Mauricio Wainrot lleva “Un tranvía llamado Deseo” a Uruguay



El próximo miércoles 12 de marzo el Ballet Nacional del Sodre de Montevideo, que dirige Igor Yebra, repone una obra del coreógrafo argentino Mauricio Wainrot. Se trata de Un tranvía llamado Deseo, inspirada en el drama teatral del mismo nombre del escritor estadounidense Tennessee Williams.

Wainrot la creó en 1997, sobre música de Bela Bartok y a partir de una invitación del entonces director del Ballet de Santiago de Chile Iván Nagy: “Nos habíamos conocido en un congreso de danza en Panamá y un tiempo después Iván vio en Buenos Aires, bailada por el Ballet del San Martín, mi Ana Frank. Le entusiasmó enormemente y me propuso montarla con el English National Ballet que en aquel momento dirigía. Le gustaba mucho mi manera de narrar coreográficamente una historia y cuando volvió a dirigir el Ballet de Santiago de Chile me llamó: ‘Para mi primer programa como director quiero una obra tuya y que sea un relato argumental’. Dos o tres días después de pensarlo le dije: ‘Voy a trabajar sobre Un tranvía llamado Deseo’.

-¿Qué lo llevó a elegir la obra de Tennessee Williams?

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-Cuando tenía diecisiete años y no soñaba con ser bailarín y mucho menos coreógrafo, comencé a estudiar teatro en “Los Independientes”. Uno de los textos que estudiábamos era precisamente este y con el tiempo vi la película de Elia Kazan con Vivien Leigh en el personaje de Blanche Dubois y me fascinó. Después empecé a tomar clases con Carlos Gandolfo en el estudio de Otto Werberg (nota: un reconocido maestro de la danza moderna) y allí, en la escalera, me cruzaba con bailarines que entraban y salían. Otto prácticamente me adoptó, me hice muy amigo de él y él a su vez de mi mamá, con la que charlaban en idish. Fue allí donde me inicié en la danza y luego seguí. Volviendo a Un tranvía…, yo había estudiado mucho ese texto, hice escenas encarnando distintos personajes -de Kovalsky, también de su amigo Mitch- y siempre sentí que era muy actual, e incluso ahora más actual todavía. Por supuesto, no fue fácil pasar de un texto complejo, en el que se presentan las psicologías de los personajes y las diferentes situaciones que atraviesan, a un lenguaje sin palabras como es la danza.

Una escena coral de “Un tranvía llamado Deseo”, obra de Mauricio Wainrot, por el Ballet del Sodre.

-¿Cómo fue ese proceso o los recursos que utilizó?

-Ubiqué toda la historia en un manicomio (cuando el drama de Williams en realidad cierra con Blanche Dubois llevada a un manicomio) y ahí se producen los flashbacks, los recuerdos de Blanche, con los que se recorre la historia. Ella proviene de una familia aristocrática arruinada y tiene que mudarse a Nueva Orleans para vivir pobremente con su hermana y su cuñado, el brutal Kovalsky, que termina violándola. Multipliqué a Blanche por cuatro, es decir, son cuatro bailarinas las que la interpretan. El espectador se pregunta cuál es la real; pero en realidad son todas igualmente verdaderas.

“Un tranvía llamado Deseo”, la obra coreográfica que Mauricio Wainrot montará en Montevideo.

-Decía que la obra es más actual que nunca, ¿en qué sentido?

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Porque refleja una problemática de hoy: los femicidios, la violencia de los hombres hacia las mujeres. Kovalsky prácticamente mata en vida a Blanche porque cree que ella se siente superior a él y por lo tanto quiere vengarse.

Esta reposición con el Ballet del Sodre se produce nueve años después de su primer montaje con la compañía uruguaya y cuenta con los mismos aportes artísticos de los colaboradores originales del estreno en Santiago de Chile: la escenografía y el vestuario son de Carlos Gallardo y el diseño de iluminación de José Luis Fiorruccio.

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WD​

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