La voz de “El Rotativo del aire”: Carlos Casal y el arte de leer el informativo radial



Todo empieza con un regalo de Reyes: una radio National Panasonic negra, la “tablet” de los sesenta. Carlos Casal, el niño que recibe el obsequio, no imagina el futuro con Internet, y encuentra su conexión, su “Google”, en el “barrido del dial”. Hace girar una rueda y así logra ir de una punta a otra de la AM y de la Argentina. Su preferencia siempre está en el 630, Rivadavia. Lo estremece la voz de Antonio Carrizo. No sabe todavía que alguna vez paseará por los pasillos de la calle Arenales y reemplazará algún rato al maestro en la conducción de La vida y el canto.

Imposible no haber escuchado alguna vez, aunque sea de fondo, el tono “Casalesco”. Desde hace 20 años, cada vez que el reloj marca las “en punto” y “las y media”, Casal pone a pruebas sus pulmones, toma aire y nos advierte sobre cortes de calles, accidentes, tragedias, cortes de luz, temperatura y cielo “ligeramente nublado”. Más que el don de la voz, lo suyo es el arte de la inflexión, del punto y la coma, del necesario microsegundo en silencio.

Heredero de una estirpe como la de Miranda Lugano, es uno de los locutores del mítico servicio informativo de Rivadavia, El Rotativo del aire, junto a voces como la de Patricia Costanzo. Tiene sobre sus hombros el peso de una marca radial que nació en 1958 como un segmento revolucionario que cambiaba la forma de informar. Casimiro Morras fue el inventor del Rotativo. Hace 60 años (el 24 de abril de 1959) Rivadavia comenzó a transmitir por primera vez de forma ininterrumpida las 24 horas. Por eso el logo que adoptó la radio, un gallo y una lechuza, símbolos del día y la noche.

Más que una voz. “Lo importante es la intención”, dice Casal.

¿Oficio en extinción? ¿Profesión nostálgica la de la elegancia a la hora de leer boletines? ¿Cómo se vive puertas adentro esta vocación que parece como detenida en el tiempo?

Abogado recibido de la UBA, 57 años, locutor con matrícula otorgada por el Cosal, Casal se crió entre Almagro y Boedo. Terminado el colegio secundario se vio obligado al servicio militar, al que llevó adelante en el Servicio Meteorológico de la Fuerza Aérea. La radio era su obsesión, pero antes cumplió el mandato familiar de una carrera “como Dios manda”. Se inscribió en Derecho, intercaló con la locución y finalmente terminó ambas carreras.

Su currículum empezó a escribirse en los noventa, en Radio Municipal. Junto a sus compañeros de Cosal llevaba adelante un programa nocturno diario, Por esta noche, con el que recorría las calles y los bares en busca de personajes. Tambien trabajaba junto a Quique Pessoa: interpretaba a Malbrán, un pintoresco empleado ferroviario que vivía en la estación Constitución. A Pessoa le gustó tanto esa criatura que lo llevó a Rivadavia.

Al aire. Carlos Casal, histórico locutor de “El rotativo del aire”.

Hoy también se lo escucha en La Red, en la locución comercial de las transmisiones deportivas. Le pone entonación y gracia a frases como “¿Ya probaste el chiquito? Ahora, probá el grandote”. 

-¿Cómo es ese sub-rubro de lectura de publicidad durante un partido de fútbol?

-Muy divertido. Textos cortos, contundentes, con un gancho. No se puede leer igual un aviso de una marca de camiones que una de caramelos o de lubricantes. La intención es todo. Un informativo exige aplomo. El fútbol te permite ir más arriba, jugar, hacer cosas que en un informativo no corresponde. Mi trabajo es la creatividad.

-Pero los textos de los avisos llegan escritos. ¿Cómo se desarrolla ahí la creatividad?

-Hay que hacerse preguntas. ¿Dónde pongo el hincapié? ¿Con qué palabra juego? ¿Dónde hago un rulito? Tiene algo de actoral también.

Inflexiones, puntos, comas. El arte de leer el informativo radial.

-¿Cómo logra un distintivo un locutor de informativo más allá de su voz?

-Un locutor de servicio informativo debe saber escribir, estar informadísimo y ser directo. El oficio de ser llano y directo no es sencillo.

-¿En un mar de noticias desesperante hoy, qué priorizás a la hora de elegir la información?

-Me interesa la noticia que tiene que ver con la vida cotidiana de la gente. Cuánto sale un pan dulce, o por qué El Trece decide levantar El Zorro es también noticia. Eso no va a cambiar la vida a la gente, pero le interesa. No todo es el índice de inflación.

-¿El Rotativo del aire puede ganarle a la velocidad, por ejemplo, a Twitter o eso ya es una utopía?

-Es casi imposible. Hubo una revolución en la circulación de la información. Con las redes sociales el oyente ya tiene al alcance de la mano todo.

-¿Cómo eran esas épocas de la “máquina” Rapidísimo” de la que formaste parte?

-Con Héctor Larrea trabajé los últimos años de Rapidísimo. Allí hacía flashes de noticias, sketches de humor, de todo, incluso lo reemplacé cuando se enfermaba. Él se sentaba de espaldas a la puerta, en el estudio con la puerta abierta. Yo me paraba a mirarlo, a mirar sus gestos, sus movimientos, su hablar. Tomé eso y empecé a incorporarlo, él me permitió soltarme, mover el cuerpo y la cara mientras leía un aviso. Es un fenómeno del manejo de los tiempos. No se daba cuenta y te estaba dando una clase. Recuerdo todo eso y me emociono. Eso era tocar el cielo con las manos.

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