Los 75 años del nacimiento de Tanguito: el mito del rock argentino que se hizo popular a partir de una ficción



Lo de Tanguito fue extraño desde el vamos: un personaje casi marginal del rock (marginal) que ni siquiera llegó a grabar un disco y encima quedó eclipsado hasta por La Balsa, el tema que él mismo compuso junto a Litto Nebbia en el baño de La Perla del Once.

Veinte años después de su muerte, Tanguito se convierte en personaje y en leyenda con un éxito de taquilla impresionante. Hasta Susana Giménez vio Tango Feroz. Insólito, un millón y medio de personas por un tipo, pobre, José Alberto Iglesias, Tanguito, que ni así logró agotar el limitado stock de su disco de grabaciones encontradas.

Muy raro el caso Tanguito. Un punto de partida ninguneado hasta por el propio Tanguito, que en su canción más importante, La Balsa, decidió firmar Ramsés Vll. ¿Quién era ese faraón? ¿Quién lo llamaba así en el ambiente del rock? Si ese muchacho era alguien, era Tanguito. O Tango.

Tanguito, uno de los íconos más raros que dio el rock argentino; el primero caso de realidad aumentada del género. /Foto Archivo

Nos convoca una maldita efeméride (otra): 75 años del nacimiento de un prócer sin lugar en el panteón. De Cerati, por ejemplo, sabemos hasta que marca de reloj usaba. De Tanguito nadie en su sano juicio podría nombrar más de dos canciones. Sin embargo, su locura fue más que rentable para un movimiento que, créase o no, todavía hoy se sigue construyendo en base a personajes caídos en desgracia.

Al rock nacional le vino bárbaro un loco de atar que había sido internado en el Borda, donde hasta padeció descargas de electroshock. Setenta y cinco años tendría. ¿Quién sería, de estar vivo? Nadie. Un viejo que, como mucho, nos podría dar un testimonio algo más asertivo del que nos llegó siempre por medio de la Generación del ’60. Hablamos de una elite “gobernante”, de cierta intelligentsia que acompañó el surgimiento no ya de un movimiento, sino de una sociedad nueva.

Si cuando tuvo con qué, nadie reparó seriamente en Tanguito –uno de los grandes misterios de la humanidad este muchacho-, ¿quién podría ser hoy además de un abuelo con cierta perspectiva histórica? Una sola certeza: si viviera, Tanguito estaría aislado por ser población de riesgo.

Encima murió a destiempo: a los 26. Un año más tarde, y figuraba en la Primera Junta del famoso Club de los 27, como se le dice a los músicos y actores que, curiosamente, fallecieron a la edad de 27 años. Dos años de diferencia con Jim Morrison. Uno murió despatarrado en una tina de Paris. El otro, en las vías de un tren que pasa por Puente Pacífico.

Tanguito, el mismo que le afanaba vinilos a Spinetta y se inyectaba vaya uno a saber qué en el baño, no de La Perla del Once (ahí compuso La Balsa), sino en otro de la calle Arribeños, donde vivía el líder de Almendra.

Tanguito, el que tuvo un debut discográfico un poco vergonzante con Los Dukes. El que grabó Decí por qué no querés, un tema de Palito Ortega y después no cantó Despeinada, pero si Maquillada, cancioncita que parecía menos destinada a él que a Violeta Rivas.

Tanguito, el mismo que, según dicen, compartió escenarios de La Cueva con Sandro y Los de Fuego. Nada, ni un mísero registro fílmico. Ni un documento que fije testimonio de sus shows o de sus interminables caminatas de cadete administrativo por el micro y macrocentro. En verdad, ni siquiera hay pruebas demasiado fehacientes de que Tanguito haya puesto los pies sobre esta Tierra.

Eso sí, hay un comienzo y un grand finale. Pero sabemos más de Cristian U, el de Gran Hermano, que de uno de los padres del rock nacional. Y lo que se sabe es discutible como todo relato. Murió –dicen- en un confuso episodio el 19 de mayo de 1972.

A su alrededor, tristísimo todo: cuando pegó un hit, se consagró Litto Nebbia. Cuando en su honor se estrenó el fenómeno de Tango Feroz, su cadáver seguramente ya había dejado de ser exquisito. Cuando se dijo que iba a tomar el tren rumbo a su casa, cayó en las vías. No se sabe mucho más acerca de su vida ni de su muerte. Nadie investigó nada.

Quería tener el pelo lacio y se lo planchaba con una media de nylon. Todas las reseñas que se hicieron sobre él hablan de La Perla del Once y de La Cueva. Le suyo fue ocupar un lugar menos real que sintomático. Aburre la referencia. A Tanguito nunca le llegó el revisionismo. En escala culo del mundo, La Cueva fue al rock nacional lo que The Cavern a Los Beatles. Y La Perla, un bar de Once que cerró habiendo sobrevivido los últimos 20 años con menos glamour que un canapé de mondongo.

La Cueva, algo así como el The Cavern de Liverpool para el rock nuestro de cada día, un escenario que en un momento Tanguito hizo propio. /Foto Archivo

Eterno disparo en la sombra Tanguito. Litto Nebbia, el único músico de su generación que logró atravesar el tiempo con cierto reconocimiento (pero en latitudes musicales alejadas del rock) ni quiere oír hablar de él. Sandro se alejó tanto del rock, que nadie debe haberle preguntado nunca por el coautor de La Balsa. Moris no se aparta demasiado del libreto conocido. Miguel Abuelo se refería a él usando metáforas. Difícil conocer algo al margen del mustio anecdotario. Ahora bien, todos tienen algo que decir. Todos lo vieron. Igual que con Luca Prodan: ¿quién no tiene un chiste con el cantante de Sumo?

Pero la idea fue sucumbir ante la figura de Tanguito. Y eso se logró con leyendas. Un prócer de culto u oculto, casi sinónimos. Diste en los ’80 con el disco que hizo en medio de las horas de grabación que le sobraban a Manal. Lo más importante que pasa en ese LP, además de algunas canciones lindas como Natural y Amor de Primavera, no es Tanguito sino el debate que se abre a partir de Javier Martínez diciéndole en singular, y con un loop guacho, “En el baño de La Perla del Once compusiste ‘La balsa’”.

Tanguito era un misterio incluso mientras La Balsa sonaba en las radios y se transformaba en el tema más exitoso de la música pop nacional de entonces. Litto Nebbia y Los Gatos tenían contrato con una multinacional como la RCA Víctor. Uno podría ser mejor que otro, ¿pero nadie buscaba a Tanguito, el coautor de La Balsa?

Manuscritos de Tanguitos. “Que todo corra hacia ahora”, fragmento de un verso de “Amor de primavera”, uno de los “hits” de Tango.

Nito Mestre hizo carrera después de Sui Generis. Garfunkel lo mismo después de Simon. Hasta Lolo, el ex Miranda! Tanguito no. El tipo que llegó a grabar a Palito Ortega con tal de tener una carrera musical, solito y su guitarra criolla, mendigaba las sobras horarias de los Manal, un grupo que, evidentemente, tuvo más noción de posteridad que toda la industria. Muy muy raro.

Alejandro Medina, bajista de Manal, nos dijo, palabras más o menos, que Tanguito era ingobernable. Y Nebbia, en una única aproximación sincera al personaje, hace muchos años ya, y con el grabador apagado, masticó una frase: “Tanguito no sabía tocar ni el timbre”.

¿Pero hasta qué punto “ingobernable”? ¿Hasta dónde su falta de perseverancia, su inestabilidad emocional, su “autoboicot”? Ese mismo muchacho oriundo de Caseros supo hacer la combinación de tren y colectivo para cobrar las jugosas regalías de un tema que vendió cerca de 200 mil copias. Parte de esa plata, se cuenta, la usó para comprar, sanamente y en familia, discos de Donovan, Dylan, Beatles y otros de sus ídolos.

“Yo calculo que deben haber sido unos 50 mil dólares. Toda una fortuna para un pibe”, dijo alguna vez su amigo el poeta, compositor y periodista Pipo Lernoud, entre paréntesis, uno de los arquitectos preferidos de la Generación del 60.

“Creo que fue el primer golpe fuerte que tuvo Tanguito en un momento en que le pasaron una serie de cosas. Primero se empezó a rodear de gente que se aprovechaba de su éxito. Segundo, el lanzamiento de La balsa le dio una fama que él no podía manejar. Tanguito no pensaba en términos de tener o desarrollar una carrera musical. No conectaba con productores o personajes de la industria musical”.

La pregunta que sigue es para qué sirvió Tanguito. Y la respuesta más aproximada nos lleva a Sid Vicious, el de Sex Pistols. Nada mal, por cierto. Sid vendió millones de remeras. ¿Y Tanguito? Tanguito cortó entradas a rolete, pero ni siquiera vendió discos cuando Tango Feroz (1993) se transformó en un éxito juvenil estilo Pelito o Banda del Golden Rocket.

Amor apasionado El de Mariana (Cecilia Dopazo) y Tanguito (Mirás).

En otras palabras, la música de Tanguito ni siquiera fue importante en la película que le rendía homenaje a su figura. A Susana había que aclararle que El amor es más fuerte no era de Tanguito, y que la voz de la banda de sonido más importante del cine nacional perteneció a un músico llamado Ulises Butrón (QEPD).

Tango Feroz, del director Marcelo Piñeyro, tomó un mito que casi nadie conocía para hacer un filme a escala Cris Morena. En vez de usar el universo de los colegios privados de Zona Norte, Piñeyro se colgó del éxito de la película The Doors, de 1991, con Val Kilmer en el papel de Jim Morrison, y le añadió la metáfora criolla del romanticismo no militante. Algo así como La noche de las lápices de la juventud hippie argentina.

El Tanguito de la ficción no tomaba anfetaminas para estar despierto toda la noche. Comía Sugus, se enamoraba y corría con su chica de la mano por una ciudad a su merced. Tango Feroz fue demasiado elusiva para ser considerada biopic.

Finalmente, nadie se hace cargo de la canción fundacional. La Balsa es el auténtico tema tabú. Quienes hemos visto a Nebbia en vivo, sabemos que cada vez que el publicó osó pedirle el himno, recibió el mismo destrato que nos prodigaba Spinetta ante el intento de querer escuchar Muchacha. Durante más de 20 años, Nebbia negó rotundamente La Balsa. Y cuando se hacen unos de esos tributos al rock nacional, a la hora del primer hit todos miran hacia otro lado. Rarísimo: como si esa canción y el “sucumdúm” de Donald fueran más o menos lo mismo.

La leyenda dice que la escribieron en el baño de La Perla del Once. Que Tanguito la empezó y que Litto la modificó y luego la terminó. Punto. Desde hace décadas Nebbia escucha La Balsa y siente ganas de agarrar la caja de fósforos Fragata.

José Tanguito Iglesias, protagonista de una historia bastante menos romántica que la que le dio popularidad a su mito.

“El único que siguió con el viejo naufragio fue Tanguito, el rey de los hippies. Allí empezó la cuesta abajo –dirá Lernoud cuando se lo vuelvan a preguntar-. Después de varias detenciones por parte de la policía, Tanguito fue a parar al Instituto Borda. En esa época, cuando vos eras drogadicto te mandaban al Borda. Y en el Borda te daban electroshock y tratamiento insulínico. Así lo volvieron más loco todavía. Además lo acusaron de ser el jefe de una pandilla de traficantes. ¡Imaginate! ¡Tanguito traficante! Y bueno, lo metieron ahí, y un día se escapó y lo pisó un tren”. Chan-chan.

Los rockeros Línea Fundadora odiaron Tango Feroz. A Javier Martínez, ex Manal, se la mencionás y suelta una de sus diabólicas carcajadas. Antonio Birabent formó parte del elenco de la película. Algunos creen que hizo de su papá, el venerable Mauricio “Moris” Birabent. “Creo que la película habla de un época y habla sobre la juventud y la rebeldía”, nos dice Antonio.

“Tal vez habla más de eso que de lo que realmente pasó. Cuando a mí me preguntan qué sentiste al interpretar a tu padre, yo siempre respondo lo mismo: jamás pensé que estaba interpretando a mi padre, por más que el personaje cantara El Oso. Si alguien me hubiera dicho que tenía que hacer de mi papá, yo no hubiera hecho la película”, confiesa Birabent hijo.

-¿Hablaste alguna vez seriamente de Tanguito con tu viejo?

-Sí, me dijo que venía a casa y se tomaba toda mi leche.

-¿Te tuvo a upa?

-Ah, eso no lo sé.

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E.S.

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