Mark Ruffalo y su trágica historia de vida



Hay muchas cosas de las que Mark Ruffalo puede presumir, o vanagloriarse. Pero no, él es un tipo sencillo, modesto y directo a la hora de hablar con la prensa, y dentro de sus logros personales se cuenta ser uno de los dos protagonistas de Avengers que participó activamente en una película ganadora del Oscar. Era una de las cabezas del elenco de En primera plana, o Spotlight (2015). OK, Jeremy Renner, Hawkeye en la saga de Marvel, lo hizo en Vivir al límite, o The Hurt Locker, pero fue antes de que comenzaran Los Vengadores.

De todas maneras, a Ruffalo no le niebla la vista nada de esto. Es uno de los actores más queridos, por compañeros de trabajo y fans. Invita a sus fanáticos a los sets de rodaje de sus películas, y se ha encolumnado en la defensa de causas sociales y políticas. Es muy apreciado en Hollywood, y uno de los pocos que ha sabido mejor mantenerse en el espacio del cine independiente del que provino, y alternar superproducciones cono películas de tono más intimista y costo mínimo. Sí, de esas que suelen ser candidatas a los Independent Spirit Awards -porque tienen un costo que no supera los veinte millones de dólares-, y también al Oscar.

Como El precio de la verdad, o Dark Waters, de Todd Haynes, que se estrena el jueves entre nosotros y donde encarna Rob Bilott, el abogado que ejerce como defensor corporativo y que contra viento y marea (y más poderes) inicia una demanda ambiental contra la empresa Du Pont, la compañía química que contaminó aguas y envenenó a miles de personas.

En “El precio de la verdad”, que estrena el jueves 12 de marzo, Ruffalo interpreta a otro personaje de la vida real, un abogado que demandó a la empresa Du Pont por contaminar a mies de personas. BF

A sus 52 años, Mark Alan fue candidato a tres Oscar, siempre como actor de reparto, y nunca, todavía, lo obtuvo. La primera nominación fue por Mi familia (The Kids Are All Right, 2010, de Lisa Cholodenko), en la que era el padre biológico de dos niños concebidos por inseminación artificial, que se suma a esa familia de madres.

La segunda fue por Foxcatcher (2014, de Bennet Miller), donde interpretó a un personaje de la vida real, el luchador y campeón olímpico David Schultz, en la que el comportamiento destructivo de John du Pont (Steve Carell), el millonario que solventaba al equipo olímpico estadounidense, terminó en tragedia. Sí, de la familia Du Pont, la de El precio de la verdad.

En “Mi familia”, su primera nominación a un Oscar.

La tercera, y más reciente, fue también por encarnar a otra persona viva. En la ya mencionada ganadora del Oscar Spotlight o En primera plana, de Tom McCarthy, fue Mike Rezendes, uno de los periodistas del diario Boston Globe que investigó uy destapó el caso de pedofilia en la Iglesia católica, y cómo era encubierta por la Arquidiócesis.

Pero Ruffalo se debió sobreponer a la bancarrota de su familia, y a un tumor cerebral.

Nacido en Winconsin, fruto de la relación de un pintor de casas y una peluquera, Mark y sus tres hermanos tuvieron una infancia feliz. Se crió dentro del Bahaísmo, una creencia religiosa a la que abrazó su padre, y que consiste en unificar todo a partir de un “gobierno de paz, armonía y felicidad”.

Junto a Channing Tatum, en una escena de “Foxcatcher”, que compitió en Cannes.

Tenía una dislexia no diagnosticada, y la vida en la escuela primaria parece que no fue fácil. De adolescente se destacó en la lucha libre, por lo que la escuela secundaria intentó becarlo, pero como había descubierto su pasión por la actuación, la desestimó.

“En mi último año, abandoné la lucha libre y tomé una clase de teatro. Uno de los niños quebró el brazo y me pidieron que lo reemplazara. Salí al escenario, y supe que eso es lo que quería hacer por el resto de mi vida” dijo en una oportunidad.

Pero las cosas no mejoraron en casa. Se mudaron a San Diego, a su padre no le fue bien en el trabajo y abandonó a él, a sus tres hermanos y a su madre, y regresó a Wisconsin. Mark se mudó a Los Angeles y tomó clases de actuación con la mítica Stella Adler.

“En primera plana”, o “Spotlight, la ganadora del Oscar.

Pero pasó por más de 700 audiciones, y no quedó en ninguno de los trabajos a los que se presentó. La ira se apoderó lentamente de él (“ibas a mi departamento, en el que compartía con amigos y comíamos de la misma olla de pasta durante una semana, y encontrabas posters en las paredes: tapaban los agujeros de los golpes y objetos que arrojaba…”, ha dicho). “Supe de dónde sacar material para interpretar a Hulk”, bromeó.

Como no podía dormir, le hicieron estudios, entre ellos una resonancia magnética.

Encontraron una masa indefinida del tamaño de una pelota de golf detrás de su oído izquierdo. Era un neuroma acústico, que le extirparon de inmediato. Casado ya con la actriz Sunrise Coigney, no le contó nada a nadie, porque estaba a punto de ser padre… Se operó, pero momentáneamente perdió la audición de ese oído y se le paralizó la mitad del rostro. Pero sus nervios faciales se recuperaron después de diez meses.

Con el director Todd Haynes, en el rodaje de la inminente “El precio de la verdad” (Dark Waters).

En diciembre de 2008, su hermano Scott, con quien había vivido en Los Angeles, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza. Habría sido en un juego de ruleta rusa.

Como sea, Ruffalo casi que se autoinventó a sí mismo. Y a sus 52 años, es de los pocos intérpretes a los que uno ve sumergirse en sus papeles y salir a flote. No es poco.

E.S.

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