La historia del otro Orteguita: el campeón de malambo de Laborde



El extraordinario Festival de Malambo de Laborde posee, entre muchos rasgos singulares, algo que hace que se vuelva a él una y otra vez: ex campeones, preparadores, profesores y antiguos jurados regresan por la pura satisfacción de estar aquí. Pero hay entre ellos un caso particular: el del chaqueño Alberto Ortega, conocido por todos como Orteguita (y no por el ex jugador de River y la Selección argentina Ariel Arnaldo Ortega), que ganó en 1977, a sus quince años, la categoría de campeón; que dejó de venir durante más de veinte años, retornó en 1999 y ya no faltó, como preparador de malambistas y como jurado. Cuenta: “la primera vez que vine a Laborde tenía trece años y había solo dos categorías: menor y mayor, que era de quince en adelante. No había en ese momento toda la información a la que acceden los jóvenes hoy. Pero yo tenía la voluntad de cargar en mi memoria todo lo que veía aquí y al volver a mi pueblo empecé a volcarlo en los pies. Ahora se estila dictar talleres de malambo y enseñar las mudanzas (nota: figuras de la danza). En aquel tiempo, no; intercambiábamos entre nosotros mismos: “che, pasame esa mudanza que me gustó, pasame esta otra”. Era tan sencillo y tan directo que nunca nadie se negaba.

-Volvió a los quince años y ganó como campeón de Malambo Mayor. ¿Pensaba que podía ocurrir algo así?

-Para nada. Me gustaba bailar y zapatear, pero no tenía la dimensión de lo que podía darte ese premio. Al otro día volví a mi pueblo y pasaron 22 años hasta que regresé. Pero antes me pasó algo muy lindo: en mi pueblo de General San Martín se hacía un festival de folclore muy importante, donde se presentó el Ballet Brandsen. El director Murillo, enterado de que yo había ganado en Laborde, quiso que entrara al Ballet. Mi papá no me dejó. Dos años después, lo mismo. Terminé el secundario, me empleé y comenzó mi otra vida. Pero pasado el tiempo, me reiteraron la invitación y ahí sí tuve el permiso de mi papá. Murillo me dijo “traete solo las botas y las ganas de aprender”. Hice esa experiencia con el Ballet durante un tiempo, volví a mi pueblo y nuevamente gracias a que había sido campeón de Laborde, mi profesor me invitó a que diera clases en la Escuela de folklore de la Municipalidad que él dirigía.

-¿Cómo fue que volvió a Laborde?

-Un amigo que venía aquí a concursar como locutor y animador me insistió para que volviera. Me dijo: “la gente de la comisión quiere conocerte, te invitan”. Le dije que no, que no iba.

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-¿Por qué?

-No sé (se le llenan los ojos de lágrimas). Mi señora me dijo “andá” y me preparó el bolso. Encontré un Laborde que me emocionó y me colmó el alma y la sangre. Me agasajaron, me dieron cariño, me presentaron a todo el mundo como ex campeón. Volví a mi pueblo con ganas de enseñar y al tiempo empecé a formar chicos malambistas que pude traer a Laborde. Sigo viniendo después de veinte años y cada vez me gusta más.

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-¿Ve diferencias entre los malambistas de acuerdo a la provincia de la que vengan?

-Antes la había, ahora casi todos los changos bailan igual. Es cierto que las provincias con más tradición de malambo son Santiago del Estero, Tucumán. Salta también pero hay un solo campeón salteño en estos más de cincuenta años y mire que vinieron grandes malambistas. Pero son criterios del jurado y hay que respetarlos; yo también estuve sentado allí como jurado.

-¿Usted se especializó en la preparación de niños, no es cierto?

-Sí, para mí es más fácil enseñar lo que está bien que corregir lo que está mal.

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Para ver el Festival Nacional de Malambo de Laborde, hasta el sábado 18 de enero hay ediciones diarias en YouTube.

WD​

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