La nueva vida de La Tota Santillán, tras el alta psiquiátrico



La Tota Santillán habló desde Mar del Plata de sus problemas de salud, de las dificultades económicas que tuvo el año pasado y de su relación con sus hijas, a quienes no ve desde hace un año

Hacía un largo tiempo que no se sabía nada de él. Daniel “La Tota” Santillán reapareció públicamente en Mar del Plata, a donde viajó para hacer temporada en el Teatro del Ángel con Rejuntados. “Cuando me agarró el brote psicótico por trabajar tantas horas, toqué fondo y no me di cuenta. Sólo quería trabajar para darle todo a mi familia y dormía apenas cuatro horas. En ese momento me dieron varios medicamentos y hace dos días el psiquiatra me dio el alta de las pastillas. Fue una felicidad increíble. Estoy prácticamente normal y le agradezco a Dios. Uno se tiene que querer uno mismo”, dijo conmovido en Hay que ver, el programa de elnueve.

La Tota relató lo mal que la pasó desde julio de 2017, cuando experimentó el brote psicótico. “Se van los amigos del campeón que te palmean la espalda. Hoy ya no veo gente tóxica, salgo del teatro y vuelvo a casa, tengo pocos amigos. Les agradezco a mis hijos Daniela y Leandro que lucharon tanto por mí. Me aferré a la familia. La fama es linda pero más linda es la familia. Por ahí extraño no poder trabajar en televisión. Creo que estoy prohibido. Y estoy prohibido porque en la música tropical hay una forma de hacer las cosas y es como ellos dicen o quedás fuera del sistema. Y me pasó eso: quedé afuera. No se permiten otros programas de la movida tropical pero yo sigo igual. Quizá hoy estaría haciendo Pasión de sábado pero no me perdonaron, no me adapté a ellos”.

“No hablo de Pablo Serantoni sino de Adrián, quien sabe todo lo que hice por él”, agregó Santillán. Cabe aclarar que los hermanos Pablo y Adrián Serantoni son los productores de Pasión de sábado, el clásico programa de América sobre la movida tropical. Además están muy involucrados en la producción de shows de música tropical.

La Tota contó que en pandemia vendió barbijos, detergente, alcohol, fideos y verduras. “No se me caen los anillos”, admite. Y aunque no puede hablar de su exmujer, Sol Fiasche, porque está en litigio, comentó que no ve a sus hijas desde febrero del año pasado. “Charlo por WhatsApp con mis hijas, tengo mensajes de cinco segundos o de ocho segundos. Salió a mi favor la revinculación pero no se concretó. Los hijos tienen el mismo derecho de estar con la mamá que con el papá”.

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