lo que ves es lo que hay y, si no, ahí están los discos y las pantuflas

Las crónicas reportan que Charly García festejó su cumpleaños 70 con un “show emocionante”, hablan de un “concierto histórico” y resaltan la aparición “por sorpresa” del músico en el escenario del CCK, durante la tarde de este sábado 23 dedicado a celebrar su existencia y su obra.

Cinco temas fueron suficientes para actualizar el contacto del artista con sus seguidores, que colmaron el Auditorio Nacional del Centro Cultural y que se multiplicaron exponencialmente del otro lado de pantallas y dispositivos de todo tipo.

El repertorio, imbatible: Cerca de la revolución, Promesas sobre el bidet, Raros peinados nuevos, Demoliendo hoteles y, a modo de bis, Canción para mi muerte. Con ese respaldo, sentado ante varios teclados y un par de micrófonos, de blanco y sombrero, García le aportó un condimento extra a su propia celebración. Y lo hizo como pudo.

El artista y sus aliados, los de arriba del escenario del Auditorio Nacional, y también los de la platea. Foto Martín Bonetto

El artista y sus aliados, los de arriba del escenario del Auditorio Nacional, y también los de la platea. Foto Martín Bonetto

Lo que ves es lo que hay

No es ninguna novedad que al músico hace tiempo que le cuesta, y mucho, cantar y tocar. Alcanza con leer las crónicas publicadas en este mismo diario sobre sus presentaciones de La torre de Tesla para recordarlo. Y basta con repasar algunas de las imágenes transmitidas ayer desde el CCK para confirmarlo.

Algunas veces entona, otras no tanto; a veces arrastra las palabras, otras las escupe; de a ratos toca, de a ratos no. De hecho, nunca fue un gran cantante; lo que no quiere decir que no cantara bárbaro. Pero, al fin de cuentas, García hay solo uno, y éste es el único García posible.

Es ese García que con su sola presencia hizo estallar de emoción al CCK. El que puso de pié a todo el mundo para cantar a los gritos esas que sabemos todos y cantamos una y mil veces, y el que desde hace años equivoca la letra, deja las canciones por la mitad y siempre, irremediablemente siempre, encuentra a sus aliados preparados para completarlas.

Hilda Liazarazu, una de las "voces de auxilio" de Charly, a quien acompañó durante más de una década. Foto Martín Bonetto

Hilda Liazarazu, una de las “voces de auxilio” de Charly, a quien acompañó durante más de una década. Foto Martín Bonetto

De algún modo, de eso se trató, en parte, lo que vino a partir de que Charly se convirtió en Say No More y se plantó en el terreno de El aguante. El que avisa no traiciona, y García avisó hace mucho que ya no iba a ser más el que había sido. Ese gesto fortaleció su alianza con parte de sus seguidores y, paradójicamente o no tanto, provocó un notable recambio generacional en su público.

Charly es lo que se ve. Y por cierto, parece que en un mundo en el que tantos se disfrazan de lo que no son, hay quienes valoran esa actitud por sobre un rendimiento vocal o instrumental. No está bien ni está mal. Es. Pasa. Tómalo o déjalo.

También, por supuesto, está la adulación sobreactuada; el Gardel de Oro por un disco que tal vez no lo merecía, los actos “oficiales” de reconocimiento que casi siempre llegan tarde, la palmada en la espalda o el tuit a tiempo en busca de algún rédito político o mediático…

La reacción que provocó la presencia de Charly García en el CCK trasciende la relación del público con un cantante. Foto Martín Bonetto

La reacción que provocó la presencia de Charly García en el CCK trasciende la relación del público con un cantante. Foto Martín Bonetto

Mucho más que un recital

Pero lo que se vio en el CCK -y en los más recientes recitales de García- no tuvo nada que ver con eso. Fue, ante y sobre todo, la celebración de la vida de un artista que marcó a fuego con su talento y su creatividad la vida de muchos. Y, también, la celebración de que aún está ahí, como puede, con lo que tiene de resto, para defender su territorio. No es poco.

Aún así, hay quienes sentencian que es hora de decir que Charlyno puede cantar más”. Ahá, mirá vos… Y tal vez hasta aceptarían subir la apuesta para decir que “no puede tocar más”

La cuestión es desde qué autoridad se supone que alguien podría decir: “Mirá Charly, no da que sigas cantando. Mejor andá tu casa, ponete las pantuflas y seguí mirando la tele”.

Imagino a alguien diciéndole a un carnicero que cierre su negocio porque ya las milanesas no las corta como antes; o a un coleccionista sugerirle a una pintora veterana que deje de pintar porque ya no lo hace como cuando tenía 42. En todo caso, habrá que dejar de comprarle milanesas o buscar pinturas en otro lado.

Hilda y Fito, otro de los incondicionales de Charly; un rato después celebró su obra en el Teatro Colón. Foto Martín Bonetto

Hilda y Fito, otro de los incondicionales de Charly; un rato después celebró su obra en el Teatro Colón. Foto Martín Bonetto

¿O acaso alguno de nosotros dejaría de trabajar porque alguien nos diga que cada día escribimos peor, que ya no lo hacemos como antes o que cada vez escribimos más pavadas? No cuenten conmigo.

No hay comparación para una pieza única

En el caso de García, la comparación fácil está a la vuelta de la esquina. De Jagger y McCartney a Barbra Streisand y Tony Bennett sobran los ejemplos de artistas que llegaron y pasaron los 70 en condiciones mucho más favorables que las de Charly. También está Phil Collins.

Pero ellos no son Charly ni de lejos. Ninguno de ellos escribió Viernes 3AM, Desarma y sangra, Cuchillos, Seminare o De mí. En cambio, García es todo eso y es quien es, entre otras cosas, por haber llegado así hasta este puerto. O más aún, al revés.

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El Centro Cultural Kirchner se puso en llamas en el comienzo del tercer bloque con la aparición de Charly García junto a Fito Páez






Por lo demás, el pacto actual es sencillo: mientras él siga teniendo ganas de hacerlo, quien vaya a ver tocar y cantar a Charly a un teatro o donde sea, irá a ver tocar y cantar al único Charly posible. Ni al de Serú, ni al de Sui Generis, ni al de los acelerados ’80 y ni siquiera al de Say No More. Y para quien crea que ya “no puede cantar más”, ahí están los discos. Y las pantuflas.

E.S.

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