la obra maestra que su protagonista no quiere volver a ver

El actor Malcolm McDowell lleva 50 de sus 78 años marcado por haber protagonizado La naranja mecánica, la mítica película de Stanley Kubrick, un papel que le dio fama y hacia el que tiene sentimientos ambivalentes: por un lado le hace sentir “extremadamente orgulloso” y por otro confiesa estar “harto” y sin ganas de volver a verla.

Ahora que va a recibir el lujoso tratamiento de caja de luxe por el 50 aniversario, La Naranja Mecánica se reactualizó más de lo previsto con su visión futurista, sus temas de control mental y sus amenazas autoritarias que nunca tuvieron tanta vigencia como en la era de Trump, las redes sociales y la paranoia anti-vacunas.

En 1971, cuando se estrenó el filme, coincidió con el “terror” de la sociedad hacia la juventud delincuente. Hoy, se lee como una premonición de los miedos y realidades de 2021, dicen en el semanario musical inglés NME.

Una postal clásica que identifica a una de las películas emblemáticas de los '70.

Una postal clásica que identifica a una de las películas emblemáticas de los ’70.

Una advertencia vigente

“Es una advertencia, es una advertencia…”, explica en al entrevista McDowell. “Acabamos de pasar por una presidencia de Trump. ¡Jesús! nunca sabré cómo lo superamos. Entonces las señales de advertencia están todas ahí“.

La película se caracteriza por contenidos violentos que facilitan una crítica social en psiquiatría, teorías conductistas en psicología y otros tópicos ubicados en una sociedad futurista distópica.

Ambientada en la Inglaterra del futuro, el año 1995, pero visto desde 1965, la película sigue la vida de un carismático joven de diecisiete años llamado Alex DeLarge (Malcolm McDowell) cuyos placeres son escuchar la música de Beethoven, el sexo y la ultraviolencia.

La trama está ambientada en un 1995 visto desde 30 años antes.

La trama está ambientada en un 1995 visto desde 30 años antes.

Al rescate de la historia

Ahora, el legendario intérprete británico se sintió atraído hacia la visión histórica y contextualizada que ofrece el documental La naranja prohibida, del español Pedro González Bermúdez.

En él, su voz en off relata cómo fue el estreno de la polémica película, siempre rodeado de controversias y dificultades. El actor se encuentra en España promocionando este documental y lo que sigue es el jugoso diálogo que mantuvo con EFE.

-Usted fue la primera y única opción de Stanley Kubrick para La naranja mecánica. ¿Sabe por qué?

-Me vio en la película If…. (1968) y le gustó mucho lo que vio; no sé si fue mi actitud punk. Cuando le pregunté que por qué me eligió, lo pensó y me dijo: “Porque podés ofrecer inteligencia en la pantalla”. Y yo le respondí: “¿Eso no lo hacen muchos actores?”. Y me dijo: “No”.

Según Malcolm McDowell, Kubrick no le dio indicaciones sobre cómo preparar su personaje. Foto EFE/Víctor Lerena

Según Malcolm McDowell, Kubrick no le dio indicaciones sobre cómo preparar su personaje. Foto EFE/Víctor Lerena

-Según cuenta, no le dio particulares instrucciones para preparar el personaje más allá de que el público debería conseguir empatizar con un violador y asesino. ¿Cómo lo hizo usted?

-Realmente no lo sé. Un gran amigo director, Lindsay Anderson, me dijo que había una escena en If…., cuando abro la puerta y sé que unos hombres me van a pegar una paliza, en la que les miro y sonrío. Y me dijo: “Así es como actuás”. Fue una dirección brillante porque es sólo una manera de mirar. Me di cuenta de que era él quien me había dado esa dirección correcta desde el primer día.

-¿Le marcó personalmente el personaje de Alex DeLarge?

-No. Como actor usás lo máximo de tu persona que podés, porque la película penetra en tu alma a través de los ojos, así que siempre tienes que estar diciendo la verdad. Si podés usar una verdad propia que vos tenés y adaptarla, es una especie de atajo. Pero no hay que repetir eso, debés tener cuidado.

Malcom McDowell y Stanley Kubrick, el hombre que fue su gloria y su condena.

Malcom McDowell y Stanley Kubrick, el hombre que fue su gloria y su condena.

-¿Qué piensa el actual Malcolm McDowell de La naranja mecánica, ha cambiado la percepción con los años?

-Cuando la hice era joven y por supuesto me sentía indestructible, sin miedo. Simplemente hacés las cosas, no pensás sobre ello. Y luego la gente dice: “Dios mío, esto es brillante”. Pero es que no hay otra opción. No es que hayas hecho algo increíble. Es que sos joven y seguro de vos mismo.

Creo que ahora la audiencia responde más al contenido político de la película, el Gobierno como gran hermano, controlando a sus ciudadanos, con esas terapias terribles. La han experimentado en algunas cárceles americanas en los ’50, aunque creo que no tuvo mucho éxito, de otro modo la seguirían usando.

-¿Cree que la película ha envejecido bien?

-Para ser sincero, hace mucho que no la veo y no pienso verla. Pero tengo la sensación de que ha envejecido extremadamente bien, porque era bastante futurista.

Un futuro visto con los peores ojos, y que no se equivocó tanto.

Un futuro visto con los peores ojos, y que no se equivocó tanto.

-¿Por qué no la quiere volver a ver?

-Porque estoy harto de ella. Llevo con ella 50 años, le he hecho mi homenaje, he dado las gracias, es suficiente ya. Hay que seguir. Por un lado estoy extremadamente orgulloso. Sé que cuando llegue el momento de hacer mi obituario todo tendrá que ver con esa maldita película.

Pero fue emocionante hacerla, trabajar con Kubrick, para un joven actor tener acceso a ese “niño maravilla” que él era. Fue un niño prodigio, un gran maestro del ajedrez. Nunca quise jugar al ajedrez con él, aunque sí al pingpong: le ganaba y eso me encantaba.

-¿Cuál es su película favorita de Kubrick?

-Por supuesto, si me pregunta cuál es mi película favorita de Kubrick, sería idiota si dijera 2001. Una odisea del espacio. Pero adoro 2001. Adoro Teléfono rojo, volamos hacia Moscú. Y con los años aprecié de verdad Lolita.

Puedo admirar partes de El resplandor y la primera mitad de La chaqueta metálica, que es brillante, muestra genuina del genio de Kubrick, aunque la segunda es una película convencional de guerra.

Fuente Agencia EFE

E.S.​

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