Lo mejor y lo peor de Madam C. J. Walker, la serie sobre una pionera del empoderamiento



En tiempos en los que las mujeres dejan de callarse, luchan por sus derechos y empiezan a ser las protagonistas de sus vidas, Netflix lanzó Madam C. J. Walker: una mujer hecha a sí misma.

La serie está basada en la historia real de la empresaria estadounidense Sarah Breedlove, una pionera en la industria de la belleza capilar que tuvo que enfrentarse a muchas adversidades. No solo era mujer, sino “negra y pobre”, como se definía.

Durante los cuatro capítulos, el guión se adentra en la vida de la señora que nació pocos años después de que se aboliera la esclavitud. Se ganaba la vida lavando ropa y su situación familiar era complicada. Eso no le impidió soñar a lo grande. En contra de todos los pronósticos, con perseverancia y mucho trabajo, logró crear su propio imperio de productos para el cuidado de pelo.

Lo bueno

1) Himno feminista

Octavia Spencer como Madam C.J. Walker, en la nueva serie de Netflix.

De principio a fin es una historia de empoderamiento. Podría decirse que es la versión feminista del famoso ‘Yo tengo un sueño’, de Martin Luther King. La protagonista logra anteponerse a todas las dificultades que le tocan vivir. Por ser una mujer negra, pareciera que solo puede optar por trabajos mal pagos. Además, está metida en una relación con violencia.

Pero para Madam C. J. Walker nada de eso es un impedimento, sino motivos para luchar por lo que quiere y demostrar que no se necesita ser hombre y tener la piel clara para ser exitoso. Es un relato feminista y, a la vez, resiliente.

2) Las actuaciones

Una de las mejores cosas que tiene la serie son las actuaciones. Además de ser la directora, Octavia Spencer, ganadora de un Oscar por Criadas y señoras (2012) y quien tuvo otras dos nominaciones por Figuras ocultas (2017) y La forma del agua (2018), es la gran protagonista de la serie. Encarna al personaje con ingenio y destreza. Y demuestra su habilidad para representar momentos llenos de tristeza y felicidad. Sólo con su mirada y gestos logra comunicar un puñado de emociones.

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Tiffany Haddish, quien se pone en la piel de Lelia Walker, e interpreta a la única hija biológica de Sarah, también merece una mención especial. Haddish mantiene su encanto y alegría durante todos los episodios. Es un personaje que disfruta de la vida y no tiene tiempo para detenerse en pequeños conflictos. A pesar de la época, nada le importa menos que la mirada ajena.

Lo malo

1) La historia

Madam C.J. Walker: Una mujer hecha a sí misma está basada en una historia real.

Si bien la serie se basa en una historia real y eso podría ser un gran atractivo, tiene grandes fallas. Según La Vanguardia, hay varias imprecisiones en la ficción. A diferencia de lo que refleja Netflix, Addie Munroe (Carmen Ejogo), la antagonista, y también exitosa en la industria del cabello, nunca tuvo una rivalidad con Sarah por el color de piel.

Las conjeturas sobre la posible homosexualidad de Leila tampoco son reales. La trama sobre un estafador que quiere ser inversor en la fábrica no se asocia a lo real, estrictamente. Y el matrimonio de C. J. Walker no era tan importante para Madam como reflejan los capítulos. Entre tanta cosa inventada, se dejó de lado la importancia que tuvieron la empresaria y su hija en la comunidad afroamericana.

2) El guión

La historia va muy rápido. Mientras en un capítulo Madam es pobre, en el otro es una empresaria bien plantada. Esta rapidez hace casi imposible que el espectador se sienta sensibilizado por los personajes, más allá de la historia en sí. Aunque para una mujer negra poder poner una fabrica era una misión imposible, la serie no lo logra reflejar en cuanto al esfuerzo emocional y socio cultural.

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