Mauro Viale: el éxito duradero que lo acompañó hasta el final


La inmediata conmoción que provocó el anuncio, inesperado para casi todos, de la muerte de Mauro Viale se explica en buena medida por la vigencia que conservó hasta el final en el medio al que dedicó casi toda su vida profesional. Viale fue a lo largo de las últimas tres décadas y media uno de los rostros más populares de la información y el análisis de la noticia en la televisión argentina.

Con medio siglo de televisión sobre sus espaldas, Viale todavía mantenía una considerable influencia en el mundo de la información y el análisis de la actualidad en ese medio. Ya septuagenario, su espigada e inconfundible figura seguía ocupando lugares protagónicos en los canales de noticias con un estilo que, con leves ajustes y actualizaciones, nunca alteró en el fondo su esencia.

El ciclo que hasta hace pocos días tenía a Viale como una de las estrellas periodísticas de las señales de América era el que más le gustaba: una adaptación a los temas de actualidad de los viejos y clásicos programas ómnibus de la TV de otro tiempo. Viale casi nunca dejaba su lugar protagónico, moviéndose con la seguridad y la cómoda displicencia de las personas que conocen todos los secretos y los rincones de un estudio de televisión.

Elegía a sus invitados a partir del ruido que podían causar sus declaraciones sobre todas las cuestiones candentes de la realidad local y los exponía a prolongados primeros planos como símbolo de lo que salía a buscar en ellos. Toda la verdad, diría a partir del título de su último programa en América (La pura verdad), que además representaba el estilo que impuso y que nunca llegó a alterar, seguramente porque reivindicaba siempre para esa conducta una marca de autor que pocos se animaban a discutirle.

Viale llegó al mundo de las noticias después de la elección más crucial de su carrera profesional. A mediados de la década del 80 ya era una figura muy reconocida por el público como relator de fútbol por TV, en tiempos en que solamente un canal se dedicaba a hacer las transmisiones de los torneos oficiales de primera división. Era el único dueño de ese lugar y había creado una manera de narrar que funcionaba muy bien. Tenía el respaldo del público.

Mauro Viale al frente de La pura verdadCaptura

Pero cuando empezó a alumbrar la idea de lo que luego fue Fútbol de primera, Viale prefirió quedarse en Canal 7 y desde ese momento su lugar fue el de la noticia. Condujo noticieros, llegó a ser gerente del área y de a poco encontró en su inmensa capacidad de trabajo y su vocación por buscar el costado más ruidoso e impactante de la actualidad un espacio propio cada vez más grande.

Impacto a las 12 era el nombre del programa que en 2002 mostró el momento más comentado de la carrera de Viale, aquella pelea a trompadas con Alberto Samid transmitida en vivo y en directo y luego comentada de todas las maneras posibles. Parecía inevitable ese destino para quienes lo seguían. La excentricidad con la que abordaba ciertos temas de inmediata atracción popular (con los vínculos entre los famosos y las drogas a la cabeza) abría esa posibilidad de manera casi natural. La pelea con Samid fue la más frontal de las muchas que tuvo a lo largo de su carrera. Muchos recuerdan también aquel incómodo cara a cara que tuvo con Hugo Guerrero Marthineitz, que lo llenó de irónicas palabras mientras recordaba su nombre real, Mauricio Goldfarb.

Mauro Viale en 1996 en el programa que conducía por ATC, Mediodía con MauroALFREDO SANCHEZ

Con el tiempo, Viale extendió esa fórmula extrovertida y ruidosa a la información y al análisis político, que también frecuentó durante varios años en la radio. Muchos políticos elegían la estridente y siempre agitada tribuna de Viale para sumarse al debate público y encontrar allí una repercusión popular que su anfitrión les garantizaba. Viale se jactó siempre de tener muy buenos contactos e información de primera mano. Lo demostró hasta hace poco, cuando mostró que era el único capaz de conversar vía WhatsApp con Ginés González García poco después de que fuese echado del Ministerio de Salud.

Sus programas tenían el aspecto de un foro cotidiano en el que aparentemente había lugar para las distintas opiniones. Viale dejaba hablar a todos hasta que intervenía, casi distraído con su voz clara y potente para sentar posición. Allí parecía adueñarse de la última palabra. También sus programas parecían puro desorden, pero no eran más que el resultado de una estrategia bien disimulada que siempre rendía sus frutos. Tal vez buscaba así la deliberada puesta en escena de una sociedad revuelta, nerviosa, llena de voces superpuestas de personas que tardan en ponerse de acuerdo. En medio de ese embrollo, Mauro Viale se sentía capaz de interpretar a una Argentina que eligió vivir de esa manera. Así interpretó la realidad en sus programas. Y así construyó un éxito duradero que mantuvo casi hasta el último día de su vida.

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