las 10 frases más poéticas de sus canciones

Señalado como “el” poeta del rock argentino, Luis Alberto Spinetta desarrolló a lo largo de su extensa trayectoria una lírica que se sostiene por sí misma, en muchos casos, más allá del soporte que ofrece el continente musical.

La sutileza en el manejo de la palabra, la insobornable apuesta al riesgo en la escritura algunas veces algo críptica y de una avasallante transparencia otras, la irrenunciable búsqueda de la belleza aún en la más aplastante desazón, son cualidades que en la obra se mantienen incólumes de principio a fin.

Por otra parte, la conexión de Spinetta con la obra literaria de distintos autores como Antonin Artaud, Arthur Rimbaud y el surrealismo francés, el antropólogo peruano Carlos Castaneda y tantos otros, fue una de las fuentes que nutrieron el laboratorio en el que procesó toda esa información para transformarla en alimento de su propio discurso.

Tapa de Artaud.

Tapa de Artaud.

Tan sólo una, que encontraba su complemento ideal en el pulso del aquí y ahora más urgente, de modo que en su voz y su música se conjugaran sin conflictos la más pura abstracción, que encuentra su lugar en fragmentos de álbumes como el lejano Artaud o el más cercano Para los árboles, con el hiperrealismo de Las golondrinas de Plaza de Mayo, Bajo Belgrano o Bosnia.

Por eso, cualquier intento de seleccionar “las” 10 expresiones más sobresalientes de la poética de Luis Alberto Spinetta está condenado al fracaso antes de poner manos a la acción. Sin embargo, aceptar el reto -en clave de un juego que se sabe perdido ya desde la previa- permite, al menos, explorar una vez más los rincones menos visitados de una producción que, como los grandes clásicos, siempre ofrece nuevas perspectivas de abordaje y nuevos tesoros por descubrir.

Para ir – Almendra (1970)

“Córrete hasta el espacio / Quiero que sepan hoy / qué color es / el que robé cuando dormías / Ya, móntate en el rayo… / para ir”

Incluída en el segundo álbum de Almendra, la canción tiene su inspiración en la relación que Luis Alberto mantenía con Cristina Bustamente, también musa de Muchacha (Ojos de papel), a la que el artista vuelve en este breve pasaje.

Cantata de puentes amarillos – Artaud (1973)

“Aquellas sombras del camino azul ¿Dónde están? / Yo las comparo con cipreses / que vi sólo en sueños / Y las muñecas tan sangrantes están / de llorar / Yo te amo tanto que no puedo despertarme sin amar”

Parte de la canción que constituye el eje del álbum, que encuentra su principal fuente de inspiración en las cartas que Vincent Van Gogh escribió a su hermano Théo y fueron recopiladas en el libro Cartas a Théo, el fragmento, que repite su ultimo verso abre la puerta al desenlace de la suite, que se inscribe entre lo más destacado de la obra de Spinetta.

Los libros de la buena memoria – El jardín de los presentes (1976)

“El vino entibia sueños al jadear / Desde su boca de verdeado dulzor / Y entre los libros de la buena memoria / Se queda oyendo como un ciego frente al mar”

En cuatro versos, por cierto fantásticos, Spinetta logra llevar al plano de la palabra cantada una apelación a los cinco sentidos, con tal precisión y profundidad que resulta imposible no saborear el fruto de la vid, imaginar esos sueños misteriosos o intentar adivinar lo que fue escrito en esas páginas. Y ni que hablar, por supuesto de dibujar en el aire la figura de ese hombre que mira la nada; o que tal vez todo lo ve.

Canción para los días de la vida – A 18’ del sol (1977)

“Tengo que aprender a ser luz / Entre tanta gente detrás / Me pondré las ramas de este sol que me espera / Para usarme como al aire”

Una de las canciones más “versionadas” del artista, encierra a los largo de sus 38 versos un sinfín de escenas que vuelven a denunciar la conexión de Spinetta con el surrealismo. Un corazón de “mantel y batón”; un duende con “orejas blancas como un soplo de pan y arroz”; la necesidad de aprende a volar… Uno de los textos del músico en los que la canción y la poesía se conjugan con mayor fluidez.

Con la sombra de tu aliado (Aliado) – Alma de diamante (1980)

“Encuentra ya tu forma / De inmensa aurora boreal / Recupera la sed en tu alma / Para impulsar a este mágico y misterioso mundo / Ah, sólo con harapos te vestirás / Y sabrás de las estrellas”

El álbum Alma de diamante derrocha construcciones poéticas. La canción que le da título, la maravillosa Dale gracias -recuerda que un guerrero no detiene jamás su marcha”- o Diosa Salvaje podrían haber aportado a esta mini antología. La elección de Con la sombra de tu aliado responde a un impulso del momento, aunque sostenido por la potencia de seis versos inapelables.

Ah! Basta de pensar – Kamikaze (1981)

“ah!… qué razón de ser / me habrá puesto piel / en la inmensidad”

Cuán profundo habrá que hurgar para encontrar una respuesta a semejante pregunta planteada por Spinetta en una forma de poesía que encuentra su música en su mera lectura. En tres versos, el compositor sintetiza el interrogante que enmarca nuestro paso por este planeta.

No ves que ya no somos chiquitos – Madre en años luz (1984)

“¿No ves que ya no somos chiquitos? / ¿No ves que ya no estamos tan loquitos? / ¿No ves que el silencio es errante? / ¿No ves que el silencio quebró Y el concierto del aire escapó con tu piel?”

Una vez más, la pregunta como recurso y, en este caso, como interpelación quien no logra ver el paso del tiempo y sus efectos. Y una vez más esa cuestión de la piel puesta en juego, esta vez en la segunda persona.

Fina ropa blanca – Don Lucero (1989)

“Todos los espejos de su corazón / Se quebraron en mi / Todas las mañanas me parecen una / Todo el cielo se fue / Y en busca de qué / Acaso las sombras huyan”

Sólo se trata de hacer la prueba de imaginar que eso que Luis Alberto Spinetta canta el Fina ropa blanca realmente puede suceder. Un alma ensangrentada de cristales, un cielo que ya no está y entonces, claro, la monotonía de un tiempo sin sol, y por supuesto, sin sombras. Todo, en apenas seis cautivantes versos irregulares.

Jardín de gente – Los socios del desierto (1997)

“Alguien debió conservar y cuidar con amor / Este jardín de gente / A Dios nunca se le ocurrirá / ¿Cómo harás para ver y aliviar el dolor en el jardín de gente / Algún acuerdo en tu alma tendrás…”

En el libro Música, sólo música, que recopila una conversaciones imperdibles de Haruki Murakami con su compatriota, el director orquestal Seiji Ozawa, el escritor japonés cuenta que escribe como si creara una obra musical, con el ritmo como elemento determinante en torno al cual tomará forma la armonía y crecerán las melodías. Habla del ritmo de las palabras; del ritmo de la escritura. Eso que parece haber sido un mandato fundacional en el trabajo de Spinetta, y que se verifica en este fragmento.

Cisne – Para los árboles (2003)

“Quedó vacío el aire / Una vez más / Y el manantial brotó / Y nadie está aquí / Y puedo ver / Que sólo estallan las hojas al brillar / Y ya no hay nada que decir / Así refleja el cisne así / El agua en sus alas”

Un cisne vuela, y sus alas reflejan el agua. ¿Acaso hay una imagen más poética? Hay un marco, en el que el aire quedó “vacío”. La potencia de la palabra de Luis Alberto Spinetta, con su propio canto, se impone una vez más por sobre cualquier lógica. Qué otra cosa, si no eso, es la poesía.

E.S.

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