Marisa Brel, sobre el fin de su matrimonio con Carlos Evaristo: “Hace algunos años que ya no compartíamos vida de pareja”


Este año festejaban las Bodas de Plata, pero decidieron que separarse porque ya no tienen proyectos como pareja. Si bien hay mucho amor y respeto, Marisa Brel y Carlos Evaristo ya viven en casas separadas, aunque muy cerquita, en el mismo barrio privado de Tigre al que se mudaron hace ocho años. Padres de Paloma (18) y Timoteo (8), tienen las cosas muy claras: “Tomamos esta decisión por el bien de la familia y seguiré hablando con mucho amor de Carlos”, le confiesa la periodista a LA NACION.

“Hace muchos años tuvimos una crisis y recuerdo que fue tan impactante, que iba a almorzar a lo de Mirtha Legrand y seguía preguntándome si estaba separada. Carlos nunca se fue de casa. Ahora sucede lo mismo porque la gente creía que éramos los Ingalls, y nadie es perfecto. Yo pasé más tiempo con él que sin él: estoy con Carlos desde mis 23 años. Este año cumplimos 25 años de casados y un poco más de dos años de novios. Para mí es toda mi familia porque no tengo mamá ni papá ni hermanos ni tíos. La familia la creé con Carlos”, indica.

-¿Qué pasó entonces?

-Pasó que el amor se va transformando: primero sos pareja, familia, padres y después, hermanos. Nos pasaron cosas muy duras en estos años: murió mi mamá, después mi papá, en el ‘99 tuve un embarazo ectópico y casi me muero. Y después vino la búsqueda con fe y ciencia, 12 tratamientos in vitro durante 6 años.

-Perdieron la pasión…

-Hablo de eso. No se terminó el amor, porque va a ser mi compañero siempre. Pero ya estábamos como dos viejos chinchudos, con discusiones tontas que molestan en la cotidianidad. Cuando tomamos la decisión de separarnos, ya nos reíamos. Todo fue muy evaluado, conversado, sin guerra ni conflictos, sin terceros en discordia. Como familia somos súper unidos y seguiremos siéndolo, pero hace algunos años que ya no compartíamos vida de pareja.

-¿Cada uno dormía en su cuarto?

-Sí, pero eso hace diez años. Él ronca y yo no podía dormir, lo despertaba y después no se podía dormir él, le daba insomnio y a mí culpa, y no dormíamos ninguno de los dos. Como teníamos lugar, decidimos que cada uno tuviera su cuarto. Les decía a mis amigas que la clave de la convivencia es habitaciones separadas. De verdad es súper cómodo: soy fanática de que cada uno tenga su habitación y su baño, porque está bueno crear los propios espacios dentro de la familia. Eso nos funcionó.

-¿Qué otras diferencias tienen?

-Yo viajo mucho y él es muy bohemio: Carlos es feliz con su teatro El Túnel, sus clases y sus alumnos y claro, sus hijos, su familia Ese es su foco. Por ahí le pedía que me acompañara a un viaje y no podía por las clases. Lo entiendo, pero mis necesidades eran otras. Siempre voy a agradecer la libertad que me dio. Él volvía a la medianoche de dar sus clases y yo lo respetaba, y cuando yo decidía ir de viaje, él me respetaba.

-¿Qué pasó una vez que tomaron la decisión?

– La casa estaba en venta hace algunos años pero una vez que lo decidimos, se vendió en cuatro días. Evidentemente, todo fluyó. Nos compramos dos casas, en el mismo barrio privado, en Tigre. Amamos nuestro barrio. Nos mudamos hace una semana y nos vemos tres veces por día porque él está a tres minutos en auto, dentro del barrio. La idea es para que los chicos puedan ir y venir libremente. No nos interesa tener pautados días y horarios con los chicos. Para nosotros la familia es lo más importante, no sé qué pasará el día de mañana si alguno conoce a alguien, pero la prioridad es esta y tendrán que bancar que nos adoramos.

– ¿Pensaste en qué pasaría si uno de los dos conoce a otra persona?

– No estamos en esa etapa. Ni tampoco hablamos de divorcio todavía. No está ahí nuestra energía. No nos separamos para tener otra pareja. Ni siquiera está en mis pensamientos porque después de tantos años de casada no estoy preparada para otra pareja. Si pasa, le deseo que le toque una gran mujer, porque es un gran hombre. Y deja la vara muy alta.

-¿Cómo se lo dijeron a los chicos?

-Paloma ya es grande y sabía de nuestras pequeñas crisis que no eran peleas sino necesidades diferentes de la pareja. Carlos es súper casero y yo quisiera vivir arriba de un avión. Él es feliz en su teatro y yo viajando por el mundo. Siempre nos respetamos, pero Carlos en un momento me dijo que era hora de que yo cumpliera mi sueño de ir a vivir a Miami.

-¿Tu idea es instalarte en Miami?

-Le dije que no es momento porque el nene es chiquito y no lo voy a separar ni loca, ni de él ni de la única abuela que tiene y que amo y va a seguir siendo mi suegra. Más adelante quizá. Estuvo mucho en mis planes, pero no es solo un viaje sino un proyecto. Como pareja no tenemos proyectos más que nuestros hijos, que son una realidad.

-¿Hoy cómo estás?

– Nos estamos acomodando la vida, adaptándonos. Y estoy permitiéndome reencontrarme conmigo misma, ver qué me pasa, qué siento. Mi foco es Timoteo, que tiene “mamitis” y “papitis”, y está bien. Es sabio: cuando vendimos la casa nos abrazamos con Carlos, celebrando, y le dijimos que ahora íbamos a tener dos casas y Timo contestó que iba a tener dos habitaciones, y ahí nos reímos mucho. Qué lindo que lo puedan tomar así. No había que sentarlo y decirle que mamá y papá ya no se quieren. No vieron peleas ni discusiones. Elegimos separarnos como pareja pero seguimos siendo una familia. Todo fluye, sin estrés, sin elegir el drama. Ya tuve mucho drama en mi vida, casi se nos muere nuestra hija y después de eso nos aferramos el uno al otro. Y ahora estamos acostumbrándonos a convivir con los estudios que hay que hacerle cada seis meses. Paloma está bien, no tiene que tomar ni una aspirina, y mientras el tumor no crezca no hay peligro de vida.

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