La Mujer Maravilla: secretos de la superheroína que es ícono feminista



De a ratos parecida a Pamela David, de a ratos parecida a Natalia Oreiro, la actriz y cantante Lynda Carter fue, de 1975 a 1979, Wonder Woman. O, directamente, la Mujer Maravilla.

Más allá de que había sido creada en 1941 como un personaje de historietas, su mayor popularidad la consiguió gracias a este programa de televisión. Y sí, era un clásico: a fines de los años ’70 y principios de los ‘80, en los cumpleaños, fiestas de disfraces y carnavales, todas las chicas querían llevar la ropa de esta señorita superpoderosa: la vincha y los brazaletes dorados, el shortcito azul con estrellitas blancas, las botas rojas… La Mujer Maravilla generaba fascinación, definitivamente. De alguna manera, lo que ahora sucede con Frozen.

La emisión del programa estuvo a cargo de la cadena ABC. Los creadores fueron Douglas Cramer y Stanley Ross, que llevaron a la pantalla al personaje inventado por el psicólogo William Moulton Marston.

En tiempos en los que se imponían Batman y Superman, Moulton Marston pretendía cederle ese liderazgo a una mujer.

“Francamente, la Mujer Maravilla es una propaganda psicológica para el nuevo tipo de mujer que, creo, debería gobernar el mundo”, sostenía William.

Moulton Marston era, como se dice, un adelantado a su época: practicó el “poliamor” mucho antes que Florencia Peña. Vivía con su esposa, Elizabeth, y con su amante, una estudiante llamada Olive Bryne.

Es más: se dice que Bryne le sirvió de modelo al artista Harry Peter para que hiciera los dibujos originales de Wonder Woman.

¿De qué se trataba esta serie? En una misión aérea, durante la Segunda Guerra Mundial, el Mayor Steve Trevor Jr, interpretado por el actor Lyle Waggoner, es herido por los nazis.

Lo rescatan, “en una isla remota”, un grupo de amazonas, entre las que, “por su belleza exuberante”, se destaca Diana (Lynda Carter), la hija de la reina.

Nombrada “justiciera” en un “concurso de destreza”, Diana traslada en su avión invisible al Mayor Steve Trevor Jr. Una vez que llegan a Washington, la amazona es contratada por el soldado como su “secretaria” en la Agencia Especial de Defensa.

Primero, “Wonder Woman” fuer personaje de comics.

Así, de rodete y anteojos, se hace pasar por “Diana Prince”: una joven “adinerada”, que se viste a la moda y usa carteras Louis Vuitton. Una joven que, siempre que hace falta, “para derrotar a los enemigos del pueblo estadounidense”, gira como un trompo al mejor estilo Marquitos Di Palma, se suelta el pelo, se cambia la ropa rápidamente y se convierte en la Mujer Maravilla. Un truco televisivamente grandioso, sensacional.

Esa rápida voltereta no era su única “señal característica”. La Mujer Maravilla contaba con otros “poderes”. El lazo, por ejemplo, creado con el cinturón de belleza de la diosa Afrodita, obligaba a que todos los que eran atrapados por la Mujer Maravilla dijeran “la verdad”.

Se vestía con los colores de la bandera de los Estados Unidos.

Los brazaletes, a su vez, eran “irrompibles”, porque estaban fabricados “con los restos del escudo de Zeus”. Con eso, Wonder Woman podía frenar balas, granadas, cuchillos, las piedras de la hinchada de Platense… Por si fuera poco, la heroína volaba, torcía rejas, detenía tanques. En fin. Era pura potencia. Una acabada combinación de sensualidad y fortaleza.

En 1972, representando a Arizona, Lynda Carter había ganado el concurso Miss USA, lo que le dio el derecho de representar a su país en el certamen de Miss Mundo que ese mismo año se organizó en Londres, Inglaterra: allí, con mayor competencia, se ubicó “entre las 15 semifinalistas”.

Luego, estudió actuación. Y, queda dicho, le llegó el papel más importante de su carrera, un rol por el que todavía la siguen parando por la calle, le piden una selfie y que haga la clásica vueltita, su gran yeite, como el “cheeeee” de Pepitito Marrone o el “qué gusto tiene la sal” de Carlitos Balá.

Es cierto, en su currículum figuran otros trabajos. Después de la Mujer Maravilla, Carter protagonizó varias películas para televisión, como The Last Song (1980) y Hotline (1982), entre otras.

A Lynda Carter no le gustan las cirugías.

También integró el elenco de algunas series, como Hawkeye, que se transmitió de 1994 a 1995.

Y trabajó en cine. En 2005 actuó en The Dukes of Hazzard y en Sky High. En este caso, en el rol de la “directora Powers”, Lynda se burlaba de su personaje más famoso: “No puedo hacer nada más para ayudarte. No soy la Mujer Maravilla, ya sabés”, decía, con mucha gracia.

Artista polifuncional, Carter también canta blues, jazz, rock… Ya a fines de los ’70, grabó el disco Portrait.

Y hoy, a los 68 años, sigue saliendo de gira. Uno de sus álbumes más conocidos se editó en 2011, se llama Crazy Little Things y, allí, Wonder Woman hace una muy buena versión de uno de los clásicos de Queen: Crazy Little Thing Called Love.

Lynda Carter, en el Paseo de la Fama, en Hollywood. (AP).

Lynda Carter se casó dos veces. Su primera boda fue con su ex representante, Ron Samuels, en 1977 (se divorciaron en 1982).

Samuels fue el manager de otras mujeres valientes, de armas tomar, como Lindsay Wagner (la Mujer Biónica) y Jaclyn Smith (una de las integrantes de los Ángeles de Charlie).

En 1984, Lynda volvió a pasar por el altar. En este caso, junto al abogado Robert Altman (nada que ver con el director de cine), con quien tuvo dos hijos, James y Jessica Altman.

La pareja tuvo momentos difíciles. Hace algunos años, Altman fue llevado a juicio por “fraude bancario”. ¿Qué hizo su mujer? Lo abrazó fuerte y, delante de un grupo de periodistas, empezó a gritar: “¡Inocente!, ¡inocente!”.

Después, el que bancó la parada fue Robert, en especial, cuando Lynda debió ser internada en una clínica privada de rehabilitación para recibir tratamiento por su adicción al alcohol.

Eso no fue todo. En 2018, Carter confesó que durante su carrera había sido acosada y violada, pero evitó dar detalles. Igual, se encargó de aclarar que el “responsable” ya había sido nombrado por el movimiento Me too.

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Cuando a la Mujer Maravilla le preguntan cuál es su “secreto” para mantenerse “tan atractiva”, ella responde: “salgo a andar en bicicleta…”. Ah, y algo más: se pone “bótox”.

¿Cirugías? “No, creo que jamás pasaré por el bisturí, soy lo que soy… Simplemente, tengo mucho miedo de verme diferente”.

Consciente del peso de su personaje, Lynda comenta: “He recibido muchas cartas en las que se me decía que Wonder Woman fue una inspiración para las mujeres, porque representa la fuerza interna que tenemos las personas de este sexo”.

Y concluye: “Los ejecutivos de televisión no creían que había mercado para un programa liderado por una mujer como Wonder Woman. Las mujeres les compraban todos sus productos, pero eran los hombres quienes dominaban la programación”.

Gal Gadot, la “Mujer Maravilla” actual.

Tanto en cine como en televisión, hubo otras actrices que encarnaron el personaje de la Mujer Maravilla.

Es más, para este año, y siempre y cuando lo permita el coronavirus, está previsto que se estrene la película Wonder Woman 1984, protagonizada por la no menos encantadora Gal Gadot, que fue Miss Israel, formó parte del ejército de su país y, también, estudió Derecho. Una actriz que considera a Lynda Carter su gran inspiración: “Ella fue fantástica”, dice Gal. “La amo absolutamente”.

WD

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