Los 50 años del primer álbum de Manal, pioneros del blues criollo: secretos de un tesoro



Se cumplen 50 años del lanzamiento de uno de los grandes discos del rock argentino, el que fue el debut del trío Manal, formado por con Javier Martínez (hoy de 73 años) en voz, batería y composición, Claudio Gabis (70) en guitarra y Alejandro Medina (70) en bajo eléctrico. Un trabajo que si bien carece de fecha precisa de lanzamiento, salió por el sello Mandioca en algún momento de comienzos de 1970. Aunque en su tapa sólo decía Manal, el disco se hizo conocido como La bomba, en alusión a la imagen de la tapa que remedaba una de esas viejas bombas a mecha de tiempos de la anarquía.

Siete composiciones grabadas en dos sesiones en los estudios TNT entre fines de 1969 y comienzos de 1970, que exploraban la relación entre el jazz y el blue,s sumado a letras de un tono existencialista que sorprendieron a aquella juventud de finales de los agitados años ’60 y que representó un aporte sustancial al movimiento de rock argentino cantado en castellano. “Fue un disco sincero, por eso creo que marcó tanto al público”, destaca Javier Martínez durante la entrevista con Clarín.

Una mirada retrospectiva refleja que tanto Manal como sus contemporáneos Almendra, Los Gatos y Vox Dei encarnaron esa necesidad de crear un rock en castellano, algo impensado en la época y un perjuicio que estas bandas acabaron por desbaratar. Lo particular de La bomba fue que mientras las bandas enroladas en el nuevo movimiento musical buscaban en el rock su vehículo expresivo, Manal se apartó de esa corriente para hacer una música cargada de una energía negra y que puso de pie al blues en la Argentina. Convengamos que salvo contadísimas experiencias, el blues era un género marginal en Buenos Aires hasta la llegada de este trío.

“Hubo un comentario que me llegó profundamente en aquellos días que comenzábamos a dar a conocer nuestra música en castellano y fue de Moris. Se refería a la letras y yo me dije: ‘Tratemos de merecer el padre que tenemos’. Sentía que el blues criollo, el blues argentino era el vehículo adecuado, Manal no tenía nada que ver con el rock inglés, éramos jazz, blues de Chicago y Ray Charles, esas eran nuestras influencias”, cuenta el baterista que también tenía como referentes a dos grupos de rock norteamericano, la Paul Butterfield Blues Band y Electric Flag, del guitarrista Mike Bloomfield y el baterista y cantante Buddy Miles. Martínez se define como un visionario: “Yo vi el rock en castellano, el lugar que ocuparía dentro de la cultura nacional y hasta como una defensa del idioma”, añade.

-No hay una fecha precisa para el lanzamiento del disco, ¿vos, te acordás?

No, no lo recuerdo, pero sí recuerdo cuándo fue la presentación oficial del sello Mandioca (fundado por los productores independientes Jorge Alvarez y Pedro Pujó) con su elenco, que éramos Miguel Abuelo, Cristina Platte y Manal; fue el 12 de noviembre de 1968, en el Teatro Apolo.

En colores. Javier Martínez, Alejandro Medina y Claudio Gabis, los integrantes de Manal.

La historia cuenta que al final de la presentación, que se hizo con los amplificadores Fender de Los Gatos, subió al escenario Luis Alberto Spinetta, que dijo: “Hoy empezaron a terminar con la música comercial”, dirigiéndose a Alvarez y Pujó. El primer disco que edito el sello un mes después de esa presentación fue el simple de Manal, Qué pena me das y Para ser un hombre más.

“A mí eso de ‘La madre de los chicos’ (frase que figuraba abajo del logotipo de Mandioca) siempre me llamó mucho la atención, pero me parece que querían decir que eran quienes apoyaban a estos grupos del under que nadie quería; fue el primer sello de rock nacional. Álvarez, que era un tipo respetado en el mundo editorial, se paseó por todas las discográficas con nuestro material y todos le dijeron que no. A muchos le pasó lo mismo que a nosotros”, recordó el baterista.

-¿Cómo fuiste creando esas composiciones?

-Al momento de grabar el primer álbum -antes habíamos grabado dos simples- ya habíamos tocado bastante esos temas y elegimos Jugo de tomate y Avenida Rivadavia para la difusión del disco. Lo hicimos en dos sesiones en los estudios TNT, aunque no recuerdo qué temas en cada sesión. Fueron una o dos tomas por cada canción, aunque se regrabaron guitarras y teclados en algún tema. Tuvo un trabajo interesante de producción.

-¿Y los temas cómo surgieron?

-Yo empecé a tocar la batería a los 14 años, y a los 16 comencé con la guitarra para poder componer; cuando llegó el momento de Manal tenía 21 años, es decir, hacía unos cinco o seis años que componía. Casi todas esas canciones ya estaban escritas o casi terminadas. Mi adolescencia fue un tiempo muy creativo para mí y el clima era de mucha interacción y discusión y eso me resultaba muy motivador. En 1964 aparecen los Beatles con canciones tremendas, aunque en esos años yo estaba muy abocado a escuchar a Ray Charles, soul y R&B. Esas fueron grandes influencias que me hacían escribir todo el tiempo. Hoy me doy cuenta que cuando terminamos con el primer álbum ya teníamos el material para el segundo.

En sus inicios. Manal, en una locación ferroviaria.

-¿Cómo eligieron los temas para La Bomba?

-Los elegimos los tres y los grabamos rapidísimo, porque conocíamos mucho los temas porque –como te dije- los veníamos tocando hacía tiempo y eso facilitó todo; lo único que le hicimos fue hacerlos más concisos, una o dos tomas por cada canción, nunca pasamos de la segunda. Grabamos primero la base rítmica, luego la voz, después los solos de guitarra, algún arreglo especial y un teclado cuando hacía falta.

Para Martínez, la influencia del jazz queda muy clara en el primer álbum de Manal. “Los temas tenían arreglos complejos, había quintas disminuidas, era bastante jazzística la aproximación de nuestra música. Informe de un día tiene un trabajo de armonía complejo, más complicado y creo por eso hay pocos músicos que hacen versiones de nuestros temas. Todo el día me pregunto tiene un arreglo minimalista que va sumando partes y creando un clima. Uno de mis bateristas preferidos es Art Blakey (fundador de los famosos Jazz Messengers), quizás por eso hay tres introducciones de batería en ese álbum. No fue un álbum más”.

-¿Cómo nacieron las letras?

-Yo estaba en una bohemia que comenzaba a la tarde o más temprano en La Manzana Loca, es decir, el Di Tella, o en el Bar Moderno y más entrada la noche me iba para Corrientes, por ejemplo, en La Paz, el Suárez, el Ramos, La Giralda. Había un caldo de cultivo muy importante y tenía un intercambio permanente con gente de la cultura, de la literatura, del teatro, del pensamiento. En el Bar Moderno estaba Oscar Masotta, un intelectual. Estuve relacionado con la intelligentsia de la cultura, influido por mis lecturas de Jean Paul Sartre, de Heidegger. Mi pensamiento estaba impregnado de existencialismo. Soy un filósofo autodidacta. Siempre me apasionó la filosofía, pensar por mí mismo. Eran años en los que estuve rodeado de la vanguardia del pensamiento argentino. Me sentaba con Hamlet Lima Quintana, Dalmiro Sáenz, con Reynaldo Mariani y Sergio Mulet, fundadores de la revista Opium. Estaba con esa gente. Cuando en su momento caí en La Cueva me dije yo no quiero quedar encerrado entre músicos, son interesantes, pero sólo hablamos de música y de ahí me fui al Bar Moderno. Yo era el músico entre esos intelectuales, pero no era el único porque ya estaba Carlos Cutaia y después apareció el Negro Medina.

Manal, en vivo: Claudio Gabis en la guitarra, Javier Martínez en la batería y la voz, y Alejandro Medina, en el bajo.

“Quedé impregnado de todo ese mundo; empecé a leer otras cosas, a Italo Calvino, Cesare Pavese, George Bataille. Tuve una visión del mundo diferente y de ahí salieron mis letras; tenían un tono existencialista muy distinto a lo que se escuchaba; había muchos que cantaban boludeces, esto dicho con todo respeto. La profundidad vino con Bob Dylan. Otro músico que respeto como letrista es John Fogerty, de los Creedence.

-Frente a este panorama tan nutritivo intelectualmente ¿cómo era llevarlas al papel?

Hay dos maneras de componer: una, es a través de la inspiración y otra, fabricarlas, insistir hasta conseguir algo. Yo creo en la inspiración. En esos años trabajaba en la City, en una casa de cambio de San Martín y Bartolomé Mitre; muchas de mis canciones de esa época comenzaba a componerlas en un bar o en la calle. Cuando se me ocurría una canción o tenía una idea para fijarla la repetía hasta llegar a mi casa, agarraba la guitarra y la definía. Muchas de mis canciones vienen desde la calle, hasta en el ritmo creo que se siente eso; tienen un ritmo de caminador, un walking. Este fue el contexto social y humano que rodeó este álbum.

-¿Cómo recibiste el disco? ¿Te gustó?

(Piensa) Me gustó, me sentí bien; era un disco sincero y eso era fundamental para nosotros. Ahí estaba mi esencia. Ahora, lo difícil, porque estábamos muy preocupados por la perfección, fue escucharlo; sabíamos que estaba bien tocado, pero las primeras escuchas fueron un poco histéricas, paranoicas. Una pequeña imperfección nos hubiese amargado; buscábamos el defecto, la imperfección, pero no la encontramos. Además estaba bien mezclado y las letras se entendían. Salió muy bien.

Siempre con los palillos. Una imagen reciente de Javier Martínez, líder de Manal.

El disco por dentro

El álbum abreva en el jazz y en el blues; pero no de una manera arquetípica. En lo estilístico, la guitarra de Gabis está más ligada al cool jazz, sin crispación. El disco registró una manera de hacer blues con entonación swing, eléctrica pero nada cerrada.

Abre con Jugo de tomate, con un riff penetrante de guitarra y bajo con un acompañamiento swing de Martínez; hay una armónica tocada también por Gabis que le da un clima más bluesy. La guitarra dirige el camino.

-Porque hoy nací tiene una estructura de ostinato en la guitarra y órgano Hammond; la voz de Martínez canta con una entonación mántrica y aunque no puede soslayar su tono existencialista, habla de una trascendencia espiritual y un estado de conciencia superior. El solo de Gabis nos devuelve al mundo psicodélico, mientras la voz recrea un Om (sílaba divina) interminable.

-Avenida Rivadavia, tema de Alejandro Medina, que también lo canta. Es un blues swing con una insistente guitarra que hace de segunda voz. Una composición interesante y que señala una versatilidad del trío y un sonido tan personal, no sólo dado por la voz de Martínez.

-Todo el día me pregunto es un blues con una inspirada introducción de batería y piano; a la voz de Martínez le responde Gabis con unas líneas articuladas más del lado del rock que del blues y que podríamos decir hoy anticipaban lo que vendría en el siguiente disco de Manal, El León, de puro rock.

-Avellaneda Blues tiene una delicada cadencia jazzy. Aquí, los Manal muestran su preferencia por hacer un blues muy estilizado, a veces más sugerido que interpretado. La batería compone un clima ágil tocando “chiquito” y con un marcado swinging. El solo de Gabis tiene varios elementos, reiteración y una forma de armonizar el tema muy interesante. Un gran blues, quizás el mejor modelo del blues porteño.

-Una casa con diez pinos comienza con una corta introducción de batería y un sonido muy de la Costa Este norteamericana. Un blues ágil con elementos del jazz, pero la sonoridad vuelve a describir a un trío versátil, informado de lo que se hacía afuera y con la suficiente creatividad para darle a sus influencias ese toque personal y distintivo.

-Informe de un día nuevamente abre con la batería para desembocar en un blues rápido, muy marcado y con la voz de Martínez muy por delante, mientras la banda hace un groove sólido enlazado por el bajo de Medina. Único tema que tiene coro. Las líneas de Gabis nos anticipan todo lo que el trío seguirá haciendo, menos blues y más rock. Como dijo Martínez en un momento de la nota, “era lógico que vayamos hacia el rock, escuchábamos a Hendrix”.

Bohemio. Una imagen de Javier Martínez, en su juventud.

Un momento envenenado

“Nos volvimos a reunir en 1980 y sacamos el disco Manal Reunión, en Obras. Cuando nos juntamos para ver cómo seguíamos lo primero que dije era que teníamos que hacer un disco con nuevas canciones para que no esto no fuese un robo. Estábamos en el Café de la Paix, frente a La Biela. Me acuerdo que Medina no abrió la boca y eso lo tomo como el que calla otorga, porque el único que habló fue Gabis, que me dijo: Vos no tenés técnica para tocar con nosotros’. Por alguna razón debía estar enojado conmigo y lo justifico, porque soy un cabrón, tengo mal carácter y como casi todo líder soy egomaníaco y hasta narcisista. Igual ya pasó, no tengo diálogo con él y no me importa lo que piense hoy. Fue un momento envenenado. Respecto de la falta de técnica, era una calumnia, porque regresé de Europa con muchas más herramientas que cuando me fui; me quería herir y además, dijo que Manal no tenía convocatoria. Eso lo dijo después de llenar seis Obras, unas 30.000 personas metimos en esos conciertos. Fuimos muy amigos en otra época. Con los nenes de papá no se puede hacer nada. Suena duro, pero es así. Después de esa reunión comencé mi carrera solista y saqué a los dos años mi primer disco Soy del sur. Desarmé Manal para seguir haciendo mis canciones con una bandita cualquiera”.

El grupo se volvió a reunir en 2014 a instancias del productor Corcho Rodríguez. “Fue un encuentro interesante pero no había nada de feeling”.

El tema místico

Entre los temas de La bomba, hay uno que parece correrse de la línea conceptual del trabajo, Porque hoy nací, una canción lenta sin batería y donde el principal apoyo es la guitarra y sobre todo el órgano Hammond tocado por Gabis.

-¿De dónde surge esta canción?

Es un tema místico; estaba en una búsqueda relacionado con una escuela espiritual llamada del Cuarto Camino, vinculada a George Gurdjieff y también con el budismo tibetano. Meditaba, hacia una respiración consciente y de ahí salió este tema. Fue un día que me levanté en esa sintonía y salió. Hay guitarra y órgano y el solo de Gabis en el Hammond es hermoso. Era una toma de conciencia, de que estaba vivo como un ser espiritual. Esa escuela era una vacuna contra los racismos y fundamentalismos.

WD

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