Mariana Fabbiani: “Para mí, el abuelo era un superhéroe”



No hizo uso del apellido materno para agarrar un atajo artístico -como sí hacen otros- y se las ingenió para construir una trayectoria de más de 30 años alejada de los beneficios familiares, pero a Mariana Fabbiani, más de una vez, la siguen presentando como “la nieta de Mariano Mores”. A los 44 años, lejos de molestarle la etiqueta, la emociona.

De hecho, cuando tira de la memoria para contar cómo fue la Marianita de los ‘70 y principios de los ‘80, el abuelo Mariano aparece en los relatos cada dos por tres.

Hija de Silvia Mores y de Alfredo Fabbiani, la conductora de El diario de Mariana (El Trece) se define en una frase que, tranquilamente, podría representar el espíritu de toda esta nota: “En la familia soy la guardiana de los recuerdos”. También habría que darle un crédito a la mamá, que estuvo el domingo ayudando a encontrar viejas fotos archivadas quién sabe dónde. Silvia sabía.

“Mamá, Polín y yo en Mar del Plata”, rememora Mariana Fabbiani.

“Me encanta mirar fotografías. En casi todas estoy muy alegre, que es lo que me distinguía. No encuentro una en la que esté enojada. Siempre fui el payasito de la familia. Y esa nena está protegida, impecable”.

“Estar con el abuelo siempre era una fiesta. Fue mi gran ejemplo”, dice Mariana de Mariano Mores.

“Me recuerdo alegre, contestadora, cocorita, justiciera, independiente. Tengo una hermana, Polín, que en muchas cosas es muy diferente a mí. De hecho ella es morocha y yo rubia, ella es introvertida y yo muy para afuera y es la versión mejorada de las Fabbiani… porque es muy alta y yo no”.

“Con mi hermana. Polín y yo somos muy unidas”.

“Las vacaciones en el campo de Corrientes están entre los mejores momentos de mi niñez. Al día siguiente de terminar las clases nos íbamos los cuatro y pasábamos allá las fiestas con mis primos. Eran días de 44 grados, con un calor increíble, pero para mí eran lo más. Siempre me hizo bien el contacto con la naturaleza”.

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“Nos metíamos en la laguna de noche y nos bañábamos con jabón y todo. Era un flash todo eso. No había mucho para hacer, pero, al mismo tiempo, había de todo por hacer y yo le buscaba la vuelta al divertimento, me iba a buscar naranjas, me iba siempre a hacer algo. Ya de chiquita era inquieta. Y sostengo que en el aburrimiento uno encuentra la creatividad”.

“En Mar del Plata, con mi abuelo, mi abuela Myrna, mi hermana, Polín y los perros que vivían allá, Grisel, como el tango, y Tony”, busca en su memoria Mariana Fabbiani.

“Enero y febrero los pasábamos en la casa que tenían mis abuelos en Mar del Plata, la famosa casa de los Mores, a la que también íban mis otros abuelos. Ahí hacíamos shows caseros y todos le dábamos rienda suelta a nuestra veta artística, entre ellos mi abuela Myrna (esposa de Mariano). Y, además, veíamos todos los espectáculos de la temporada”.

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“La versión casera del abuelo es alucinante. Era un gran asador y durante el día se la pasaba arreglando cosas. Me cuentan que cuando se me rompió un chupete él hizo todo lo posible por arreglarlo. Y ahí me di cuenta de que no lo podía todo. Pero para mí, el abuelo era un superhéroe”.

“Acá tenía 3 años”, dice Mariana Fabbiani.

“En esa casa había un cuartito azul (como el tango que compuso don Mores) y un piano que sonaba todo el día, todos los días. Ahora ese piano está en mi casa y mi hijo, con 5 años, se sienta y toca como puede. Es muy fuerte esa imagen. Por ese cuartito pasaban todos, Tita Merello, Los Chalchaleros, Horacio Guarany, gente con mucha historia. Horacio sentía un gran afecto por mí, era muy cariñoso y para mí él era ‘el señor de la barba’. Y recuerdo que Tita me llamaba mucho la atención”.

Mariana Fabbiani: “Mirá lo que es esta foto… 1 añito tenía. Siempre riendo”.

“La de Mar del Plata era una casa con mucha música, mucho arte, aún en tiempos de descanso. Ahí descubrí la faceta bricolage del abuelo. El 18 de febrero era su cumpleaños (murió a los 98, en 2016) y él abría la puerta e invitaba a los periodistas que cubrían temporada a comer un asadito. Y, yo ya grande, he ido especialmente ese día para no perderme el ritual de su cumple. Era un gran anfitrión”.

“Con mi papá, siempre rodeados de naturaleza. Ésta en el río”, el recuerdo de Fabbiani.

Otra postal de Mariana Fabbiani. “Ésta es en el mar. Salir de pesca con papá era divertidísimo”.

“Mi viejo es una especie de Indiana Jones. Cuando estábamos en Mar del Plata su hobby era salir con la lancha a pescar tiburones… después los devolvía al agua, por supuesto, porque es un gran proteccionista de los animales. Ir con él era una salida hermosa. Compartíamos muchas aventuras, eran planazos”.

“Primer día de clases en la Escuela Argentino Modelo”. El recuerdo de Mariana.

“De los sabores de aquella época no me olvidaré jamás los de la pasta frola de membrillo, los pastelitos fritos. Mi mamá cocinaba muy bien, hasta que un día dijo ‘basta’ y se plantó. Igual, cada tanto le pido que me haga su budín del cielo, con leche condensada. Y el casero de Mar del Plata, que era un divino, hacía una paella increíble para miles de personas. Bueno, también me viene ahora a la mente el surubí que comíamos de Corrientes”.

“Ya de chiquita exploré la veta artística”, asegura Fabbiani.

“Cuando pienso en los gustitos de mi infancia también llego directo al abuelo, porque era un bon vivant total, nunca se privó de nada. Mirá que sobre el final, ya enfermo, escondía bolsas de con palitos de la selva abajo de la cama”.

“La música me marcó de chica, porque mi vieja me hacía escuchar de todo, especialmente la música española. Creo que de ahí viene mi fanatismo por el flamenco. Igual, casi todos en la familia tenemos pasión por el canto o por el baile”.

“Me gustaba mucho bailar y la danza clásica me fascinaba”, dice Mariana Fabbiani.

“En Mar del Plata vivíamos al lado de un hotel y el hijo del encargado era amigo nuestro. Se llamaba Carlitos. Un verano, cuando éramos muy chicos, nos ofreció a mi hermana, a mis primos y a mí hacer un show en el comedor y nos presentaron como “Los nietos de Mores” y después pasamos la gorra. Lo hicimos de caraduras y fue muy simpático, pero nos comimos un reto de nuestros padres que ni te digo”.

“Con mis primos Gabriel y Marcela, y mi hermana Polín, que no se le ve la cara porque odiaba las fotos”, se ríe Fabbiani

“El de la música era un camino que parecía como predeterminado para mí y un día (Daniel) Tinayre me dijo ‘Vos tenés que hacer algo con la música’. Pero tengo en claro mis limitaciones. Canto, pero no brillo”.

“Con mi primo, que no sé qué tiene en la mano haciendo de micrófono. La cocina era nuestro escenario”. Un recuerdo de la famiiia Mores, por Mariana Fabbiani.

“Mi abuelo me llevaba mucho al teatro y yo sentía que me tiraba eso. Quería estar ahí arriba, había algo de la expresión artística que me tiraba. Los abuelos siempre me alentaron mucho y mis viejos también, pero ellos me pedían que tuviera cuidado. Que no hiciera nada antes de tiempo. Así que estudié teatro y también marketing, como para darles el gusto”.

Mariana y su mamá buscaron las fotos en sus casas, a pedido de Clarín.

Madre de Máximo y Matilda y esposa del productor Mariano Chihade, trabajó un tiempo como actriz y luego perfeccionó su arte de conducir. El año que viene estará al frente de un ciclo de entretenimientos que emitirá El Trece. Pero está nota mira más hacia atrás que hacia adelante. Por eso también suena mucho el nombre de la abuela Myrna, gran referente de sus años de niña.

“Siempre fui muy pudorosa y jamás saqué chapa, tipo ‘soy la nieta de’. Sólo una vez, muy chica, lo usé para poder entrar al Ital Park. Creo que le di ternura al tipo. Y nunca más usé ese recurso.Y, te cuento algo muy íntimo, en uno de sus últimos días me dijo algo que me gratificó mucho: ‘Nunca me pediste nada, hiciste solita tu propio camino’. Y eso me emocionó mucho. Entre otras cosas, de él aprendí la gratitud”.

“Acá con mamá (Silvia, hija de Mariano)”, Fabbiani dixit.

“De mis golosinas preferidas me acuerdo del chocolate Jack, de las mielcitas, del bocadito Holanda, de los habanitos de chocolate y del turrón Namur”.

El bocadito Holanda, uno de los preferidos de Mariana Fabbiani.

Nacida en Capital, pasó sus primeros años en Corrientes y ya hizo la primaria en Buenos Aires. Estudió en la Escuela Argentina Modelo y “fui abanderada toda la vida. Pero ojo que no era una traga amarga, me divertía bastante”.

“Aquí con la bandera. No era traga amarga, eh”, asegura Fabbiani.

“Creo que me despedí de la niñez en el inicio de la secundaria, sobre todo porque a los 13 empecé a trabajar en publicidad. Hice un comercial de Pepitos, gané 300 pesos, que era una fortuna en aquel tiempo y ahí se me abrió el camino de los casting y no paré. Deseaba terminar rápido el colegio para poder laburar, pero no me moría por ser modelo. De hecho en 5° ya empecé a estudiar teatro”.

Sale de la experiencia de mirar atrás, reencontrarse, hacerse cargo de la que fue e, inmediatamente, se anima a pincelar la que es.

Mariana Fabbiani: “Acá tenía 5 años”.

“De grande soy más infantil de lo que era de chica. Si me divierto me siento feliz, ahí está la clave de todo. Y mi sonrisa lo deja clarísimo, ¿o no?”.

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