Martín Bossi se calza los tacos para ser una Drag Queen

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Un par de botas de charol rojo furioso con 15 centímetros de taco. El calzado que se reproduce por cientos de carteles en las calles de Buenos Aires es el que va a usar Martín Bossi en Kinky Boots, el musical que se estrena el 15 de enero en el Astral. La obra es un clásico de Broadway que aterriza en Buenos Aires con una versión en la que también protagoniza Fernando Dente y que dirige Ricky Pashkus. En la obra, basada en un caso real, Charlie hereda de su padre, una fábrica de zapatos y a punto de quebrar, recibe el pedido de Lola, una travesti, para que fabrique botas para ella y otras drag queens. Las canciones son de Cindy Lauper versionadas al castellano por Marcelo Kotliar.

-Martín, este es tu primer musical, ¿cómo está resultando la experiencia?

– Me vino genial porque hace rato que necesitaba cambiar un poco. Hace diez años que hago teatro, pero ya me estaba sintiendo muy cómodo con lo que hacía y cuando te pasa eso se vuelve peligroso. Necesitaba algo nuevo. Me acuerdo que fui a ver Sugar y me picó la idea de hacer un musical y después, hablando con unos productores, uno de ellos me dice: “vos tenés que hacer comedia musical con un personaje de mujer, ¿por qué no haces Tootsie?” Me encantó la idea y al mes, me llama Ricky Pashkus para hacer Kinky Boots.

-¿Conocías la obra?

– No, no tengo una gran cultura de comedia musical, recién ahora empecé a investigar. Fuimos a Nueva York a verla, me gustó mucho y enseguida empecé a trabajar. Me gustó mucho el mensaje que tiene la obra, de construir los sueños.

Dente y Bossi encaran los roles protagónicos de Kinky Boots, la comedia musical. Foto: Germán García Adrasti

-En tu caso, Fernando, ya tenés un camino recorrido con musicales.

– Yo la vi cuatro veces mientras estaba estudiando en Nueva York, en 2017. Estando allá descubrí que la ciudad puede ser bastante áspera para vivir. Yo iba a un conservatorio, menos los martes, todos los días, muchísimas horas por semana, en un estudio sin ventanas. Aprendí un montón, sobre todo porque me resultó un desafío, me tuve que armar en paralelo a mi formación profesional. Y una de mis profesoras, Liz Caplan (que entrena a muchas figuras de Broadway y Hollywood) me presentó al protagonista de Kinky Boots allá. Fui a verla y me pareció espectacular. Me conmovió mucho, habla de convertir algo negativo en positivo. La estructura es como la de Hairspray, donde todas las canciones son hitazos, el cuento es muy simple pero poderoso, visualmente impactante. Y me caló muy hondo. entonces, ese mensaje de ser feliz siendo quien es uno, de aceptarse y aceptar al resto.

Martín Bossi y Fernando Dente, como Lola -la drag queen- y Charlie, su zapatero en “Kinky Boots”.

-Y muestra desde adentro el mundo de las drag queens.

Dente: Es fascinante ese mundo de los drags, porque ser hombre y draguearse y asumir la parte femenina y recrearla, requiere de una seguridad absoluta. Cada drag queen es una obra de arte en sí misma.

-¿Cómo fue tu experiencia con ese arte, Martín?

– Estoy acostumbrado y he hecho de mujer en cine y en tele. Lo más sencillo para mí fue caracterizarme. Lo más complejo era lo que queríamos contar a través de esa imagen. Fuimos con Fer a Nueva York y recorrimos muchos lugares que tenían que ver con ese mundo de personajes hermosos. El tema era cómo voy a hablar, cómo voy a pensar, cómo me voy a mover y en consecuencia con eso construimos con Elena Sapino, maquilladora maravillosa. y con Ricky, a Lola. Fue muy lindo el proceso. La fuimos armando de acuerdo a nuestro concepto. Es la misma obra de Broadway, pero con nuestra impronta.

Dente: Otra cosa interesante de esta obra es que la historia se pega mucho con la Argentina, con el tema de la fábrica que está a punto de cerrar y se tiene que reinventar, con el pueblo con todos los prejuicios y el drag metido ahí. Son dos universos tan opuestos que se encuentran. Cuanto mayor contraste, más se puede lucir una trama. Imaginate una fábrica de zapatos para hombres que toda la vida hizo zapatos marrones con cordones y de pronto está fabricando botas de mujeres para hombres para que usen drag queens. Lola es un personaje que viene a despertarnos a todos.

-¿Hubo algo que te complicara de este rol, Martín?

-Es un poco odioso lo que voy a decir, pero hace rato que dejé de contestar lo políticamente correcto. Pero no fue un desafío difícil, porque preparando esta obra me di cuenta de que en realidad hice comedia musical desde que nací. Le pedía a mi mamá la merienda cantando y bailando. Cuando entré a este género, me sentí muy feliz. Es como si recordara, tal vez lo hice en otras vidas. Es algo que me fascina y siento que me calza como un guante. Desde esa perspectiva, no me costó. En realidad, lo que más me costó en no producir. Esta es una comedia musical muy moderna y eso la hace muy popular. No tenía ni idea cómo nos íbamos a llevar con Fernando, el es muy talentoso pero es más pendejo, yo soy muy exigente. Ricky me dice: “Mirá que vamos a repetir mil veces” y yo le digo, “mil me parece muy poco”. Pero todo el equipo es super profesional. Estoy acostumbrado a estar todo el tiempo en el escenario y acá me voy en un par de escenas y lo escucho cantar a Fer y digo, qué bueno que yo no estoy y las cosas funcionan igual o mejor.

Compañeros. De edades y formación distintas, Bossi y Dente se reconocen en la pasión por el trabajo. Foto: Germán García Adrasti

Dente: Esta obra pone play y hasta el final no para. Es un gran trabajo en equipo que requiere de mucho profesionalismo en todos los rubros. Cuando me cuentan la propuesta se me pasó por la cabeza, qué difícil va a ser con un tipo que hace diez años que viene trabajando solo y el musical es equivalente a equipo. Pero apenas lo conocí me di cuenta de que es un apasionado y muy seguro de sí mismo. La pasión por el proyecto es fundamental. Yo vengo de otros proyectos que no tienen nada que ver, como Aladdin, también me permite descansar en Martín y en el equipo. Nos percibíamos muy distintos y estamos sorprendidos lo parecidos que somos.

Bossi: Creo que a pesar de vivir muy conectados, a la vez es la era en la que estamos más incomunicados unos con otros y me da miedo eso. Tal vez hay muchos chicos que, para trascender, no pasan por escuelas o academias de teatro o canto y recurren directamente a estas nuevas herramientas que son las redes. Pero tanto Fer como Sofi Morandi, la otra protagonista, los veo a ellos y a los otros bailarines y a los seis drags, que tienen menos de 30 años, y son todos muy formados y me da una alegría enorme.

Dente: Nunca un instagramer va a competir con un actor, a largo plazo. Son universos paralelos. Y es eso, depende del objetivo que tenga cada uno en la carrera. Nadie ocupa el lugar de nadie.Para formarte en esto y levantarte todos los dias y tomar clases sin parar, tenes que tener una motivación importante porque si no, no lo podés sostener. Uno no sabe el cómo, sabe el qué y eso te va guiando. El musical, para el actor, es como usar todos los ambientes de la casa y eso para mí, es lo que más me fascina. Lo que más me gusta del teatro es la gente que lo hace, delante y detrás del escenario y acá hay mucho talento de ambos lados.

-La obra llega en un momento donde las cuestiones de identidad de género y equidad de derechos están más vigentes que nunca.

Bossi: La obra llega en el mejor momento para eso. Es muy moderna y es ideal para decodificar todos estos temas. Y el nivel de producción es idéntico al de Broadway. Y nos la jugamos con eso también. El concepto de la obra es un dúo, uno que hace y otro que no. Y después cambia. Y ese juego es muy divertido..

Dente: Somos 30 en el elenco, con músicos en vivo. Es una obra conmovedora y divertida a la vez.

-¿Cómo creen que puede impactar en cuanto a público, este momento de crisis?

Dente: Hago teatro desde hace 12 años y siempre es dificil. Confiamos en la calidad.

Bossi: Me gustó que la obra hable de la deconstrucción, de la aceptación, de mostrar lo machirulo que podemos ser. Yo fui un poco como Charlie, intentando ocuparme de la casa de repuestos de mi papá, pero después me rebelé. Estamos entusiasmados por contar esta historia. En este momento, es necesario.

-Supongo que hay muchos pares de botas disponibles para la obra.

Bossi: Sí. hay muchos pares. Ya estoy ensayando con unas a las que ya me habitué. Un día caminé con unas altísimas en Nueva York y casi me mato. Es muy divertido. Les saco como 20 centímetros a los chicos.

-Son casi zancos.

Bossi: Tengo ansiedad, ya quiero estrenar. Quiero que venga a ver la obra mi tío Horacio, mi mamá, los que vienen de mundos completamente diferentes.

Quién es Cindy Lauper

La autora de las canciones de Kinky Boots es Cindy Lauper, uno de los íconos de la música pop de todos los tiempos. Nacida en Nueva York en 1953, desarrolló su carrera como cantautora y multiinstrumentista desde muy joven. La década del ’80 fue el momento en que varios de sus temas se convirtieron en hits que siguen siendo hasta hoy, inoxidables: She’s So Unusual, Time After Time, True Colors y Girls Just Want to Have Fun (Las chicas sólo quieren divertirse), entre otros. Este último tema pasó a ser un himno feminista y Lauper, una adelantada a los movimientos por los derechos de las mujeres.

Cindy Lauper, un ícono pop, compuso “Las chicas sólo quieren divertirse”. Foto: AFP/ Angela Weiss

Ganadora de numerosos premios Grammy, Emmy y Tony, Cindy es además, una defensora de los derechos LGTBQ+ desde hace décadas y las letras de Kinky Boots así lo demuestran. A lo largo de su carrera ha vendido más de 80 millones de discos, se caracterizó por una imagen siempre un poco extravagante, con el pelo pintado de distintos colores. Siempre carismática, Lauper también participó como actriz en varias series y películas y actualmente sigue realizando giras y trabajando en nuevos géneros musicales.

Del cine británico a clásico de Broadway

Desde que llegó a los escenarios de Broadway, en 2013 (un año antes de su arribo a Nueva York había estrenado en Chicago), Kinky Boots no paró de agotar entradas. Con música y letras de Cindy Lauper (con esta pieza hizo su debut en Broadway) y libro de Harvey Fierstein, la obra está basada en una película británica de 2005. 

Pero a su vez, el filme está basado en un hecho real ocurrido en Inglaterra en 1999, en el que un fábrica de calzado militar estuvo a punto de quebrar y cerrar sus puertas pero se salvó de la ruina gracias a una insólita asociación con un grupo de travestis, cuando empezaron a fabricar zapatos para drag queens. 

Luego de ganar varios premios Tony (el más prestigioso del género), la obra continuó su derrotero de gira por distintas ciudades de los Estados Unidos hasta que bajó el telón hace pocos meses, el 7 de abril de 2019. Ahora, las botas rojas vuelven a renacer en Buenos Aires.

WD

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