Llega un Halloween cargado de ansiedad, y octubre mete miedo en Los Ángeles

Tantas veces lo mataron, y sin embargo Michael Myers regresa otra vez sierra en mano para traumatizar a la pobre Laurie Strode e incluso a la actriz que la interpreta, Jamie Lee Curtis.

El guión de Halloween kills: la noche aún no termina, que estrena la próxima semana, juega con todos los clichés del género aunque en la versión del director David Gordon Green, que en 2018 decidió hacer una trilogía que continúe el Halloween original de John Carpenter, la violencia se transforme en catarsis.

En 2018, en la era del #MeToo, la idea era representar el trauma de mujeres como Laurie, sobrevivientes alimentadas por su post estrés traumático.

"Halloween 4: el regreso de Michael Myers", la película.

“Halloween 4: el regreso de Michael Myers”, la película.

La secuela generó más de 250 millones de dólares globalmente. El contenido, más allá de la forma, funcionó. En Halloween Kills Laurie, su hija y su nieta se darán cuenta que no han logrado quemar al monstruo y levantarán a las víctimas de Myers en ese pueblo de Illinois para que sean muchos los que intenten lincharlo de una vez por todas y así terminar la pesadilla que empezó en 1978.

“El mal gana terreno”

Por entonces, Jamie Lee Curtis tenia 19 y empezaba su carrera cinematográfica transformándose en “la reina del grito” con su protagónico en la mítica saga.

Jamie Lee Curtis, en la "Halloween" original.

Jamie Lee Curtis, en la “Halloween” original.

“No me gusta el género, me da miedo. Mi actuación ha sido tan eficaz porque me asusto en serio”, dice ahora la actriz que acaba de ganar en el Festival de Venecia un premio a la trayectoria, que incluye (y excede) la creación de una víctima icónica del género de horror.

“El mundo está dividido, como pasa en mi país, y el mal parece superar al bien”. De eso quiere hablar el director esta vez asegura la actriz, dándole a la película un contenido social si se quiere.

Jamie Lee Curtis, sobreviviente del gore, le dedicó el premio a todos los sobrevivientes de la vida real, ya sea de discriminación o violencia doméstica, sexual, racial, política, cultural.

Los Ángeles es su ciudad natal y ella, hija de actores legendarios en Hollywood como lo fueron Janet Leigh y Tony Curtis, entiende que este es un momento especial por donde se lo mire. Apela a la solidaridad, trabajando con sus obras filantrópicas, concentrándose en “vencer al mal que avanza”. Las consecuencias de la pandemia, por ejemplo.

Jamie Lee Curtis, en el Festival de Venecia, donde fue recibió un premio a la trayectoria. Foto AP /Domenico Stinellis

Jamie Lee Curtis, en el Festival de Venecia, donde fue recibió un premio a la trayectoria. Foto AP /Domenico Stinellis

De hecho hay mayor ansiedad en la ciudad porque unos 200 barcos llenos de contenedores con mercadería forman fila en las cercanías del puerto, repletos de artículos para el hogar, merchandising de Halloween y regalos navideños que no van a poder llegar a las estanterías a tiempo.

El miedo en serio

Para hacer a este octubre aún más pesadillesco uno de esos barcos parece haber sido el culpable de romper con su ancla un caño submarino de petróleo que se desparramó cerca de las playas de Orange County.

Ese desastre ecológico suma a la ansiedad que crece, porque este año, vacunas mediantes, los chicos van a salir a peregrinar en busca de dulces por las casas del barrio y los adultos van a volver a las fiestas de disfraces. En la famosa noche de horror de Universal Studios los barbijos del Covid serán las únicas máscaras permitidas.

En las fiestas privadas del 31, la de Michael Myers seguirá funcionando pero este año se van agregar (si llegan a tiempo) las de El Juego del Calamar, la ficción distópica de Netflix, los trajes de época de los protagonistas de Bridgerton y hasta la animación del fenómeno “Bennifer”, parejas tomadas de la mano disfrazadas de Ben Affleck y Jennifer Lopez.

Los popes en la industria del espectáculo sufren de palpitaciones mientras tanto con el peligro de una huelga histórica de trabajadores de las producciones cansados de trabajar más de 14 horas diarias, en turnos que a veces no llegan a darles 10 horas de descanso.

Hay un técnico que asegura que para estar despierto tiene que masticar las tapas de las botellas de agua. Eso parece bastante más estresante que todo el gore que crea Myers en el pueblo de Haddonfield.

WD

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