La vida de Mary Ingalls hoy: Melissa Sue Anderson, antiTrump y antifama



La chica que ama leer al sol, cierra su libro y se entera por boca de su padre de que se quedará ciega. Faltan apenas semanas para que de ese ángel escape el alarido de una bestia. El mundo se le apaga, y la oscuridad queda representada magistralmente en la cara de Mary Ingalls. Es 1978. Medio Estados Unidos cree que la televisión está ante la gran actriz dramática del siguiente milenio, pero no. Melissa Sue Anderson querrá patear el tablero.

Todavía corretea por la pradera de los televisores del mundo. Satura la pantalla con ese azul inclasificable de sus ojos. Sigue teniendo 11, 13, 15 años para todos los que redescubren La familia Ingalls a 46 años de su estreno. Pero el almanaque marca que cumplió 58. Se animó a desprenderse de Hollywood, a mudarse de país, a invertir en una vida parecida a la de los cristianos Ingalls.

La historia televisiva la recordará como uno de los personajes jóvenes con mayores calvarios consecutivos de ficción. Estuvo a punto de morir por una infección, perdió un hermano de meses, la vista y un embarazo, sufrió el incendio del hogar de videntes que dirigía y -como si tanto drama resultara insuficiente-, su bebé terminó calcinado al igual que el cuerpo de su amiga y socia. La vida real fue menos cruel. Casi rosa. 

Nominada al Emmy, Melissa Sue Anderson como Mary Ingalls.

De la dulce, abnegada y rota Mary, Sue Anderson escapó ilesa. No hubo daños colaterales, no hubo refugio en las drogas, ni crecimiento traumático ante cámara. tampoco depresión post-éxito, ni escándalo mediático. Pero planeó una huída a tiempo.

Dijo “no” a protagonizar La laguna azul, la película que terminó cuerpeando Brooke Shields. No quería abandonar su esencia, ni desnudarse, ni prestarse a las macabras fantasías de productores apelando a cuerpos de menores para reventar la taquilla. Tal vez ese haya sido su mayor éxito: darse cuenta a tiempo.

Los niños a su alrededor escondían dolores que ni ella ni el público imaginaban. Mientras actuaban esparcidos por el imaginario pueblo de Walnut Grove, muchos gurrumines lograban la distracción, la catarsis. El ejemplo más doloroso era el de Alison Arngrim, la malvada Nellie Oleson, que se animó décadas después a relatar abusos e intento de violación en su propia casa.

“Guardar el secreto fue la peor parte”, admitió Arngrim. “Me preguntaba si alguien podría saberlo con solo mirarme. El personaje de Nellie me salvó, me sacó de mi casa cuando pensaba que no había escapatoria”.

La escena de Melissa Sue Anderson cuando su personaje queda ciego.

Acusada de “distante, lejana, solitaria”, “Missy”, como la llamaban, no era especialmente sociable. Asmática, callada, misteriosa, los periodistas hablaban de una “madre sobreprotectora en el set”, que creaba “una barrera social para sus relaciones con colegas”. Ella explicaría más tarde que estaba atravesando un duelo, el proceso de divorcio de sus padres.

En su posterior libro (editado en 2010) Melissa casi no nombra a Gilbert. “No éramos amigas”, se plantó y sorprendió a todos los que creían que ese clan era de fierro cuando la luz se apagaba. “No tengo tantos recuerdos con ella, por eso no la incluí en mi escritura”.

Melissa Sue Anderson y Melissa Gilbert como Mary y Laura Ingalls.

Si la cuarentena trajo el shock de los actores de Little House envejecidos, vía Zoom, y a pura confesión, también dejó en claro que hay una ex Ingalls que disfruta de su silencio. Anderson solo usa su red social de Twitter para disparar contra Donald Trump, apuntar contra el racismo y arengar a Joe Biden.

​En medio de la reaparición de la madre Ingalls admitiendo que Michael Landon “no pagaba lo que correspondía” (Karen Grassle, 78); de Melissa Gilbert (56) mudada a una granja para protegerse del coronavirus y de la señorita Beadle (Charlotte Stewart, 79) revelando que fue drogadicta y quedó en la ruina, Melissa Sue calla. Disfruta de una vida armoniosa en Canadá, a donde se mudó con esposo e hijos.

La que ganó entre 200 aspirantes a ser Mary Ingalls.

Secretos de una vida en voz baja

En épocas de la serie batiendo récord de audiencia (se emitió desde 1974 a 1983), los fans jugaban a integrar bandos. Se era del bando de Melissa Sue (Mary) o de Melissa Gilbert (Laura). La primera era de espíritu tranquilo, intelectual, responsable, mejor alumna. La segunda, antítesis, un torbellino físico y mental, feminista capaz de poner en duda las reglas sociales de 1870. Los rumores eran cada vez más potentes: el mito de que detrás de cámara las hermanas de ficción tenían sus rispideces.

Melissa Sue Anderson y Karen Grassle en “La familia Ingalls”

Anderson cultivaba una personalidad parecida a la de su criatura Mary: prefería leer un libro que trepar a un árbol. De todos los Ingalls, esos seres impolutos, de una sensibilidad y moral superior, Melissa Sue “fue la más Ingalls real”, juzgan los acérrimos “ingólogos”.

Nació en 1962, el 26 de septiembre en Berkeley, California. Antes que las máscaras actorales estuvo la danza. Una profesora de baile aconsejó a sus padres que buscaran un agente en Hollywood porque “esa carita perfecta sumada a su frescura” tenían altas posibilidades de hipnotizar a las cámaras. Melissa insistió y los padres tomaron el pedido como un capricho con fecha de vencimiento.

Sus primeros pasos mediáticos fueron en comerciales de televisión. A partir de allí, todo fue vértigo. Un debut fugaz en Hechizada (1972) y llegó su primer beso, de ficción, en una participación en La tribu de los Brady (1973). Enseguida, lo inevitable: la invitación de Michael Landon para encarnar a su hija mayor en una serie edulcorada de la NBC, basada en los libros de Laura Ingalls Wilder.

Entre 200 aspirantes, a fuerza de una naturalidad poco habitual para la edad, en el casting se impuso ella.

Una tapa de revista con Melissa Sue Anderson hoy y su marido.

Las agotadoras jornadas de grabación eran incompatibles con su educación formal. Cursó el colegio en parte en el Sagrado Corazón de Flintridge, aunque con intervalos. En el set tenía una tutora, la señora Minniear, que le impedía abandonar la tarea escolar a pesar del extenuante trabajo actoral.

Las distinciones no se hicieron esperar. En 1976 obtuvo la nominación al Emmy por La familia Ingalls. En 1979 ganó un Emmy por la película Which Mother is Mine. La fama empezaba a resbalarle. Tanto que no asistió a la gala de entrega. “Era mi cumpleaños”, se excusaba.

Un romance fugaz a sus 17 con Frank Sinatra Jr. (casi 20 años mayor que ella), millones invertidos en un Mercedes 450SL, una mudanza sola a San Fernando Valley. Cuando despegaba artísticamente, se independizaba de su madre y sus sueldos incluían varios ceros, decidió pisar el freno.

Mary Ingalls y Adams en “La familia Ingalls” (la actriz Melissa Sue Anderson)

Participaciones en series como El crucero del amor, La isla de la fantasía, Chips, The Equalizer, la película de terror Happy Birthday to Me y otras 10. El trabajo no cesaba, pero la que ponía el límite era ella. Recién en 2006 volvió al protagónico de TV con fuerza, en la miniserie de NBC 10: 5: Apocalypse, en el rol de una primera dama. Su última aparición: Un robo inesperado, una  comedia de 2018 disponible en Amazon.

Naturalizada canadiense en 2007, en 2002 había decidido abandonar los Estados Unidos para hacer foco en su familia en Montreal. La idea era criar “con profunda atención” a Piper (nacida en 1991) y a Griffin (1996), hijos de su relación con el escritor y productor Michael Sloan, con quien se casó en 1990. Se habían conocido en el set de Alfred Hitchcock Presents. Fue flechazo y acuerdo: los flashes podían destruir la paz conyugal. Intentaron una vida “anónima”.

Melissa Sue Anderson hoy (captura de TV).

“Realmente me alejé del medio por mucho tiempo. Fue para que los niños tuvieran noción de quiénes eran y pasaran todo el tiempo posible conmigo”, contó a Hollywood Chicago. “Me gustó poner a mis hijos primero y estar en casa con ellos día a día. Por mucho que disfruté de mi carrera, nunca gocé más que interpretando el papel de madre. Estoy segura de que tomé la decisión correcta para mí y para nuestra familia”.

El día que se bajó del éxito

Después de quedar ciega Mary -en la cuarta temporada- y de asesorarse con especialistas de la Foundation for the Junior Blind, que la orientaron sobre cómo moverse y componer a una persona que pierde la vista, el personaje recibió más golpes dramáticos de guión.

Algo empezó a incomodar a Melissa. Un día entendió que los escritores “no tenían más historia para Mary Ingalls” y planteó el alejamiento de la serie. “A la pobre Mary le había pasado de todo. No creo que pudiera haber más desgracias soportables ni un arco atractivo”, juzgó décadas después la actriz, que regresó para el final.

La revista People de 1978 con Melissa Gilbert, Michael Landon y Melissa Sue Anderson

En 2009, después de que Gilbert decidiera lanzar un libro biográfico, Sue Anderson siguió sus pasos por pedido de un editor. Eso sí: evitó la polémica. En el texto (The Way I See It: A Look Back at My Life on Little House) dio detalles de cómo se produjo el exitazo impulsado por Landon y confesó que los dos capítulos que más había disfrutado ocurrieron en 1978 (episodios 89 y 90) cuando tuvo que transformar a Mary en un ser desconcertado por su ceguera.

El tramo más sorprendente del libro tuvo que ver con su franqueza en cuanto a Michael Landon: “No era Charles Ingalls en la vida real. Podía ser cruel, controlador y mezquino y alguna vez se burló de alguien que tartamudeaba”. Según el crítico literario Adam Blumer, “en una ocasión, Anderson lo sorprendió fumando un porro. Él fumaba y bebía con frecuencia”.

La eterna Mary mantiene la sonrisa y la estampa de corrección, pero la política la moviliza y es el tema que la exhibe más sanguínea. “Las raíces del racismo son profundas, agarremos una pala”, “Trump es el primer presidente que no intenta unir al pueblo estadounidense”, “esto es una amenaza para nuestra democracia, una nueva crisis de narcisismo”, se despacha con una ristra de retuiteos.

A seis años del reencuentro del elenco de Little House on the Prairie en TV (Laura Ingalls, Mary Ingalls, Carrie, Caroline y Albert, más Nellie Oleson y Almanzo Wilder cara a cara después del funeral de Landon, 1991) Sue no piensa en nuevas reapariciones. Como si hubiera tenido suficiente dosis de pantalla y de recuerdos. ¿Jubilada? no, pero sí “programada en modo pausa hasta que surja un rol que valga la pena”.

Una de las niñas más famosas de los ’70.

“¡Creo que somos el único elenco que estuvo libre de arrestos!”, bromeó Gilbert en ese reencuentro popular, en relación a tragedias como las de Blanco y negro (Gary Coleman y elenco). Anderson es la mosca blanca de un listado interminable de niños actores sobrevivientes a duras penas. “Se puede”, repite. “Siempre y cuando sepas irte a tiempo”.

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