La increíble historia de Tomas Crow: el rosarino que trabaja con Zak Starkey y Noel Gallagher, y pasó la Navidad con un beatle



Tomas Crow nació en Rosario en 1995, y con sus 19 recién cumplidos decidió que era tiempo de probar suerte en Londres. Sólo que fue allí donde, una tarde en la que se vio rodeado de cuervos mientras trabajaba en un parque de la ciudad, decidió que se adoptaría su nuevo nombre en reemplazo del Tomás Gagliardo original. Y también la “suerte” lo cruzaría con Zak Starkey y su papá Ringo, y con el bad boy Noel Gallagher. Aunque, en el fondo, no todo fue cuestión del azar.

“Viste que, cuando sos un adolescente, hay como una inconsciencia y te mandás a hacer ciertas cosas. Bueno, yo era y, ahora quizás con un poco más de consciencia, soy una persona que me mando. Digo: ‘Esto es lo que quiero hacer, y lo vamos a hacer. Como sea, pero lo vamos a hacer.’ Es todo como si fuese un juego. Como que cuanto más chico sos, más invencible te sentís. Y yo, a los 19 era He-Man”, dice desde su hogar británico, que también es su “home studio”.

Ahí está Tomas, el compositor, el productor, el ingeniero de sonido, rodeado de consolas, teclados, guitarras, bajos… “Es lo que tengo acá para trabajar. Es como mi escritorio. La ofi. Tengo la suerte de tener una habitación aparte, que es donde duermo. Acá en Londres es muy difícil encontrar un lugar separado, para laburar, porque la renta es muy alta”, describe. Y mete una vez más a “la suerte” de por medio.

Tomas Crow en Le Mob Studios, en Londres, una de sus bases de operaciones. /Fotos Gentileza Prensa – Tomas Crow

La base de operaciones del rosarino está en Stratford, en la parte Este de la ciudad, a poco más de media hora de auto de Picadilly Circus y ahí nomás de Victoria Park. Nada mal, para alguien que tuvo como punto de partida su inconsciencia adolescente y que hoy gambetea la pandemia bastante mejor que otros colegas locales, al mismo tiempo que redondea lo que será su segundo álbum solista, Supersuperficial, cuyo primer adelanto, F.O.M.O., salió el 23 de septiembre pasado. 

“Tengo una suerte (Nota del redactor: una más y van…) increíble, porque no vivo del vivo. Es lo que menos hago. Y la gente sigue produciendo, está creando en sus casas, y durante la cuarentena tuve la suerte (ponele) de estar trabajando en diferentes estudios. Pude, inclusive, pasar parte del pico de contagios trabajando y viviendo en un estudio. Tenía una mini cabañita, una cocinita, y me quedaba ahí 24 x 7. Para cuidar a la gente que estaba en el estudio y, además, seguir ganándome la vida”, resume. E insiste en que la fortuna lo ayudó mucho. 

Lo cierto es que uno puede ser He-Man y tener a la diosa fortuna a favor, pero cuesta creer que con eso solo alcanza para tomarse un avión con la idea de ganarse un lugar trabajando en el área del sonido en una de las cunas del pop y el rock y salir victorioso. Y Tomas se encarga de confirmarlo. 

“Respiro música”, dice Crow, quien asegura que el musical es el lenguaje que le permite decir mejor lo que siente. /Fotos Gentileza Prensa Tomas Crow

“Es una cosa muy loca, pero yo respiro música. En ese momento lo único que hacía era pensar en música, y lo sigo haciendo. Yo no iba a jugar al fútbol, nunca me junté con amigos, nunca salí a los boliches, nunca hice nada. Yo vivo y siento música. A mí la música me genera emociones directas; a través de ella me puedo comunicar y es mi manera de hablar. Y en lo que más se traducía en lo que yo sentía, era la música británica. Desde siempre”, explica. 

No hay un repollo en el nacimiento de esta historia. Lo que hay es una casa con una cultura musical espectacular: un “viejo” trompetista y una “vieja” guitarrista, más una discoteca con Pink Floyd, Mike Oldfield, Radiohead y muchísimo Queen. “A los 13 hice una fiesta de disfraces para mi cumpleaños y me disfracé de Brian May”, confiesa. “El souvenir era un Greatest Hits de Queen. Ninguno de mis amigos lo escuchó, pero sí los padres”, completa.

El paso siguiente fue conectar con la electrónica, tocar y, mientras tanto, imaginar un futuro del otro lado del charco. “No te vas sin un plan”, le advirtió su papá, y se inscribió en un curso de ingeniería musical y sonido. “Pero -aclara- mi objetivo era meterme en el mercado de la música en Inglaterra, con mi material y producciones para otros. Mi idea era vivir de eso, y mi meta era aprender”.

Sólo que además de formarse mientras se “curtía” con producciones para artistas “bastante indies”, Gagliardo/Crow conoció a Max Heyes, productor que entre otros trabajó con Massive Attack, Jamiroquai y Primal Scream, la cabeza le hizo “plop” y se prometió que iba a “hacer algo con ese tipo”.

“No me daba pelota, era muy dificil, pero yo sabía que ese era el camino. Yo estaba haciendo mi primer disco, Detoxify, que terminé cuando había cumplido 21, y se lo mostré. Me dijo que para mi edad estaba “bien”. Nunca me daba un cumplido, porque es como que quiere empujarte a que des el máximo”, recuerda.

Guiado por su obsesión, Tomas pidió un trabajo en la misma facultad en la que había terminado de cursar. Dice: “Mi idea era estar todo el día metido en ese lugar, para estar cerca de Max y charlarlo un poquito. Era insistirle, insistirle, insistirle… Y el tipo: ‘Salí de acá’. Yo le decía: ‘Vos vas a mezclar un disco para mí, algún día’. Y él me respondía con un ‘fuck off’. Pero yo estaba ahí limpiando baños para estar cerca suyo”.

Finalmente, la estrategia tuvo su premio. Heyes lo llamó para trabajar con él, los contactos se multiplicaron, el aprendizaje se potenció y entre los dos iban cultivando algo bastante parecido a la amistad. En eso estaban, precisamente, cuando Max le encomendó un trabajo.

“Yo no iba a jugar al fútbol, nunca me junté con amigos, nunca salí a los boliches, nunca hice nada. Yo vivo y siento música. A mí la música me genera emociones directas; a través de ella me puedo comunicar y es mi manera de hablar.”

“Escuchame, necesito que vayas a editar unas baterías para este tipo, un tal Zak. Te va a ir a buscar a la estación de Twyford”, cuenta que le dijo. Y Tomas sigue el relato en primera persona. “Viajé como una hora y media, y el ‘loco’ me buscó. Yo lo miraba. ‘Tenés la cara muy parecida a alguien que yo conozco’. pensaba. El tipo, re piola, muy rockero en todo sentido. Entonces me contó que recién llegaba de una gira. ‘Ah, ¿con qué banda?’, le pregunté. ‘The Who’, me respondió. Y yo me quedé…”

El rosarino explica que parte de su trabajo es mantener la calma y el flow para que el artista se sienta lo mejor posible. Eso implica no propiciar ninguna situación incómoda ni expresar tipo de fanatismo alguno. “Es una cuestión muy psicológica”, señala, y continúa: “Seguimos andando, por el medio del campo, y ya en el estudio, el más hermoso que vi en mi vida, veo una imagen suya con Ringo Starr. Y le digo: ‘Ah, conocés a Ringo’. ‘Es mi papá’, me dijo. Y yo…”

“En mi cabeza era: ‘Mantené la calma, no la pierdas, hoy es tu día, mantenela, tenés que romperla, hacé lo mejor que puedas…’ ‘Ah, te veía parecido. La nariz…’, le dije, y se cagó de risa”, completa Crow el relato introductorio a su trabajo con Zak Starkey, que inauguró con la edición de unas baterías para Toots & the Maytals. “El último disco lo hicimos nosotros, ahí en el estudio. Salió el disco y él -Frederick “Toots” Hibbert- falleció de Covid. Un horror”, advierte.

Tomas Crow y Zak Starkey; poco más de un año atrás, ninguno de os dos tenía al otro en su radar. /Fotos Gentileza Prensa Tomas Crow

Lo cierto es que el plan original de un día de trabajo se trasformó en el de una semana, que se convirtió en dos meses y luego tres, mientras Tomas derivaba algunos trabajos. “Era la oportunidad de mi vida”, justifica, como si hiciera falta. Valió la pena. “Hace un año que estoy trabajando con él, y somos super cercanos. Sabemos todo uno del otro. Vivimos juntos en cuarentena, nos fuimos de tour por un mes y medio a Brasil, donde él tiene un sello”, agrega. 

-¿Y cuándo apareció Ringo?

-En realidad fue, otra vez, haber estado en el lugar correcto en el momento correcto. Era Navidad, mis amigos italianos se habían vuelto a su país, uno argentino se fue a la Argentina, y elegí pasar el 24 de diciembre en el estudio a estar solo en mi casa. Al día siguiente, Zak me invitó a comer con su familia y acepté, sin saber si iba a estar su padre. Pero cuando llegué, abrió la puerta y ahí estaba Ringo, de carne y hueso. No son de mentira Los Beatles. El tipo existe. ¡Y es un divino! Es un amor. Es el tío copado de la familia. Un abrazo, un “feliz navidad”. Pasamos todo el 25 tomando margaritas y comiendo pavo.

“Al día siguiente, Zak me invitó a comer con su familia y acepté, sin saber si iba a estar su padre. Pero cuando llegué, abrió la puerta y ahí estaba Ringo, de carne y hueso. No son de mentira Los Beatles. El tipo existe. ¡Y es un divino!”

-Con un beatle.

-Con un beatle, ¡jaja! Pero él se fue más temprano.

-¿Y en el medio de todo eso fue tomando forma Supersuperficial?

-Sí. El disco es solo yo fluyendo y haciendo canciones sin ninguna regla. No me impongo ningún tipo de deadline, ni de presión. Soy yo volviendo a mi música no como productor sino como artista y volcando todo lo que puedo y lo que fluye en ese momento en un estudio. En éste, en el de Zak o en el de Max. Lo voy haciendo de a poco. 

-Es extraño: Detoxify, que lo hiciste casi con el jet lag de tu llegada a Londres, lo grabaste en inglés. En cambio éste lo grabaste en castellano, cuando ya casi te recibiste de londinense.

-En esta etapa de mi vida musical me importa mucho que en mi casa lo entiendan. Que mi mamá o mis amigos puedan entender la letra. En mi primer disco quise decir cosas que nunca se entendieron y quedaron ahí. Quizá porque en realidad nunca voy a ser inglés, nunca voy a comunicar como ellos ni voy a tener ese flow. O por ahí sí, pero yo siento que soy mucho más auténtico en español, y puedo llegar a las personas que quiero llegar. Yo no les quiero hacer llegar mi música a Zak o a Noel. También es un experimento, porque nunca lo hice antes. Es un juego.

-Noel es Gallagher, que es como decir Oasis… ¿También llegaste a él a través de Max Heyes?

-En verdad, gracias a Max conocí a Brendan Lynch, que es productor de Primal Scream, Paul Weller… Empecé a trabajar para él en Le Mob Studios, que antes eran LynchMob Studios. Me metí ahí a hacer de todo un poco, desde la website hasta ingeniería y producción para los clientes. Un día llamó Gallagher y dijo que necesitaba alguien que lo ayudara, que fuera músico y que trabajara rápido, y Brendan me agarró y me dijo: ‘Tommy, tenemos una sesión con Gallagher, en medio de la cuarentena’. Trajeron un camión de equipamientos y fue una locura. Me llamó para esa sesión, fui quedando y estuvimos como un mes y medio, cuatro personas en el estudio. Éramos Noel, Paul Stacey, el otro ingeniero y yo.

-¿Qué aprendiste? ¿Es tan malo como su fama?

-Yo estaba como un poco asustado, por el hecho de que es un bad boy. Pero lo que más me enseñaron estas experiencias es a relajarme. Con Noel aprendí que a pesar de que el loco quería todo rápido y todo ya, lo podía disfrutar. Apenas entró, yo estaba en un modo muy relajado y disfruté la sesión de principio a fin todos los días. Es un tipo muy exigente. Pero nada que ver con un chico malo. Es un divino. De preguntar qué hiciste el finde, si te gustan los Beatles… Me puse a frickear, le conté que tuve una banda de covers de Los Beatles. Me preguntó qué guitarras usaba, me recomendó una que me terminé comprando. Las hace un amigo suyo, que es del guitarrista de The Cure. 

Así es la “tapa” de F.O.M.O., el primer adelanto del disco que se viene. /Fotos Gentileza Prensa Tomas Crow

-Buen trato…

-Sí, pero cuando se pone a trabajar, de 11 a 18, es a cara de perro. Yo le ponía el micrófono acá, a un metro, y él está en contra de los barbijos, no quiere que nadie los use; pero igual, no tenía problema, dame todo el coronavirus que quieras. Lo tenía cantando con su guitarra acústica, a un metro de mi cara, y me quedaba hipnotizado. No se puede creer. Realmente, hipnotizaba.

-¿Y tus viejos?

-Mi viejo tiene un audio guardado del momento en el que le conté que conocí a Zak, y otro en el que no podía creer que había conocido a un beatle. Yo se lo comunico con mucha calma, porque así soy. Lo buen es que me creen. Hay mucha gente que no me creía, ¡pero tengo las pruebas! ¡Jajaja!

-¿Extrañás?

-¡Un montón! Me encanta la Argentina, la gente, el rio… ¡Vivo en Rosario! Quiero vivir en la Argentina en un futuro. No me veo viviendo toda la vida acá. Voy a volver cuando sea el momento. Me gustaría también conseguir un vínculo entre los dos países, para ir y venir, para que vayan y vengan artistas de allá y de acá. Tal vez es un poco utópico. Pero también era utópico conocer a Ringo.

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E.S.

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