La película “El robo del siglo” es una oda a la marihuana



Formalmente, El robo del siglo es una película basada en el asalto a la sucursal Acassuso del Banco Río. “Más que un crimen, una obra de arte”, se escribió en este diario: además de llevarse un botín de 19 millones de dólares y 80 kilos de joyas, ese 13 de enero de 2006 la banda liderada por Fernando Araujo empezó a escribir el guión de una fascinante comedia policial. Pero no. En realidad la película trata sobre la marihuana, y lo del robo es sólo la excusa para entender, también, cómo pueden pueden surgir grandes ideas a partir de las volutas de humo cannábico.

La gente de THC –revista especializada en la materia-, dice que es una “oda “a la marihuana. Guillermo Francella, uno de los protagonistas, consultado por Clarín, sonríe vía WhatsApp y prefiere hablar del orgullo que sintió de trabajar con su preciosa hija Johanna. Mientras, Ariel Winograd, el director, reconoce que la marihuana opera como “metáfora” pero nos pasa el contacto de Fernando Araujo, el cerebro de la banda, el guionista de la película. El Diego Peretti del filme. El pintor que sacó el “arte” del museo y las galerías para llevarlo a la bóveda de un banco.

Resulta increíble, disparatado casi, que la película argentina probablemente más taquillera del año, una superproducción bancada por Telefé con actores terriblemente populares como Francella y Peretti, pueda –directa o indirectamente- operar tanto y tan fervientemente para la legalización o despenalización del consumo de marihuana. Un robo del primer mundo. Un robo elegante, ingenioso. Un descomunal delito que no nos puede caer antipático, aunque hagamos todo el esfuerzo del mundo.

La película El robo del siglo empieza, se desarrolla y termina sobre la base de la creatividad que promueve la marihuana. Lo del Banco Río era, sin dudas, un robo digno de llevar al cine. Un atraco nuestro, criollo y -esto es importantísimo- en clave comedia. No es poca cosa.

Fernando Araujo: “En el inicio del proyecto, cinco años atrás, realmente me costó mucho imponer el tema marihuana entre los productores”.

-¿La película es una apología?

-Más que una apología, una oda –nos dice Martín Armada, editor de la THC-. La película muestra el uso de cannabis más allá de los estereotipos. El personaje que interpreta Peretti no es una persona desconcentrada o desmotivada, sino alguien que puede pensar y evaluar situaciones realmente complejas con calma y mucha profundidad. Es una película que complejiza la figura del usuario de cannabis.

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¿Llegará el momento en que Francella y Peretti sean un pin con las rastas de Bob Marley? Se sabe que el llamado robo del siglo se hizo con armas de juguete y tuvo final feliz: hubo indemnizaciones para todos. Un hecho memorable, entre otras cosas, por la falta explícita de violencia. Simpático hasta para la Policía. Casi un poema de Robin Hood.

Antes que chorro, Fernando Araujo funciona como faro en materia de cultura cannábica. Se habla de que en su atelier existe un Indoor tildado de excéntrico, una pieza de colección en la historia del autocultivo vernáculo. El complejo artefacto, al parecer, le permitió cruzar diferentes especies hasta lograr un varietal propio.

Nos comunicamos con Araujo. Lo primero que hace es decirnos que somos bienvenidos a su atelier. Nos produce indisimulable encanto el personaje. Algunos colegas describirían una sensación similar entrevistando a Charly García o Maradona.

Sencillo, Araujo. Ni muy paranoico ni muy pretencioso. Un poco celoso con el tema fotos y punto. Algo más: el tema del robo en sí, a esta altura, lo tiene bastante aburrido. Dice eso y que todo está dicho en el libro Sin armas ni rencores, el robo al banco Río contado por sus autores.

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De lo más educado, Fernando. Un ladrón realmente fuera de serie. Refinado, inteligente, lleno de citas eruditas. Muy al margen de cualquier estereotipo. 

“El gran golpe presenta un inusual perfil cannábico”, dijo al respecto Andrés Calamaro, que fue a juicio por haber dicho que tenía ganas de fumar un cigarrillo de marihuana durante un recital.

Para el cantante, este robo reviste un carácter artístico que equivaldría a 50 Costumbres argentinas, su popular canción. En el prólogo del libro sobre el caso, libro escrito por el periodista Rodolfo Palacios, dice: “El robo tiene su origen en el pensamiento creativo de una generación que fuma porros con cotidiana naturalidad. Es un asalto de generación rockera”.

Peretti hace de Araujo en la película. El Araujo real dice: “Ojalá que la película promueva el debate legislativo de legalización o despenalización. Nos merecemos una Argentina que proteja las conductas íntimas de las personas”.

Araujo –esto aparece en la peli y el libro- desarrolló una técnica de artes marciales en base al consumo de marihuana. “Entrenar bajo la influencia de la marihuana hacía que los músculos y el cuerpo se relajaran. Todo lo que producís en estado cannábico es lo contrario a la tensión. Fumado me sentía híper concentrado”.

-A la manera del surrealismo o Dadá, ¿sentís que sacaste el arte de los museos para llevarlo a la bóveda de un banco?

Araujo: Jajá, buen punto. Si pienso en el hecho, creería que la expresión artística que más se le asemeja es la cinematográfica. Ese día hubo siete actores, un director y un contundente guión de hierro. Tiene algo del dadaísmo, por lo anticonvencional, el humor, lo disruptivo quizás. También del surrealismo, en cuanto a que la idea original nace y la escupe un cerebro sin muchos condicionamientos sociales. Pero creería que a diferencia de esos movimientos artísticos que se basan en lo espontáneo, acá hubo un ensayo premeditado de poco más de un año.

-En la película, Fernando, hay epifanías vinculadas al consumo de cannabis. ¿Sin fumar marihuana hubiera sido posible planear el robo?

-Es verdad que la marihuana fue determinante en los actos preparativos y su ideación. Ahora, decir que no se hubiese hecho sin fumar es caer en la falacia de afirmación del consecuente. O sea: si me tiro al mar siempre me voy a mojar, pero no siempre que esté mojado es porque me tiré al mar.

-¿La marihuana crea adicción?

-Si te respondo que sí, miento. Si te te digo no, también. Estoy más cerca del no que del sí. Paracelso, allá por el 1.500, definió a la droga como remedio o veneno, según la dosis. En definitiva el tipo dijo que toda sustancia puede ser mortal o benigna y va a depender de cuánto ingerimos de ella. Un vaso de vino nos puede poner bien, cinco litros nos puede matar. Una aspirina es buena, cien aspirinas nos matan. También nos pueden matar cien cafés, dos kilos de azúcar y siete litros de agua. Con respecto a la marihuana, la dosis letal son treinta mil porros…

-¿En serio?

-Volviendo al eje, lo que yo veo en las plantas de hoy es que tienen un elevado porcentaje de thc. Pensá que hace unos años este porcentaje estaba entre dos y cinco por ciento. ¡Hoy hay variedades que llegan al treinta! Por lo tanto, no digo que nos va a matar, pero es posible que cree adicción, aunque en un porcentaje menor que otras drogas.

Andrés Calamaro hizo el prólogo del libro “Sin armas ni rencores, el robo al banco Río contado por sus autores” (Planeta), escrito por el periodista Rodolfo Palacios. “El gran golpe presenta un inusual perfil cannábico, tiene su origen en el pensamiento creativo de una generación que fuma porros con cotidiana naturalidad”.

-¿Pensás que la película puede ser un impensado tiro por la culata y convertirse en una oda mainstream y encubierta al consumo de cannabis?

-No. Fue un pensado tiro que salió del caño, y su sonido podría ser como el de una oda, jajaja. Todos fueron lectores del guión y este mensaje subyace a lo largo de sus páginas. De todas formas, fijate que en la última escena de la peli el mensaje que se da es: si fumás todo bien, pero si no, también. Así y todo, recuerdo que en el inicio del proyecto, cinco años atrás, realmente me costó mucho imponer el tema entre los productores. El desarrollo del guión merece un capítulo aparte: fueron más de tres años de idas y venidas hasta que estuvo listo para el rodaje. Por ese periplo pasaron varios guionistas. Con respecto a mi parte, estudié de forma autodidacta lo que era esto de escribir un guión de cine. Así fui armando escenas y secuencias.

-Sos quizá el ejemplo más acabado de que la marihuana recreativa no tiene nada que ver con esa idea generalizada de “estar colgado”. ¿Pensás que la película, vista ya por dos millones de espectadores, puede servir para el debate de legalización barra despenalización?

-Ojala. Ojalá promueva el debate legislativo. Creo que nos merecemos una Argentina que proteja las conductas íntimas de las personas.

-En la peli queda claro que a vos no te interesa la plata. ¿Hiciste alguna obra de beneficencia que quieras contar?

-(Piensa) Bueno, sí. Hice una donación importante para un refugio de animales. No sé si llamarlo beneficencia, ya que las obras de beneficencia están asociadas a ayudar a los humanos.

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WD

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