Llega una inusual experiencia de danza y música

Este domingo, y durante dos fechas más, un espacio teatral en La Boca será el marco de una experiencia inusual de danza, programada dentro del festival FIBA. La bailarina y coreógrafa suiza Marthe Krummenacher, con un grupo de de bailarinas de la Compañía de danza de la UNA –que dirige Roxana Grinstein-, más seis músicos presentan Esto es un encuentro.

Se trata de un espectáculo que consiste en una serie de improvisaciones de danza y música, y que en este caso implica algo más sutil y más pensado de lo que la palabra improvisación podría sugerir; sobre este tipo de intercambio “danza-música”, Krummenacher trabaja desde hace diez años.

El aspecto casi adolescente de Marthe Krummenacher desmiente su edad: tiene en realidad 40 años y una impresionante carrera como bailarina. Se formó desde pequeña en la técnica clásica en Ginebra y siendo muy joven ingresó a la compañía junior del Nederlands Danse Theatre, al que dio su sello ese inmenso coreógrafo que es Jiri Kylian. Esto ocurrió entre 2000 y 2003. Luego pasó a trabajar en Frankfurt con otro creador no menos imponente: William Forsythe.

Krummenacher, una talentosa creadora suiza que visita el festival FIBA 2022. Fito: Juan Manuel Foglia.

Krummenacher, una talentosa creadora suiza que visita el festival FIBA 2022. Fito: Juan Manuel Foglia.

-Estuviste con dos de los más grandes artistas de la danza de este tiempo.

-Tuve mucha suerte (se ríe): el lugar indicado en el momento exacto. La experiencia con Forsythe fue increíble, a veces muy difícil.

-¿En qué sentido?

-Como venía de una formación clásica, sentí que el Nederlands era una especie de continuidad. Con Forsythe, en cambio, fue una bomba. Había bailarines que tenían bastantes más años que yo y gran experiencia. Forsythe usaba mucha improvisación en los montajes de sus obras y para mí, en cambio, la tarea era ser -sobre todo- un instrumento del coreógrafo. Él me preguntaba, “¿qué hay adentro tuyo?”. Y yo no lo sabía. Fue un gran desafío y un gran aprendizaje.​

-También figura entre tus antecedentes que trabajaste mucho con Noemí Lapzeson (NdeR: una extraordinaria bailarina y coreógrafa argentina que formó parte de la compañía de Martha Graham y más tarde se instaló en Ginebra).

-Mi primera experiencia escénica fue con Noemí, a mis 10 años de edad; formé parte de un espectáculo con el que viajamos mucho. Fue mi madrina en la danza y cada vez que podía volvía a Ginebra para bailar en sus obras; y así hasta que murió. Si hay cinco personas que contaron en mi vida, particularmente en la danza, una de ellas es Noemí.

-¿En qué momento comenzó para vos un camino artístico independiente?

-Después de Forsythe formé parte de una compañía de danza en Canadá, pero me cansé de viajar y me cansé de vivir siempre llevando una valija. Quería volver a Ginebra, armar una familia y al abrir un diario entender lo que estaba leyendo. Paré durante cuatro o cinco meses, luego comencé a dar clases y fueron apareciendo cosas locales; al tiempo estaba trabajando como free-lance.

“Quería recuperar el placer de bailar”

-Te había interesado ya la improvisación como práctica creativa durante tu época con Forsythe. ¿De qué manera la encaraste vos misma? Es decir, ¿estás colocada en la danza misma o formás parte de estas corrientes en boga que, digamos, se apartan de la danza o del movimiento en general?

-No, no, ¡a mí me gusta bailar! En un momento dado me sentí frustrada porque participaba de obras en las que había muy poco movimiento y me aburría. Por eso creé este proyecto; quería recuperar el placer de bailar, la alegría de hacerlo con la música y celebrar ese encuentro. Muchas de aquellas obras con escaso movimiento se acompañaban con música un poco “ambiente”, una serie de zumbidos.

Este domingo será la primera de tres fechas de la obra de Krummenacher , "Esto es un encuentro". Foto: Juan Manuel Foglia.

Este domingo será la primera de tres fechas de la obra de Krummenacher , “Esto es un encuentro”. Foto: Juan Manuel Foglia.

-¿Podrías hablar de tu proyecto y cómo nació?

-Un festival me había propuesto en 2010 que yo improvisara con tres músicos distintos, uno a continuación del otro. Me gustó tanto la experiencia y fue tan exitosa con el público que muchos programadores comenzaron a preguntarme por qué no continuaba con esta idea. Era algo muy fácil de trasladar porque en cada ciudad eran los programadores los que elegían el músico, que yo no conocía de antemano. Esta era la condición. Nos encontrábamos antes para tomar un café, pero el público era el testigo del primer encuentro real, sobre el escenario.

“En realidad soy adicta al tango”

-¿Había o hay algún eje o tema para estas improvisaciones, más allá del encuentro de la música con la danza?

-Bailé muchos dúos en mis épocas con el Nederlands, con Forsythe, con Noemí Lapzeson; me interesa enormemente lo que sucede entre dos seres humanos. Bailo también tango, ¡en realidad soy adicta!, y me parece extraordinaria esta idea de “¿qué podemos hacer nosotros dos?”.

-¿Lo que presentan este domingo no es solo una relación de uno a uno? Porque participan bailarinas de la Compañía de la UNA y varios músicos.

-Hasta 2017 continué con los dúos, pero ese año el Teatro de Ginebra me propuso hacer un espectáculo más amplio, con diez músicos y diez bailarines. Por eso decidí trabajar con ellos cinco días antes, que es lo que estoy haciendo ahora en Buenos Aires. Ya era algo más que tomar un café: necesitábamos una estructura. Porque continúan siendo prácticamente siempre dúos y justo antes del espectáculo se sortea quién va a reunirse con quién.

-¿En qué consisten estos cinco días de trabajo previo?

-(se ríe) Entre el martes y hoy jueves ya cambié varias veces la estructura. Pero fundamentalmente me interesa que las bailarinas encuentren otras maneras de improvisar de las que ya utilizaban. Probamos también qué relaciones espaciales o de contacto pueden darse entre músicos y bailarinas. Y sobre todo, ejercitamos la percepción que tienen de cuándo deben detenerse. Depende de ellos, yo no intervengo, pero es preciso que no se prolongue más allá de lo que puede hacer decaer el interés. Normalmente, cada encuentro llega a un final natural, y eso en general ocurre al cabo de cuatro o cinco minutos.

Desde el domingo 27 hasta el martes 1° de marzo a las 17 hs en Espacio Caffarena, Caffarena 72, La Boca. Entradas gratuitas. Se reservan en la página Vivamos Cultura del Gobierno de la Ciudad.

MF​

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