La Mona Jiménez y un final explosivo para Cosquín Rock 2022

En la segunda y última fecha de la edición 2022 del Cosquín Rock finalmente se saldó, tras años de espera, una de las pocas deudas que tenía el festival: la presencia de Carlos “La Mona” Jiménez dentro de su programación.

Y, a pocos días de haber cumplido 71 años, el máximo referente del cuarteto ofreció un show memorable para las 40 mil personas, según información oficial, que se dieron cita en el Aeródromo de Santa María de Punilla.

Según José Palazzo, el organizador del evento, la idea de que la Mona toque en Cosquín Rock viene desde el año 2002.

La prehistoria

“En esa época no existían los cruces entre artistas, y eso fue algo que se fue dando en Cosquín Rock y, por su lado, con la Mona, desde aquel Cemento de los ’80 con Fito Páez y los Cadillacs a Pity Álvarez, Willy Crook y Piti Fernandez que iban, de la mano de Bam Bam Miranda, a verlo al Sargento Cabral”, le dijo el promotor a Clarín en un alto de la segunda fecha.

Y continuó: “En el Sargento Cabral, la Mona no sólo te abría la puerta de su camarín, sino también de su escenario, independientemente que el músico supiera tocar sus temas, en un acto de gran generosidad”.

“El tocaba de sábados a domingos inclusive, y tenía una agenda muy apretada. Ahora con la pandemia pudimos resolver, y para nosotros fue algo increíble”, completa Palazzo.

Cómo fue el show

La Mona Jiménez tuvo de invitado a Juanse, en el cierre de  Cosquín Rock / Foto La Voz

La Mona Jiménez tuvo de invitado a Juanse, en el cierre de Cosquín Rock / Foto La Voz

El debut de Jiménez en Cosquín Rock tuvo todos los ingredientes para recibir el gastado mote de histórico. Primero que nada hay que hacer mención a las dotes de la Mona como frontman, bailarín y cantante.

En los dos primeros casos, el apodo de “James Brown argentino” le calza de forma perfecta. Y en cuanto a su voz, su caudal no es el de antaño, pero incorporó una cualidad de “decidor” al mejor estilo del último Goyeneche que le sienta de mil maravillas.

A una banda que suena de mil maravillas y a un repertorio que no duda tanto en cantarle al amor (Tinta china, Beso a beso, una versión de Porque te vas de José Luis Perales) como en dar cuenta de lo social (El federal y su instantánea de una fallida relación entre un padre policía y un hijo ladrón, El marginal), la Mona le suma cosas.

Por ejemplo, sus cambios de vestuario que siempre tienen un glamour mediterráneo único, y un carisma que casi no conoce de detractores.

Los invitados

Mucho se especuló en la previa acerca de sus invitados. De Wos a Fito Páez, pasando por Andrés Ciro, Divididos y Juanse: todos esos nombres eran probables y posibles.

Euforia en el show de La Mona Jiménez en Cosquín Rock / Foto La Voz

Euforia en el show de La Mona Jiménez en Cosquín Rock / Foto La Voz

Al final, con los acordes de Quien se ha tomado todo el vino, se develó la intriga: el líder de los Ratones Paranoicos más el propio Palazzo y Micki Rodríguez (ex Los Piojos, actual La que faltaba), ambos en bajo. Como bien dijo el Carpo, “Lo acompañan dos bajistas, dice que así suena mejor…”.

Tras ese clásico de la Mona que supo versionar Divididos y que aquí sonó de forma bastante disparatada arrancó una nueva toma de Beso a beso, y Juanse comenzó a robarse la escena, corriendo de un lado al otro de escenario con el torso desnudo y una arenga desbordante.

El abrazo de despedida entre ambos puso punto final al domingo, por más que en el Escenario Sur aún no hubiesen tocado Bandalos Chinos y Los Espíritus.

Todo lo demás, también

Divididos sumó a su covers de Billy Bond, Pappo y Sandro.

Divididos sumó a su covers de Billy Bond, Pappo y Sandro.

Pero no todo fue Mona y cuarteto en el segundo día del festival. Fito Páez arrancó su set como cantante hecho y derecho, e invirtió la historia de la saga de 11 y 6 y El chico de la calle al tocar primero la segunda de las canciones.

El retraso en su show hizo que muchos asistentes crucen todo el predio para ver, a través de un video, como Ricardo Mollo y la Orquesta Filarmónica de Mendoza entonaban las estrofas del Himno Nacional Argentino y, de este modo, dar comienzo al show de Divididos.

Mollo, Diego Arnedo y Catriel Ciavarella ofrecieron un repertorio súper rockero, con cero guiños a su pata folklórica, y con muchos covers y ninguno de Sumo: desde el ya citado de la Mona a Tengo de Sandro, Salgan al sol de Billy Bond y La Pesada del Rock & Roll y Sucio y desprolijo de Pappo’s Blues. La Aplanadora del Rock, haciéndole honor a su alias.

Y mientras Viticus le daba rienda suelta a su pasión por el rock sureño de los Allman Brothers con una zapada celestial incluida en Mucho por hacer de Riff, y la carpa de Las Pelotas de nuevo estaba desbordada de gente y sólo permitía escuchar sus clásicos desde afuera, Juan Ingaramo ofrecía su mix de trap, salsa, cuarteto y reggaetón. Mejor ponerlo en las palabras de uno de sus hits: Cuartefunk.

Una remera negra con la lengua stone cortada como top y una banda bien ajustada secundaban a este otro cordobés, que cuenta con un apoyo más que interesante del público, que se quedó a bancarlo tras el concierto de Fito.

A su modo, dos generaciones de un género local no rockero se daban la mano en el festival de rock argentino más federal e importante. Esto habilita a un debate que no se dará en esta nota y le pone, con un moño, un punto final a la edición 2022 del Cosquín Rock. Hasta el año que viene.

WD

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