Lo nuevo de Breeders no necesita mirarse en el espejo familiar de This Is Us para brillar

 De Los Campanelli a This Is Us, salvando todas las distancias artísticas y conceptuales del caso, la ficción ha dado centenares de historias sobre las delicias de las vida familiar. Ahora, el universo streaming está lagrimeando con la sexta temporada de Los Pearson y sus vaivenes emocionales, pero estaría bien que no se perdiera la segunda de Breeders, que pincela los vínculos con otros colores.

Serie británica de pura cepa -coproducida con FX, que la llevó a estrenarse primero en los Estados Unidos-, cuenta cómo un matrimonio educa a los hijos, cómo, a su vez, se revincula con sus propios padres, cómo se riega (o no) la vida conyugal, todo sin manual de instrucciones en la mesita de luz.

El guión los tiró en la cancha para que jueguen con la táctica de la prueba y el error. Y el amor, claro, aunque a veces Paul y Ally, los protagonistas, sientan que se les va de las manos.

Ally (Daisy Haggard) y Paul (Martin Freeman) no comparten muchas decisiones de la crianza de sus hijos.

Ally (Daisy Haggard) y Paul (Martin Freeman) no comparten muchas decisiones de la crianza de sus hijos.

En la primera temporada hubo tiempo para conocerlos, para verlos criar a Luke y Ava con ciertas contradicciones, para disfrutar de ese humor británico fino, muy condimentado (pero no en exceso) con sarcasmo e ironía. En los diez primeros episodios quedó claro que no buscan jugar al padre bueno o malo de acuerdo a la ocasión. Hicieron lo que pudieron.

En esta segunda parte, que llegó el miércoles a Star+, se produjo un salto de cinco años, avance temporal que se ve más en los chicos (un adolescente y una pre) y en las canas de Paul. Y en cierta recurrencia de cortocircuitos con los abuelos de los niños, que pone de manifiesto la receta sepia de su generación.

Creada y protagonizada por Martin Freeman, el actor le aporta a su personaje de Paul buena parte de su experiencia personal. Y, tal vez ahí, sin el romanticismo exacerbado del que a veces pecan los guionistas para construir padres, radique uno de los muchos aciertos que tiene Breeders.

Es una serie que genera identificación desde el vínculo que sea. Son humanos de esos que podemos encontrar en el vecino, en casa o en el espejo de nuestro propio baño.

De la temporada uno a la dos han pasado cinco años y algunas cosas han cambiado en los vínculos familiares.

De la temporada uno a la dos han pasado cinco años y algunas cosas han cambiado en los vínculos familiares.

Y, tal cual sucedió en la temporada anterior, la química entre Freeman y Daisy Haggard (Ally), a quien hemos visto brillar en Back to life, hace que el matrimonio que integran en la pantalla pase por todos los estados por los que puede pasar una pareja con una verosimilitud estupenda.

Se aman, se contienen, se pelean, se desean, se irritan, se contradicen (especialmente) en relación a la crianza de los hijos, pero eligen el mismo techo (casi siempre).

Podrían ser Los Pearson pero no lo son, podrían ser Los Argento, pero de Casados con hijos no tienen nada, podrían ser cualquier otra familia de la bendita TV, pero por suerte este cuarteto que se chicanea y se abraza cuantas veces sea necesario por capítulo va por un carril que no siempre tiene piedad.

Pero siempre, a veces más tarde que temprano, aparece el concepto de bloque. Y, en el manual familiar, eso es el amor que tira para el mismo lado. Sin por eso tener que bañar la historia con un almíbar empalagoso, como se acostumbra.

Ficha

Calificación: Muy buena

Comedia Protagonistas: Martin Freeman y Daisy Haggard Creador: Martín Freeman Directores: Ben Palmer y Ollie Parsons Emisión: Segunda temporada disponible en Star+ desde el 5 de enero (la primera también está).

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