Los discos de 2020 que hay que escuchar antes de que termine el año. o apenas comience 2021



Paul McCartney, Fiona Apple, Bruce Springsteen y Taylor Swift editaron grandes discos en este 2020

Los años de crisis suelen ser buenos años para el arte en general y la música en particular. Y un año tan complejo e imposible de imaginar tan solo doce meses atrás debía atravesarse (mejor) con grandes discos, como los que seleccionamos en la Redacción. De paso, el resumen funciona como una buena guía de álbumes para descubrir y redescubrir de este extraño 2020 que deseamos que no vuelva nunca. Pasen, lean y escuchen (y recomienden los suyos, si gustan).

Criptograma, Lisandro Aristimuño

Después de un álbum orgánico y despojado, Aristimuño volvió sobre su fórmula clave para el abordaje de la canción. Criptograma tamiza a Thom Yorke y el Charly García de Clics Modernos a través de un filtro patagónico en el que se suceden piezas de aire otoñal (“Señal 1”), chispazos de folktrónica espesa (“Loop”), bocetos de intimismo frágil (“Hoy no fue ayer”) y momentos en los que el pulso rockero sirve para plantear un crossover inesperado (“Comen”, grabada junto a Wos). El final con “Baguala 1”, una pieza a capella procesada con Vocoder, es una prueba más de que Aristimuño se mueve con más soltura cuando lee las tradiciones con las herramientas del presente. J.V.

McCartney III, Paul McCartney

Paul McCartney tenía planeado recibir sus 78 años sobre un escenario, hasta que la pandemia de coronavirus lo obligó a quedarse puertas adentro. Confinado en su casa de campo en Sussex, con sus hijos y nietos, Sir Paul retomó la rutina de escribir canciones y comenzó a dar forma a un álbum grabado en su estudio hogareño. McCartney III no sólo tiene el mérito de tener al exbeatle haciéndose cargo de toda la instrumentación y producción, sino también de que el resultado final sea un disco experimental y poco amigo del hit, con piezas de más de ocho minutos que nadan las aguas del trip hop (“Deep Deep Feeling)”, algún soul intenso (“Deep Down”) y canciones de pura cepa mccartiana (“Find My Way”, “Women and Wives”). J.V.

After the Curtains Close, Jonathan Bree

En 2018, el neozelandés Jonathan Bree decidió que tanto él como los músicos que lo acompañan debían ocultar sus rostros tras máscaras lisas de lycra. Dos años después, el recurso sigue ahí y se vuelve tan solo una arista más de una maquinaria creativa compleja que mezcla indie pop, pop barroco y fanfarrias orquestales, a mitad de camino entre Air y los momentos más melodramáticos de Serge Gainsbourg. De voz grave y melancólica, Bree repasa en After the Curtains Close las últimas horas de una relación sentimental que pasó a mejor vida, con distintas cantantes invitadas (Princess Chelsea, Crystal Choi) para los momentos en los que el relato necesita convertirse en un ida y vuelta. Todo suena como si los maniquíes de una vidriera cobrasen vida y se pusieran a repasar canciones que Lee Hazlewood grabó junto a Nancy Sinatra. J.V.

Tigre Ulli, Tigre Ulli

A solo un año de retirarse de Las Ligas Menores, María Zamtlefjer rearmó sus piezas para un proyecto en solitario con nombre de banda propia. Secundada por su pareja, Tom Quintans, cantante de Bestia Bebé, María dio forma a una selección de siete canciones que, según su propia creadora, hablan “un poco de amor, un poco de libros y también de películas”. En poco menos de media hora, Zamtlefjer crea un universo propio con reminiscencias a Yo La Tengo y Galaxie 500 donde puede haber destellos pop entre rasgueos cristalinos (“Noche azul”), evocaciones de dream pop entre cataratas de eco (“Especial T”), arrebatos enérgicos (“El final”) y algún guiño a la educación sentimental y formativa (“Bestias de las almas”, un cover en castellano de Tobin Sprout, guitarrista de Guided By Voices). “El silencio es demencial y ya no sé cómo escapar / porque si algo está mal al final, vos lo vas a arreglar”, expresa María, como en un recordatorio de que siempre es mejor contar con compañía para hacerle frente a las adversidades. J.V.

Letter to You , Bruce Springsteen

La muerte del último de los compañeros de la banda que tuvo en su adolescencia puso a El Jefe en plan reflexivo. Su primer disco acompañado por la E Street Band en seis años comienza acústico con Springsteen filosofando sobre la mortandad, hasta que la segunda canción pone la maquinaria a rodar a pleno, con las guitarras de Nils Logfren y Steven Van Zandt como mascarón de proa. A sus 71 años, el autor de “Thunder Road” da forma a su mejor disco en mucho tiempo, con chispazos anti Trump (“Rainmaker”), invitaciones a ser parte del cambio colectivo (“House of Thousand Guitars”, “The Power of Prayer”) y, sobre todo, grandes momentos de enjundia rockera (“Letter to You”, “Ghosts”). Sobre el final del álbum, en “I’ll See You In My Dreams”, Springsteen saca una conclusión final que bien vale propagarla: el paso del tiempo no reviste gravedad alguna conforme sepamos cómo usarlo con buen criterio. J.V.

Folklore, Taylor Swift

Entre la desolación y la resignación, el primer tema de Taylor Swift (“the 1”) abre paso a lo que podía o debía haber sido. Justo en un año donde el suspenso resignificó postergaciones, es evidente que a Folklore lo atraviesan dos cuestiones: la pandemia que todavía sí y el amor que ya no. Esta forzada introspección permitió un viraje: Swift se apropió de esto para tomarse licencias, sin pensar en romper charts o en el tema para que el público coree. La melodía predomina el recorrido emocional, que transcurre como una película, irremediable en la pérdida, pero también en el crecer. Gran parte del cancionero fue escrito por la cantautora estadounidense en conjunto con Aaron Dessner, que también produjo el disco. En este fluir indie-folk se destacan “exile”, junto a Bon Iver; “mirrorball”, “august” y “the 1”. Todo en minúsculas, como quien no quiere la cosa. Que, aun así, sucede. S.M.

Fletch the Bolt Cutters, Fiona Apple

El quinto disco de estudio de la cantante tiene cinco años de trabajo encima. Y se edita a ocho del anterior, The Idler Wheel. Apple se vuelve salvaje, igual que sus gritos afinados, igual que el piano que machaca y reitera, percusiona. Lo mismo que los silencios a mitad de tema (“Shameika”). Contrasta cierta dulzura en atisbos de voz o de melodía, con el recitado (casi hablado, inscripción beatnik) y los arrebatos industriales en una composición artie. El cuerpo del que escucha no sale ileso de Fletch the Bolt Cutters y esto es bueno: modifica, extraña, detiene. Entonces, el artificio fabril se combina con la pulsión animal (perros, gatos) y una osadía casi inesperada. S.M.

Rough and Rowdy Ways, Bob Dylan

Contengo multitudes. El postulado es mucho más que el nombre del tema “I Contain Multitud”, que abre lo nuevo de Bob Dylan. Es un fragmento del famoso “Canto a mí mismo” de Walt Whitman. Y de eso se trata Rough and Rowdy Ways, de contener multitudes en el propio ser y de cantarse a uno mismo (de Bob a Bob). Ocho años después de Tempest (último disco de composiciones propias de Dylan, antes de la trilogía de versiones), y cuatro años después del Nobel de Literatura, el compositor se luce también cantando. Hay poesía, hay sabiduría, hay preguntas sin respuesta, hay R & y folk, hay creación (“My Own Version of You” habla de dar vida a una persona y también de la historia de la Humanidad). En medio de citas o alusiones a otros clásicos (William Blake, Shakespeare), Dylan sabe que ésa es su propia condición y lo sigue afirmando con este disco. La de clásico, por supuesto. S.M.

Shore, Fleet Foxes

Orilla, esa palabra que tanto significado tiene para nuestra tradición literaria (Borges conceptualizado por Beatriz Sarlo), es aquí un lugar de cruces también. De posibilidad de calma, pero sobre todo, de mojar los pies, de refrescar sin zambullirse. Así el tono del último disco de Fleet Foxes, emparentado con su propia historia y con otras (“Sunblind” resuena a las últimas propuestas de Echo & The Bunnymen). En su línea folk-rock amable y a la vez movilizante, es justamente este tema el que pide un reconocimiento, “una coronación” merecida para los héroes musicales del líder Robin Pecknold, como David Berman, Nick Drake, Otis Redding, Curtis Mayfield y Nina Simone, entre otros. Si la intención fue sumar un granito de calidez con su música y sus letras, la banda de Seattle lo hizo: brisa cálida, otoñal, frente al rumor de los manantiales. S.M.

Gracias por nada, Bestia Bebé

Inevitable, una vez más, pensar en el contexto de edición: un mundo averiado, estacionado en invierno, pidiendo y deseando “que se termine el año”. El cuarto disco de Bestia Bebé despliega recursos para su composición general: narrativas puestas al servicio de la historia que se cuenta (y de “La” historia), lógica del perdedor, arpegios, pizzicatos, impronta motorizada en la guitarra y la batería. De hecho, uno de los invitados es Santiago Motorizado que, junto a Mora Sánchez Viamonte (107 Faunos) participa de “¿Qué clase de ciudad es esta?”. Incluso como los platenses en su etapa de Día de los muertos, el dejo apocalíptico parece describir la pandemia en “El fin del mundo (otra vez)”, aquí con un ritmo cambiante, bailable y contagioso (en el buen sentido de la palabra). S.M.

Un canto por México Vol. 1, Natalia Lafourcade

No es nuevo que Natalia Lafourcade, como su antecesora Chavela Vargas, pretenda llevar la música de México al mundo: un camino que inició con Hasta la raíz, cuando se despidió de la versión pop que la catapultó en la industria en el año 2000, y que consolidó con el álbum doble Musas. Así es que en el 2020 le hizo una ofrenda a su tierra natal y le dedicó Un canto por México, volumen 1: un disco basado en un concierto benéfico que brindó el año pasado y que se enfrenta al enorme desafío de atrapar a los ajenos, dado que escucharlo puede resultar lejano para quienes no se sienten interpelados por los sonidos de esa tierra.

La propuesta transita ritmos que van de la alegría del baile a la profundidad y, para ello, cuenta con aliados como Jorge Drexler, Los Auténticos Decadentes, Carlos Rivera y Leonel García. La invitación es a dejarse conducir por la voz de esta mujer de Veracruz para recorrer su mundo. Aceptarla está en la capacidad de desprejuiciarse de cada uno, lo cual puede demandar varias escuchas. Una vez logrado eso, el viaje está garantizado y no hay nada más mágico que despegar los pies del piso y viajar con la música. M.P.

La conquista del Espacio, Fito Páez

“En el centro del caos vive el corazón de la fiesta”. Con estas palabras Fito Páez describe su último disco, La conquista del Espacio, que tiene una fuerte impronta social porque es allí donde el ídolo del rock argentino plasma su mirada del país. Y no anda con rodeos: más que jugar con metáforas, cuenta crudamente lo que sucede en el país (según su punto de vista, claro). Y lo hace junto a Lali y Mala Fama, quienes participan de este proyecto, que es protesta y que, a su vez, es celebración. Aquí Fito crítica la violencia policial y los índices de pobreza, desliza un “lo que” animándose al lenguaje inclusivo y dispara: “Hoy mataron a un pibe en Isidro Casanova de cuatro balazos / Por un telefonito de mierda en una esquina de Dios”.

“La guerra no se gana hasta que está todo el enemigo dominado”, anuncia en “Las cosas que me hacen bien”. Para lograrlo, Fito agarró sus armas y salió a dar batalla, consciente de que los rtistas saben “encender una hoguera con una guitarra” (o un piano). En “La rabia intacta” se pregunta: “Cómo se puede arreglar el mundo” y pide que “la nueva arca de Noé” no se olvide de la poesía, un “alma rebelde” con la capacidad de salvarnos. Ese es el mensaje que resuena en el disco: “El amor es lo único que te dará libertad”. M.P.

Es así, Las Pelotas

Lo hicieron otra vez. La banda que encabeza el Sumo -sí, sin ex por delante- Germán Daffunchio volvió a conectar su pulsión rockera con su sensibilidad melancólica. Parafraseando a Pete Towshend, Las Pelotas “grita verdad sin pedir auxilio”, se funde en un abrazo de banda que no solo es el de la tapa, sino el que atraviesa cada una de las diez canciones. “Es así” -que da nombre al disco-, “Hasta que el sol”, “Ya lo sabés” o “Al final que somos”, por citar a algunas de las canciones tan logradas como redondas, ya son parte del cancionero de una banda que supo curar las heridas y reinventarse a tiempo. S.E.

Pasionarias, Silvia Iriondo

Este disco, que nace con un cambio década, comenzó a gestarse hace 17 años, mucho antes que varios álbumes que la cantante Silvia Iriondo ha publicado a lo largo de su carrera. La idea surgió cuando comenzó a conectar la obra de Frida Kahlo con canciones de varias compositoras. Así fue que armó un cuarteto de mujeres: la artista plástica y las compositoras Chabuca Granda, Violeta Parra y Leda Valladares. El resultado es una alternancia entre canciones muy conocidas y otras no tanto, en versiones exquisitas. Otro gran disco de Silvia Iriondo, que sobresale entre los álbumes publicados en 2020. M.A.

Proyecto María Elena Walsh, Elena Roger & Escalandrum

En 2016 la cantante y actriz Elena Roger y el grupo instrumental Escalandrum se unieron para grabar 3001 Proyecto Piazzolla, dedicado a las canciones escritas por Ástor Piazzolla. Cuatro años después grabaron y publicaron Proyecto María Elena Walsh, en coincidencia con el 90 aniversario del nacimiento de la artista. Se trata de dos discos (El reino del revés y Como la cigarra), uno con canciones “para grandes” y otro “para toda la familia”. Tanto por los arreglos como por la interpretación de Roger y del grupo que encabeza Pipi Piazzolla, las versiones suenan actuales y, a la vez, conservan la esencia y el modo como María Elena las cantaba hace varias décadas. Una gran pieza (en este caso doble) que se suma a las joyas de la discografía argentina. M.A.

A Written Testimony, Jay Electronica

A principios de los 2000, Jay Electrónica había emergido en MySpace como una de las grandes promesas del hip hop. Pero su búsqueda por un sonido y una lírica profundas fue tan intensa que desapareció de la escena y recién editó su disco debut en 2020, a sus 44 años. El sampleo a Litto Nebbia es apenas un dato de color para ostentar una conexión local. Lo realmente destacable de A Written Testimony es la forma en la que Jay Electrónica se sostiene como un samurai capaz de impartir sabiduría en un mundo cada vez más inhóspito para cualquier negro. El soul, el Islam, los beats minimalistas y la ambición conceptual hacen del disco una pieza orgánica y trascendental. S.CH.

Chromatica, Lady Gaga

Lady Gaga volvió al pop que la hizo brillar. Chromatica, su sexto disco de estudio, es una tesis de superación y baile. Un álbum que es, en palabras de la propia artista, “todos los colores, todos los sonidos. hablamos de inclusión y de la vida”. Así, la diva digital pinta su utopía en un planeta imaginario e invita a habitarlo tanto a las BLACKPINK (grupo femenino de k-pop) como a Elton John. Un cruce glam transoceánico y transgeneracional. De entre tanta gema, “911” sobresale como un himno para abrazar una vida de autoconocimiento y aceptación: “Mi enemigo más grande soy yo desde el primer día”. Redención y exploración en la pista de baile. S.CH.

Pray For New York, Ja’King The Divine

Desde las entrañas de Nueva York, cuna del hip hop pero ahora con una buena cantidad de años sin mostrar una escena competitiva en términos de popularidad, Ja’King The Divine aparece como una suerte de neoclasicista del género. Construye rimas sobre sampleos a Wu-Tang Clan y J Dilla y, en años de protestas por los derechos civiles, invita a “rezar por Nueva York”. Acá no hay concesiones melódicas ni coqueteos con el trap, acá hay hip hop puro y duro, con el flow como herramienta y la historia como estructura. Ja’King The Divine probablemente no tenga destino de masas, pero sí un futuro promisorio a la hora de construir un relato y una identidad con todo el espesor que la realidad social le exige. S.CH.

Spilligion, Spillage Village

Gospel, blues, soul, R &, jazz, funk. todo con el hip hop como elemento aglutinador. El colectivo de Atlanta, probablemente la meca de la música negra en Estados Unidos hoy, creó un collage sonoro que desborda en orgullo negro. El pedido de libertad y la búsqueda de lo trascendental suenan a grito conjunto, a una expresión que desborda edades y géneros pero que responde a un mismo origen. La forma en la que están trabajadas las voces, los planos sonoros y los cambios de texturas hacen que Spilligion se escuche a puro presente y el foco no se pierda entre tanta información, sino todo lo contrario: el exceso es forma y contenido. S.CH.

On the Tender Spot of Every Calloused Moment, Ambrose Akinmusire

Ambrose Akinmusire es una de las grandes trompetas de jazz del siglo XXI. Y su trabajo más reciente una muestra de todo lo que aún le resta por explorar en términos de lenguaje y también de melodismo. A partir de un viaje a su Oakland natal, el músico de Blue Note dio con su propia evocación de una ciudad que ya no es lo que era, producto de la gentrificación. Volver a su ciudad fue también volver a las raíces de su sonido y de su búsqueda, tal como lo demuestran las 11 composiciones propias del disco. Una vez más, para él, el tan revisitado y estereotipado debate modernidad-tradición en el jazz no es otra cosa que un mojón al cual pasarle por el costado, también por el medio, por encima y por debajo, pero nunca jamás quedarse a habitarlo. S.CH.

Producción y textos: Joaquín Vismara, Silvina Marino, Manuela Parajuá, Sebastián Chaves, Sebastián Espósito y Mauro Apicella

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