la maravilla del folclore y un viaje mágico de Vivaldi a Piazzolla

Juan Falú, junto a integrantes de la Orquesta Filarmónica de Río Negro con Leonardo Spelzini como solista, y el Cuarteto Estación Buenos Aires, al mando de Rafael Gintoli y acompañado por solistas de la OFRN fueron las notas destacadas de la tercera jornada del FIMBA (Festival Internacional de Música de Bariloche), que sigue hasta este domingo 31 de octubre en la ciudad patagónica.

Una agenda que incluyó, además la presentación del dúo formado por Marcelo Rebuffi y Luis Caruana en el Camping Musical Bariloche, la de Nina Vais junto al Ensamble de Cuerdas del Atlántico Sur y la del Ensamble Bronces del Atlántico con su plan jazzero en modo años ’50 y ’60. Hasta ahí, la información dura.

Pero en verdad, lo que ocurrió este viernes 29 fue bastante más que un programa de piezas folclóricas interpretadas por las manos mágicas de uno de los representantes más relevantes que tiene el género y otro dedicado a establecer un puente entre el universo de Antonio Vivaldi y el piazzoliano a través de esa fórmula de excelencia y humanidad que transmite Gintoli, toque lo que toque.

Encuentro emotivo, el protagonizado por Juan Falú, rafael Gintoli y su cuarteto y la OFRN. Foto Prensa FIMBA

Encuentro emotivo, el protagonizado por Juan Falú, rafael Gintoli y su cuarteto y la OFRN. Foto Prensa FIMBA

La belleza cabe en una guitarra

Dicen los que dicen que saben que para que la experiencia de un concierto sea completa, quien haya tenido la posibilidad de compartirlo desde una platea un palco o donde sea debe salir “transformado”. También dicen eso de las ceremonias religiosas; pero pocas cosas hay más odiosas que comparar ambos mundos.

Si la pregunta es por qué, la respuesta está en esa enorme distancia que existe entre el dogma y la libertad. Y si hay algo que Falú ejerce con notoria destreza, es el permiso que se brinda de explorar cada camino posible de los que ofrece la música argentina de raíz, descubriendo nuevos tesoros en ella a cada paso.

Y eso es lo que sucedió en el Teatro La Baita, desde el mismo instante en el que las cuerdas de la Filarmónica abrieron el paso para que el guitarrista transitara la cueca Sanjuanino soy, y enseguida Que lo diga el río, una guarania que completó el “precalentamiento” para lo que estaba por venir.

Toda la belleza cabe en la guitarra, liberada por los dedos de Juan Falú. Foto Prensa FIMBA

Toda la belleza cabe en la guitarra, liberada por los dedos de Juan Falú. Foto Prensa FIMBA

Y lo que estaba por venir fueron dos suites, que el guitarrista tucumano de 73 años presentó con su agudo sentido del humor, poniendo el foco en la “diversidad temática” que habilita nuestra música. La primera, de carácter naturalmente orgánico, concebida para guitarra flauta y cuerdas; la segunda, una secuencia de canciones arregladas por Andrés Pilar.

Entonces sí, la maravilla del folclore argentino comenzó a revelarse a través de los dedos y las cuerdas del músico hasta quedar expuesta en su completa dimensión, como si la música saliera de esa caja sinuosa de madera con cuerdas como una estela de notas dibujadas en un pentagrama imaginario que se extendía por el aire, como Quino lo dibujó en la tapa de su imperdible libro Sin arte ni parte.

Una “complicidad” irrestricta

Claro que para eso Falú contó con la “complicidad” irrestricta de un Spelzini en estado de gracia y de los integrantes de la orquesta, de excelente desempeño bajo la conducción de un Martín Fraile Milstein que eligió conducir, a cambio de una batuta, con un par de manos inquietas que se movieron en sintonía perfecta con la intensidad de su sonrisa interminable.

Los "cómplices" necesarios: Leonardo Spelzini, Martín Fraile Milstein y la orquesta rionegrina completaron de la mejor manera la propuesta de Falú. Foto Prensa FIMBA

Los “cómplices” necesarios: Leonardo Spelzini, Martín Fraile Milstein y la orquesta rionegrina completaron de la mejor manera la propuesta de Falú. Foto Prensa FIMBA

En ese marco, la importancia del silencio fue determinada por los dedos de Juan, según lo exigiera cada pasaje de la obra, en la que se dan cita la zamba, el triunfo o el malambo, entre otros ritmos, contrastando estilos hilvanados en torno a la guitarra como hilo conductor/conector, respaldado por un tándem de violín-viola-chelo-contrabajo a la altura de la exigencia.

“Esta suite fue compuesta audazmente por mí. Ahora van a escuchar esta otra, que está bien escrita, por Andrés Pilar”, bromeó el músico entre los dos grandes segmentos de su presentación. Y allí fueron el gato Agarrado, la zamba Taficeña, el bailecito Buena yunta y, enseguida, Letanía por Juana, una vidala capaz de emocionar hasta al más insensible de los mortales.

Nota al margen: “Esa vidala la compuse dedicada a Federico Monjeau, cuando estábamos en San Pablo, en el exilio. Él estaba a mi lado mientras la componía”, me reveló Falú después del concierto, cuando le comenté que mientras él la tocaba se instaló ante mí la imagen del crítico y gran compañero de trabajo fallecido en enero de este año, y que tanto disfrutamos en Clarín.

La conexión entre Falú y la orquesta, uno de las claves del éxito del encuentro. Foto AFP

La conexión entre Falú y la orquesta, uno de las claves del éxito del encuentro. Foto AFP

El silencio, ese espacio tan hermoso

“Por qué no quedarse en el silencio, si es tan hermoso eso que pasa cuando alguien acaba de crear una atmósfera tan especial como la que puede crear Falú”, podría preguntarse al final de obras como las que compartió el guitarrista. Pero cómo no aplaudir y ovacionar a rabiar, como lo hizo La Baita de pie, impartiendo justicia.

Hubo un bis, y otro. “¿Puedo tocar algo para ustedes?”, preguntó Falú, mirando a Fraile Milstein y los integrantes de la orquesta. Y coronó entonces su participación en el encuentro organizado por la OFRN y la Secretaría de estado de Cultura de Río Negro, frente a una nueva ovación interminable, como su embrujo.

"¿Puedo tocar algo para ustedes?", preguntó Falú, antes de dedicar su última pieza a los músicos de la OFRN. Humildad insuperable. Foto Prensa FIMBA

“¿Puedo tocar algo para ustedes?”, preguntó Falú, antes de dedicar su última pieza a los músicos de la OFRN. Humildad insuperable. Foto Prensa FIMBA

Las estaciones de dos genios

Tres horas más tarde, quienes se encargaron de llenar de música el recinto fueron Rafael Gintoli, Gabriela Olcese, Ricardo Bugallo y Siro Belisomi, juntos el Cuarteto Estación Buenos Aires, junto a solistas de la Filarmónica, con 2 Mundos – 4 Estaciones, un itinerario musical que hizo primero escala en la Cuatro estaciones de Vivaldi y luego en las de Ástor Piazzolla.

Mediadas, ambas presentaciones, por la presentación de Rebuffi – Caruana en el Camping Musical Bariloche, y la de la productora y violinista Nina Vais, quien en la Catedral propuso un espectáculo basado en el abordaje de canciones propias y algunos covers a través de la ejecución de su instrumento sobre capas sonoras pregrabadas o construidas con su voz en tiempo real.

Después de su presentación en la Catedral, el jueves, Marcelo Rebuffi y Luis Caruana se presentaron en dúo en el Camping Musical Bariloche. Foto Prensa FIMBA

Después de su presentación en la Catedral, el jueves, Marcelo Rebuffi y Luis Caruana se presentaron en dúo en el Camping Musical Bariloche. Foto Prensa FIMBA

Ya de nuevo en La Baita, con Gintoli al frente, el combo encaró una interpretación “muy veneciana”, según él mismo se encargó de destacar, de la obra del compositor italiano, con un espíritu en sintonía con el que horas antes había habitado ese escenario Falú y los suyos. Tal vez sea cierto eso de la energía que queda flotando en el aire.

Si no, cómo entender que piezas escuchadas infinitamente suenen como nuevas, una vez más, mientras el hombre ahí, al filo del escenario de La Baita, estira su cuerpo como si se tratara de Bruce Dickinson montando su pie sobre uno de las cajas de sonido para atacar alguno de los clásicos de Iron Maiden.

Rafael Gintoli y Luis Salva, concertino de la Filarmónica, en un gesto que resume la energía puesta al servicio de Vivaldi y Piazzolla. Foto Neme Eugenia / Telam

Rafael Gintoli y Luis Salva, concertino de la Filarmónica, en un gesto que resume la energía puesta al servicio de Vivaldi y Piazzolla. Foto Neme Eugenia / Telam

Respaldado por una formación tan homogénea como abierta a resaltar las participaciones individuales a su turno, Gintoli contagió entusiasmo y compromiso , mientras su rostro se embelesaba y transmitía emociones a la par de su instrumento.

Así el arco de su violín fue y vino, a veces en coincidencia con los dos que lo secundaron, para luego separarse e ir en busca del mismo destino a través de distintos caminos y finalmente abandonar Venecia para llegar a Buenos Aires en cuestión de minutos, a bordo de esas cuatro piezas con las que Piazzolla retrató los estados de ánimo de la ciudad de la furia en los lejanos comienzos de los ’60.

Con arreglos de Fabián Bertero, las Estaciones porteñas se sucedieron entonces, entre los aciertos musicales y los inconvenientes técnicos. Tres comienzos fallidos para una Primavera porteña y repetidas interferencias que intervinieron como truenos fuera de libreto el resto de la presentación, mantuvieron en vilo a Gintoli y sus compañeros de ruta.

El gesto concentrado y comprometido de Rafael Gintoli, quien logró sortear los inconvenientes técnicos  con su enrome entrega y excelencia. Foto Prensa FIMBA

El gesto concentrado y comprometido de Rafael Gintoli, quien logró sortear los inconvenientes técnicos con su enrome entrega y excelencia. Foto Prensa FIMBA

“Hay que sobreponerse a las contingencias”, señaló el violinista, visiblemente contrariado, pese a lo cual no se rindió en su empeño por brindar lo mejor de sí y de la formación. Un gesto que la platea agradeció de pie, con una sonora y sostenida ovación que acompañó su despedida, en el cierre de una jornada que tuvo a la belleza como protagonista.

 E.S.

Source link

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *