La noticia rebelde: la cábala para que Argentina gane el Mundial 86



Durante el Mundial de México 86, Carlos Bilardo, el entrenador de la Selección Argentina, tenía algunas cábalas. “No son cábalas, son costumbres…”, decía el Narigón. Cábalas o costumbres, le dieron resultado: se llevó la Copa.

Repasemos algunas de las situaciones que siempre se repetían.

En el micro que trasladaba al equipo a los estadios, sonaban las mismas canciones: Gigante chiquito, de Sergio Denis; Total Eclipse of the Heart, de Bonnie Tyler; y Eye of the Tiger, de la banda sonora de la película Rocky.

Como si fueran Ponch y Jon, los protagonistas de Chips, al bus lo custodiaban los mismos policías, Tobías y Jesús, por la parte delantera.

El día de la final frente a Alemania (ganó Argentina 3-2), la organización del torneo quiso aumentar la cantidad de agentes. Bilardo se puso más nervioso que si le hubieran dicho que se había desgarrado Diego Maradona y, “para no alterar las costumbres”, exigió que los hombres de seguridad marcharan en la parte trasera del rodado.

Abrevaya, Repetto y Castelo, tres de los conductores del ciclo de ATC.

En el colectivo, también, todos ocupaban los mismos asientos.

El primero en salir a la cancha era Diego, y el último, Jorge Burruchaga.

El Gringo Giusti enterraba un caramelo en la mitad del campo de juego.

Aunque no la necesitara, el Narigón le pedía pasta dentífrica al Tata Brown. O “Bron”, tal como le decía el entrenador con su particular fonética.

Antes de cada partido, Bilardo hablaba con el programa La noticia rebelde, que se emitió por ATC de 1986 a 1989, un ciclo que presentaba la actualidad “con humor, de manera irreverente”.

Los conductores del programa, cuyo logo consistía en una letra erre que sacaba la lengua, eran Raúl Becerra, Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo, Carlos Abrevaya y Nicolás Repetto. Salvo Becerra y Repetto, los demás ya fallecieron.

Ahora estamos en ATC. La Selección acaba de coronarse en México, y Bilardo es el invitado principal del programa.

Juana Molina, en “La noticia rebelde”.

De sweater rojo y campera gris, el Doctor, como si hubiera ido a hacer un trámite al banco, entra caminando al estudio. Hay tribunas con público. Lo ovacionan. Caen globos celestes y blancos. Suena una canción: “Y dale, campeón del mundo”.

Apretado, Bilardo se sienta junto a los cinco conductores en una mesa redonda. Y no deja de sonreír con sus dientes frontales algo separados, como Madonna en sus tiempos de Like a Virgin.

Guinzburg le pregunta sobre cuestiones sexuales: “¿Cómo se las arreglaban los muchachos?”. “No se las arreglaron nunca”, le contestó el DT, divertido.

“¿Les revisabas las manos a la mañana?”, insistió el Petiso. “No, siempre me fijé cómo estaban de las piernas…”.

Y Guinzburg fue más lejos: “En el vestuario, cuando se duchaban, ¿quién era el fanfarrón y quién se tapaba con la toallita?”. “¡Eran todos fanfarrones!”, le devolvió Bilardo, con gran timing para el paso de comedia.

En “La noticia rebelde”

Tras ganar el Mundial de México 86

Abrevaya, a su vez, se interesó por cuestiones “futboleras”.

“Ahora lo podés decir, Carlos: ¡la preparación de cuatro años es todo verso! No, en serio, ¿qué quisiste hacer con Borghi?”, le preguntó.

El planteo del periodista era atinado: el Bichi no jugó en el debut contra Corea, después fue titular ante Italia y Bulgaria, y no volvió a salir a la cancha en todo el torneo.

“Simplemente, jugaron otros que estaban mejor”, respondió Bilardo.

Y ahí se sumó Repetto: “A Bochini le diste el gusto de su vida…”.

La referencia tenía que ver con que el ídolo de Independiente jugó los últimos cinco minutos del partido frente a Bélgica.

“Era necesario que Bochini entrara en ese momento… El Bocha estaba muy contento. Además, Diego le dijo, ‘bien, maestro’”.

Bilardo, con Pasculli, tras el 3-2 a Alemania en la final.

En el libro La noticia rebelde, una biografía, Diego Igal contó la historia del ciclo. En diálogo con Clarín, detalló: “El programa tuvo un inicio tibio. La idea no se entendía mucho… Empezó a emitirse el 2 de enero de 1986 y en marzo era un suceso. Creció en esa primera temporada. En 1987 se mantuvo en la cresta de la ola. A fin de ese año se van Guinzburg y Becerra, bajas importantes. Becerra era el alma mater, el productor ejecutivo, pero también el “director de la orquesta”: sin él, el programa no hubiera sido posible. Era el más experto. Y Guinzburg encabezaba una de las secciones más emblemáticas, la entrevista”.

Luego, agregó: “En la tercera temporada, el programa se mantuvo bien e incorporó a Juana Molina, Daniel Aráoz… Ahí hace una ‘explosión’. En 1989, en la cuarta temporada, decae. Algunas ideas estaban gastadas, se incorpora mucha gente, cambian las autoridades del canal y se termina”.

Consultado sobre cuáles eran los “secretos” de La noticia rebelde, Igal se explayó: “El talento que tenían sus conductores era una de las grandes claves. Venían del rubro de la publicidad, conocían los medios y ya hacían humor allí”.

Y concluyó: “Otra clave era el momento del canal. ATC atravesaba una fase de mucha creatividad: las autoridades pedían osadía, audacia… Pasó con otros fenómenos como la revista Humor Registrado, donde también había una gran libertad para trabajar y pasaban siempre por lo cultural: era fundamental no depender del rating ni de lo comercial. Y el tercer factor es el momento del país, de gran efervescencia, de desatar todo lo reprimido por la dictadura”.

Bilardo (a la derecha), durante una práctica en México.

Becerra era “el alma mater, el director de orquesta…”.

Hay que hablar con Becerra.

Sobre la cábala de Bilardo de contactarse con La noticia rebelde antes de cada partido, Raúl le cuenta a este diario: “El asistente de dirección del programa, Hugo Molfesa, un tipo bárbaro, era muy amigo de Bilardo. Con el tiempo, en Fútbol de Primera, fue el inventor del ‘¿quién mueve?’… Pero ésa es otra historia… Antes del Mundial de México, cuando a la Selección la criticaban de todos lados, cuando se decía que el equipo no iba a pasar a la segunda ronda, Molfesa nos dijo: ‘¿por qué no invitamos a Bilardo para desearle suerte?’. Nos pareció una muy buena idea, una especie de antídoto contra toda la mala onda que le venían tirando… Entonces, Bilardo estuvo en La noticia rebelde. Hablamos, lo agasajamos y quedamos en que, antes de cada partido, como cábala, lo íbamos a llamar por teléfono. A la Selección le empezó a ir muy bien, se clasificó a la segunda ronda y, a medida que pasaban los partidos, ese llamado se transformó en algo vital, imprescindible”.

En total fueron siete llamadas… “Lo más gracioso se dio antes de la final que la Selección iba a jugar con Alemania”, sigue Becerra.

Y avanza: “El programa iba en vivo, de 19 a 20, de lunes a viernes. A las 20 nos sacaban del aire… Lo empezamos a llamar diez minutos antes del final del programa, pero la llamada no entraba. No había caso. Insistíamos, y nada. Volvíamos a probar, y nada. Hasta que, 19.57, pum, por suerte, la llamada entró… Bilardo, después, nos contó la desesperación que le había agarrado en el hotel donde se hospedaban… No podía creer que no lo estuviéramos llamando. Tanto fue así que, cuando le avisaron que del otro lado de la línea estábamos nosotros, se tiró de palomita”.

-Hoy, por WhatsApp, sería todo mucho más fácil…

-Por supuesto.

-¿De qué hablaban en esas llamadas?

-¡De nada! Simplemente le decíamos “hola, Carlos, acá estamos nosotros… Buena suerte”. Era eso, un contacto.

-Ustedes, en el programa, eran cinco. ¿Quién hacía las llamadas?

-Casi siempre llamaba yo. Como yo era el productor general del programa, la mitad del tiempo estaba al aire y la otra mitad la pasaba en el control. Desde ahí, cuando llamaba a Bilardo, salía corriendo a la entrada principal del canal: a un costado, estaba el sector de comunicaciones. Las chicas de telefonía eran quienes se encargaban de hacer los contactos.

Argentina, el día de la consagración en México.

Bilardo sabía que Becerra es hincha de Estudiantes. “Se lo conté cuando Molfesa lo trajo por primera vez al programa. Es más, mi bisabuelo, Hugo Ferrando, es uno de los fundadores del club. En La noticia rebelde éramos todos de distintos equipos. Guinzburg era de Vélez; Castelo, de Boca; y Repetto es de Racing. ¿Abrevaya? No me acuerdo…”.

Como buen Pincha, Becerra suele ir a la cancha a ver a Estudiantes. “Hasta que me casé, viví en City Bell e iba todos los domingos a la cancha. Después me vine a vivir a Buenos Aires y las visitas se hicieron más espaciadas…”.

Becerra, que nació en 1945, disfrutó de cerca la época más gloriosa de su equipo, cuando Bilardo era jugador y al equipo lo dirigía Osvaldo Zubeldía.

“En 1968, en la cancha de Boca, vi el 1-0 con gol de Marcos Conigliaro frente al Manchester United por la Copa Intercontinental”, cuenta el productor.

“Un año antes, también en la Bombonera, vi el partido que para muchos fue el inicio de la mística Pincha. Por las semifinales del Metropolitano, Estudiantes se enfrentaba con Platense. Perdíamos 2-1 y, con un penal, lo dimos vuelta 4-3. Yo había ido a la cancha con mis dos hermanos y mis dos primos. Justo antes del penal, mi hermano del medio se fue al baño. Por eso, tres minutos después de que ya había pasado el penal, volvió a la tribuna y, en medio del silencio, empezó a gritar ‘goool, goool, goool’, desaforado”.

WD

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