La vida de Birgitte Nyborg, la protagonista de Borgen que habla con la mirada



Las redes sociales, ese termómetro que mide la temperatura de la popularidad, hasta el mes pasado tiraban apenas algún piropo aislado a una de las mejores series de los últimos tiempos. Eran comentarios de argentinos que habían podido verla en el coloquialmente llamado “circuito alternativo del streaming”. Pero, cuando el 4 de septiembre se estrenó en Netflix, Borgen fue trending topic.

Y, la semana pasada, como contrapartida al bochorno del diputado argentino (por el Frente de todos) Juan Ameri, la cara de Birgitte Nyborg se viralizó en formato de meme como bandera de la dignidad política.

Pero, ¿quién es Birgitte? O, mejor: ¿qué representa Birgitte? Desde la vereda de la ficción, ella (también) podría sentir vergüenza ajena de ver a un legislador besando los pechos de una mujer frente a la cámara de su computadora… en plena sesión de diputados. Y eso que esa escena, que seguramente no se le habría ocurrido ni al mejor guionista, porque carecería de la codiciada verosimilitud, sucedió en la vereda de la bendita realidad.

Birgitte y Kasper, su hombre de confianza que de entrada juega sucio. Y ella sabe salir limpia.

Birgitte Nyborg no es perfecta. Es humana. Tiene grises, no tan grises como sus ojos, pero no atesora manchas humillantes. En el camino político que transita a lo largo de las tres temporadas de Borgen registra tropezones y algún mal paso, pero se las ingenia para que lo que se imponga, al fin de cuentas, sea su andar con la cabeza levantada.

Y, hablando de ojos y de grises, los de la actriz  Sidse Babett Knudsen van de ahí a la zona de los azulados, haciendo alguna escala cromática en los celestes. Desde allí, entonces, observa Birgitte: y en su caso, como pieza clave del gobierno de Dinamarca, no importa tanto el color de sus ojos como sí la intensidad de su mirada. Es una mirada que habla.

Borgen es una serie danesa que vio la luz en su país hace exactamente diez años. La prestigiosa cadena Danmarks Radio la empezó a emitir el 26 de septiembre de 2010. Y recién ahora llegó a la Argentina. Pero, lejos de tener fecha de vencimiento, la historia que cuenta la vida de la primera mujer que accedió al cargo de Primer Ministro de su país invita a revisarnos como sociedad, con nuestro líderes políticos en primer plano.

No recomendada para maratonear (es mejor ver y digerir el disfrute), la ficción que tendría una cuarta temporada (coproducida por Netflix) muestra cómo, mientras ella construye su poder, se empieza a derrumbar su armonía familiar. No es la ambición ni la desmesura lo que le juegan en contra. Es su necesidad de hacer lo que piensa, concepto que desgrana seguido, y en sus distintos roles, a través de sus 30 episodios, especialmente en el último: “El arte consiste en formar un gobierno estable”.

Sidse Babett Knudsen nació hace 51 años en Copenhague. Actúa desde hace casi 30 años, pero su reconocimiento mundial le legó con “Borgen”.

Vayamos al final, sin spoilear demasiado. Ya no tiene el cargo de Primer Ministro. Llega al debate televisado de “Los líderes del nuevo Parlamento”. Tapado rojo, uno de sus dos hijos de una mano, su nueva pareja, de la otra. Sonríe a lo Birgitte, sutil, segura, sin pizca de soberbia, envidiable. Los periodistas corren a su encuentro:

-¿Dónde estarás en la política danesa?

-Eso lo dicen los votantes.

-¿Quién te respalda?

-No lo sé todavía, pero un voto para nosotros es una voz para el cambio.

Una referente del periodismo danés cuenta a cámara que “Birgitte Nyborg ha llegado con su novio, el arquitecto inglés Jeremy Welsh y con sus dos hijos… Nyborg irradia triunfo”. Y ella avanza hacia el debate aferrada a sus afectos, pero también a sus ideas. Y a sus ideales.

Luego se la verá eufórica parada sobre una mesa, celebrando con su equipo: “Cuando los miro me siento increíblemente orgullosa. A partir de la idea de unos pocos, en un año creció un movimiento. Gracias a ustedes estamos en el Parlamente con 13 escaños”. No corresponde ahora contar si vuelve a ser primera ministra a no, como lo había sido en las dos primeras temporadas. Sólo dirá: “Hice lo que considero mejor para mi país”.

Gran línea de ficción, que no todos los políticos pueden respetar en la realidad.

Ésa es la Birgitte del final, al frente del Partido Nuevos Demócratas, pero corramos las agujas al revés y vayamos a la Birgitte del principio, líder del Partido Moderado. No es muy distinta. No tiene la evidente fatiga de materiales de los últimos episodios, pero la escala de sus valores es idéntica.

Sostenida por una buena campaña en la que se lucía su asesor mediático, Kasper Juul, llegó al cargo de Primer Ministro no sin antes dejarle en claro a él a qué lugares conceptuales no iba. No es mujer de traicionar, Birgitte, mucho menos de traicionarse. Y en esa escena clave del comienzo, la serie marca su territorio. Después se verá qué fue de la vida de Kasper, al que en los comienzos le gustaba jugar con las cartas marcadas.

Como también se verá qué es de la vida de Katrine Fonsmark, la periodista estrella de TV1 que, desde sus distintos roles, se debate en interesantes duelos con Nyborg, para terminar junto a ella. No debe ser casualidad que la actriz se llame Birgitte (Hjort Sorensen).

Una de las mejores cosas de “Borgen” es que Birgitte siempre juega en equipo. Es su modo de moverse en el poder.

Si bien la lupa narrativa nunca se desenfoca de la figura de la primera ministra, la serie también se ocupa de la relación del gobierno con la prensa. Es ficción, sí, pero también es Dinamarca.

Y, en ese no perder de vista jamás al personaje principal, la historia creada por Adam Price va reflejando cómo la armonía inicial en la casa de los Christensen (el apellido de su marido, Philip) se empieza a deshilachar en la segunda temporada.

Profesor de un colegio de Copenhague, como buen compañero asume llevar las riendas del hogar mientras ella se va descubriendo como líder política, pero ya en pleno mandato, mientras Birgitte reluce en el Palacio de Christianborg (“mi segundo hogar”), su vida familiar empieza a opacarse.

Volver a su casa ya no será tan placentero como en los primeros episodios. Pero también las cosas han cambiado para su esposo y para sus dos hijos, Laura y Magnus. Más allá de algunas tensiones, la Birgitte mamá no se descuida. Habrá reclamos, habrá llantos, habrá abrazos y algunas reconciliaciones.

Y para todas esas postales cotidianas, y las políticas, tanto las correctas como las incorrectas, se verá siempre el oficio de Sidse Babett Knudsen detrás de la protagonista. Nacida el 22 de noviembre de 1968 en Copenhague, se crió en Tanzania, se formó artísticamente en Francia, en L’Ecole Jacques Lecoq, vivió en Nueva York y, ya decidida a trabajar de actriz volvió a las raíces.

Babett Knudsen debutó en la película danesa Let’s Get Lost, y entre sus trabajos se destaca el de Después de la boda, que estuvo nominado al Oscar como mejor filme extranjero.

Hace cuatro años compartió cartel con Tom Hanks en Inferno, dirigida por Ron Howard, y en 2016 también ganó un premio Cesar como mejor actriz secundaria por la francesa L’Hermine.

Su boletín tiene buenas notas, tanto de público como de crítica, pero es la composición de Birgitte la que le regaló el excelente (al menos de parte de Clarín). Todos los que han visto Borgen quedaron seducidos por Birgitte. Hillary Clinton, ex primera dama de los Estados Unidos, y Letizia Ortiz, reina consorte de España, han hecho pública su admiración por el personaje.

Una criatura de ficción que quién no querría tener en su casa. O, ni más ni menos, en la Casa de Gobierno.

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