MasterChef Celebrity: Fede Bal, contra Martitegui: “Las camisas que usa son indefendibles”



Crédito: Gentileza Telefe

Parecía que se habían dado una tregua, que habían pasado de ser enemigos íntimos a buenos compañeros de MasterChef Celebrity. Pero la paz duró poco, y los chispazos volvieron recargados. Ni Germán Martitegui se divierte con Fede Bal, ni este con él. Como sucedió al inicio del concurso, los consejos han vuelto a ser chicanas y, las respuestas, actos de rebeldía.

En el programa del martes -una noche en el que el desafío fue por partida triple- se mantuvieron parejos en cuanto a voluntad, como así también en la pobreza del resultado. Fede, créase o no, deslumbró con una bruschetta, pero inmediatamente después desilusionó con un Cannoli enterrado en azúcar impalpable.

“Esa cantidad de azúcar impalpable es indefendible”, le dijo el chef con una semisonrisa, casi regodeándose en la crítica. Minutos después, y a la distancia, el participante le devolvió el palo: “Las camisas que usa Germán son indefendibles”.

Y si del lado del jurado Fede no es precisamente una máquina de cosechar amigos, entre sus compañeros tampoco, especialmente de parte de Leti Siciliani. Además de su condición de millennials (ella tiene 28, el 31), y de tener un sentido del humor parecido, lo que une a ambos participantes son sus limitaciones en el manejo de recetas, ollas y sartenes. Cada jornada los encuentra entre el amor y el espanto, y por eso cuando les toca medirse frente a frente, la competencia con el resto pasa a un segundo plano. Y en estos casos, lo peor que puede pasar es encontrarse parados frente a la decisión final: uno salvado, el otro en problemas.

“Si hay alguien que no quiero que me gane es Federico Bal”, se sinceró la participante cuando ya se adivinaba el resultado. Y pasó nomás, porque el hijo de Carmen Barbieri se llevó el premio de la noche, dejando a su compañera en zona de peligro, y celebrando con un baile de videojuego y amenazando: “Este va a ser mi festejo a partir de ahora”. Quien puso cordura ante semejante momento fue Santiago del Moro: “Fede, andate antes de que se arrepientan”. Y la verdad es que tenía razón.

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