las vidas cruzadas de Gustavo Cerati y HP Lovecraft

Olvidemos preventivamente el peligro de clickbait que supone juntar los nombres de Gustavo Cerati y HP Lovecraft en un mismo artículo. Porque ustedes merecen una explicación. Y esto va para largo.

Pocos libros tan pandémicos como H.P. Lovecraft: contra el mundo, contra la vida, el poderoso y sentido (casi un oxímoron tratándose de quien lo escribe) ensayo homenaje del francés Michel Houellebecq sobre uno de sus escritores favoritos, ahora disponible en nuestro idioma gracias a la editorial Anagrama. 

Que el volumen tenga treinta años y que sea anterior a la carrera literaria solista y “oficial” de Houellebecq agrega candor a la obra, entre el paper y el fanzine, entre la academia y el estilo pulp de las publicaciones donde se pudo leer en forma original al estadounidense. Terciando, hay un prólogo de Stephen King también rindiéndole pleitesía a un creador único, desmesurado, polémico y personal.

H. P. Lovecraft. Reivindicado por Michel Houellebecq en un ensayo de largo aliento, ahora publicado en nuestro país.

H. P. Lovecraft. Reivindicado por Michel Houellebecq en un ensayo de largo aliento, ahora publicado en nuestro país.

“Es una mezcla extraordinaria de biografía empática, crítica perspicaz y militancia fervorosa: una especie de declaración de amor erudita, quizá incluso la primera ‘carta de un admirador’ verdaderamente cerebral”, condensa King sobre el libro.

Otras voces, otros ámbitos: la conexión Borges

El año pasado, también, la editorial local Caja Negra se tomó el trabajo de reunir el material “bloguero” del escritor y crítico musical Mark Fisher, y en su segundo volumen publicó el artículo Memorex para Krakens: El modernismo pulp de The Fall.

Ahí intentaba señalarla influencia de HP Lovecraft en el grupo de post punk inglés. Y encontraba que sus cuentos y novelas cortas “pueden no ser más aprehendidos como textos discretos, sino como objetos-partes que conforman un espacio-mito que otros escritores pueden a su vez explorar y extender”.

Lovecraft alguna vez pensó en la ciudad de la furia. Fue cuando sugirió que un ejemplar del Necronomicón, el libro maldito capaz de convocar a criaturas inabarcables y desatar el apocalipsis, era propiedad de “la Universidad de Buenos Aires” (El horror de Dunwich, 1926).

Con el tiempo, el mito y la voluntad de sus lectores locales, se cristalizó la noción de que en realidad esas páginas horrorosas habitaban la Biblioteca Nacional.

Parte de esa leyenda podría haber comenzado en los tiempos en que Jorge Luis Borges fue director de la Biblioteca. Como fuera, el autor de El Aleph lo tenía leído a Lovecraft y lo consideraba un “imitador del patético estilo de Poe”.

Eso sí, en El libro de arena (1975) no dejaba de comentar: “El destino que, según es fama, es inescrutable, no me dejó en paz hasta que perpetré un cuento póstumo de Lovecraft, escritor que siempre he juzgado un parodista involuntario de Poe. Acabé por ceder; el lamentable fruto se titula There Are More Things”.

Aunque menospreciaba a Lovecraft, el joven Jorge Luis  Borges escribió un relato basado en el estilo del escritor estadounidense.

Aunque menospreciaba a Lovecraft, el joven Jorge Luis Borges escribió un relato basado en el estilo del escritor estadounidense.

Borges, en realidad, estaba jugando a ser uno de los tantos herederos conscientes que dejó Lovecraft. Tal es así que la leyenda admitía que el nuestro llegó a generar una ficha del Necronomicón, cuando la sede quedaba en México 564, para alimentar más el mito de los libros innombrables o inexistentes, con los que tanto le gustaba fantasear.

¿HP Cerati?

Quizá aquella no haya sido la única semilla lovecraftiana en nuestro país. Y acaso, la que vamos a perseguir, no ofrezca el recorrido siniestro ni la herencia conceptual en relación a ambas obras, pero las pistas existen.

A priori, nadie relacionaría a HP Lovecraft con Gustavo Cerati, pero la vida y obra del chico de Villa Urquiza siempre insistió en extender sus creativos tentáculos en una zona oscura, un punto muerto donde el azar los encuentra.

Todo pudo haber comenzado cuando hacia 1988 y con Soda Stereo grabó la palpitante Corazón delator en el disco Doble vida. Se sabe, es una adaptación del cuento de Edgar Allan Poe, el descifrado padrino literario de HPL según Borges, el propio Lovecraft y cualquier alumno de escuela secundaria con un mínimo de comprensión de texto.

“La escribí pensando en que mi corazón me delata cuando veo a la persona que amo”, explicó alguna vez Gustavo, que con la misma banda dos años después publicó el explícito y carnal Canción animal. Esto fue en agosto de 1990, cuando en algún inframundo se celebraban los 100 años del nacimiento del escritor.

Dirá el lector que esto viene flojito de papeles. Que ni siquiera arriba al nivel de aleatoriedad que se maneja en los famosos seis grados de separación de Kevin Bacon, según los cuales nadie en la industria cinematográfica está a menos de seis relaciones de distancia del actor.

Y no creo que dejen de porfiar si les digo que el traductor español de buena parte de la obra de Lovecraft lleva el apellido del primogénito de Cerati (Aurelio Martínez Benito).

Acudo a mi hermana menor, veterinaria y astróloga, y me escribe por Whatsapp: “En la carta natal en común encontré el sol en Leo #Tristeza”.

Le pregunto al talentoso muchacho por detrás de la cuenta tuitera de anagramas @GramaSana y coincidimos en que es un caso arduo, pero no tanto: “Howard Phillips Lovecraft” se podría decodificar como el titular de una revista musical inglesa ensayando de modo impresionista sobre su música: “Cerati: Hard Pop vs. Hills Flow” (Cerati: Pop duro vs. Flujo de colinas).

Mitos de la Providencia

Empiezo a transpirar. Repaso Los Mitos de Cthulhu y aparece Hastur, aquel que no debe ser nombrado, una entidad también conocida como El Indescriptible, Assatur, Xastur, H’aaztre, Kaiwan o….El Rey de Amarillo. Me recuerda que una de las etapas más místicas del músico dejaron títulos como Colores Santos (1992) y Amor Amarillo (1993). ¿Es una pista? ¿Es, como alguna vez tituló el escritor, El color que cayó del cielo?

Los invito a pasar al mentado debut solista de Cerati. Track: Avenida Alcorta. “Avenida Alcorta, cicatriz/ Hoy volví cansado de hablar de mí/ Providencia puede ser azar/ Donde estemos juntos será nuestro hogar/ No sé, no sé donde estás/ Y me vuelvo extraño”.

Y no, Providencia no fue azar, sino la comuna al noroeste de Santiago donde vivió un par de años en los ‘90. Providence, la capital del estado de Rhode Island, en cambio, es el sitio donde nació y murió HP.

Lilian Clark y Gustavo Cerati. Té para dos.

Lilian Clark y Gustavo Cerati. Té para dos.

Pero la verdad es que el creador de tanta saga macabra algo se movió. Y tuvo la voluntad de formar una familia, casándose y mudándose a Nueva York. No duró mucho ahí. Agobiado por la Gran manzana, la falta de trabajo y el matrimonio en sí mismo, regresó a Providence para vivir con una de sus tías. La preferida, con la que mantuvo una profusa correspondencia.

La que le dio refugio y consideró más que una madre, aunque él la sobrevivió. Una mujer que llevaba el mismo nombre que la primera y última persona que asistió a Gustavo Cerati en su ciclo de vida. La que lo condujo con paciencia y amor filial mientras él atravesaba vaya a saber qué lovecraftianas pesadillas. Ella, Lilian Clark.

Ternura a raudales. Lilian Clark y su nuevo hijo adoptivo: Charly García.

Ternura a raudales. Lilian Clark y su nuevo hijo adoptivo: Charly García.

Aunque usted no lo crea.

WD

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