nadie le resultaba indiferente. Nadie puede negar que no copió a nadie. En cambio, muchos lo imitaron a él. No hubo un Mauro Viale, sino varios.

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