La maldición de Lolita: una película polémica y dos carreras destruidas



Lolita, de Vladimir Nabokov, es una de las novelas más famosas de la historia de la literatura. También de las más controvertidas: cuenta la pasión de Humbert Humbert, un hombre de mediana edad, por Dolores Haze, una nena de doce años. Sus adaptaciones cinematográficas no quedaron exentas del escándalo y parecen haber sido una maldición para las actrices adolescentes que la protagonizaron.

El jueves murió, a los 73 años, Sue Lyon, que en 1962 se hizo mundialmente famosa al interpretar a la “nínfula” -según se la calificaba en la novela- que enamoraba al maduro profesor de literatura francesa en la película de Stanley Kubrick. El éxito de Lolita fue el principio y a la vez el fin para la actriz, que entonces tenía 14 años: jamás logró sacarse de encima el personaje de la seductora adolescente que la llevó a la celebridad global.

“Mi destrucción como persona proviene de Lolita. Esa película me expuso a tentaciones a las que ninguna niña de esa edad debía ser sometida. Desafío a cualquier chica bonita a ser catapultada al estrellato a los 14 años y poder mantenerse en ese nivel de ahí en adelante”, declaró en 1988 en una de las últimas entrevistas que dio, a la agencia Reuters.

Sue Lyon en “Lolita”. El comienzo del fin de la carrera de la actriz.

Hubo un casting al que se presentaron 800 jóvenes, pero Suellyn Lyon fue elegida casi por casualidad. Kubrick la vio en televisión en El show de Loretta Young, en el que la chica participaba como figurante. El director quedó deslumbrado por su figura en bikini y le ofreció el papel con el beneplácito del propio Nabokov, que escribió el guion para la película y la consideró “la ninfa perfecta”.

Era su primera gran experiencia en cine: hasta entonces, había aparecido en publicidades gráficas y de televisión, y había aparecido en la serie Daniel, el travieso, además del programa de Loretta Young. Su actuación causó sensación en Hollywood y, aunque no pudo asistir al estreno de la película por ser menor de edad, en 1963 ganó el Globo de Oro en la categoría “actriz revelación”.

Dominique Swain en la “Lolita” de Adrian Lyne.

Jamás repetiría ese éxito: Lolita la perseguiría hasta el fin de sus días. Al año siguiente de su irrupción, el director John Huston le ofreció un papel prácticamente idéntico, en La noche de la Iguana. Después llegarían trabajos en Siete mujeres (1966), de John Ford; Un fabuloso bribón (1967), de Irvin Kershner; o Hampa dorada (1967), con Frank Sinatra.

Pero su carrera estaba en declive, hundiéndose junto con su vida personal, caracterizada por breves matrimonios. Primero, con el guionista Hampton Fancher III: se casó a los 17 años y se divorció a los 19. Luego, con el fotógrafo afroamericano Roland Harrison: un escándalo para el racismo de un Hollywood que no admitía los matrimonios mixtos. Se tuvo que ir a trabajar a España.

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Más tarde se uniría a Gary “Cotton” Adamson, a quien conoció y desposó cuando estaba preso, condenado por robo y asesinato. Ella trabajó para conseguir una conmutación de la pena, se puso a trabajar como moza en Denver, cerca de la cárcel y se divorció en 1974, cuando Adamson volvió a robar. Entonces declaró: “Yo no quería divorciarme, Hollywood me lo impuso”, en referencia al ostracismo al que la empujó la conservadora industria por ese matrimonio.

Su carrera se terminó en 1980 con Alligator: la bestia bajo el asfalto, con Robert Forster. Después de otro breve matrimonio, en 1985 se casó con Richard Rudman -con quien seguiría hasta 2002-, y en 1986 anunció su retiro de la actuación.

Jeremy Irons, Dominique Swain y Adrian Lyne antes de la presentación de “Lolita” en el Festival de San Sebastián.

“Estoy horrorizada con la idea de que quieran resucitar el filme que causó mi destrucción como persona”, declaró en 1997, antes del estreno de la nueva versión de Lolita, dirigida por Adrian Lyne. Marcada por el escándalo, tuvo problemas de distribución en Estados Unidos y, aunque fue valorada por la crítica, resultó un fracaso comercial. Y también marcó a fuego la vida de su protagonista, Dominique Swain.

Aunque jamás había actuado, la nueva Dolores Haze resultó elegida entre 2.500 adolescentes. Y gracias a su Lolita, Swain apareció en las tapas de las revistas más emblemáticas, en las que se elogiaba su trabajo y se la comparaba con Natalie Portman, otra rutilante aparición adolescente. Pero a diferencia de la actriz de El perfecto asesino, la chica nacida en 1980 en Malibú no logró repetir el suceso.

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La historia se repitió: al igual que le pasó a Lyon, a Swain empezaron a ofrecerle únicamente roles que intentaban explotar su imagen de adolescente sexy. Inmediatamente después de Lolita, actuó en producciones clase B en las que hacía alguna versión de la nínfula.

El único título recordable es Contracara, en la que hizo de la hija de John Travolta. Pero Lolita la siguió persiguiendo, porque la relación de su personaje con su padre tenía algo de incestuosa, como la de Dolores con Humbert.

En todo caso, lo que las diferencia es que, aún sin títulos estelares, por lo menos Swain pudo mantenerse en la industria: en su curriculum ya acumula más de cien papeles.

Pero, como también le sucedió a Lyon, ninguno de ellos tuvo la repercusión que alguna vez alcanzó con Lolita.

E.S.

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