La historia de Mi enfermedad, o cuando Fabiana Cantilo resucitó a Andrés Calamaro



Andrés Calamaro acumulaba cuatro discos solistas después de separarse Los Abuelos de la Nada. Hotel Calamaro, Vida Cruel, Por mirarte y Nadie sale vivo de aquí. El tipo, sin embargo, daba la injusta impresión de no despegar en la misma escena donde, curiosamente, había sido protagonista decisivo de Los Abuelos de la Nada.

Cuatro discos que tenían cada uno lo suyo y eran perfectamente capaces de impactar en alguien con ligero oído musical. De Nadie sale vivo de aquí se ha llegado a escribir que fue uno de los mejores de toda su carrera.

Faltaba tiempo para el Calamaro que iba a poner las cosas patas para arriba. Había que esperar su segunda encarnación solista. Temas como Flaca, Loco, Crímenes perfectos, los de la elegancia tanto musical como indumentaria de Alta Suciedad.

Los Rodríguez, el proyecto en banda que Calamaro compartió en España con el argentino Ariel Rot. (Archivo Vollaro)

Quedaba atravesar un atlántico de sangre criolla derramada por Los Rodríguez en España, que siempre se consideró península deudora de nuestro rock nacional. Desde Moris hasta Coti Sorokin.

Un muchacho porteño llamado Ariel Rot, que había formado parte del grupo Tequila, residente en Madrid, volvió a Buenos Aires y se alistó en la primera banda solista del Calamaro post Abuelos. Como mucho, Rot era uno que se parecía a Billy Idol y cantaba Debajo del puente. Todavía hoy, de Tequila no sabríamos ni tararear un solo estribillo.

Calamaro y este guitarrista tocaban juntos en la banda de Andrés. A comienzos de los noventa, el autor de Mil horas podía actuar a la gorra en un boliche de Palermo Viejo, y no en el mejor porque el dueño del más prestigioso bar del barrio lo había rechazado dos veces. Casi como a Jesús.

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Insólito, por tratarse del ex Abuelo de la Nada más importante. Era Calamaro, muchachos, el de Costumbres argentinas, el de Sin gamulán. El que años más tarde, consolidado y espléndido, le dedicaría una tierna canción a Miguel.

La letra de Con Abuelo es por lo menos discutible: “Poeta fértil de verdad, llegó con dos canciones que volvió a escribir otra vez”, ¿Ironiza?. Y luego, ahora magnánimo, le agradece cantando lo siguiente: “Me llevaste de la mano a la pequeña gloria”. O, “generoso me dejo cantar con él”.

Miguel no lo dejó cantar con él. En realidad Miguel no lo pudo evitar.

En 1993, Andrés Calamaro visitó la Argentina con Los Rodríguez para presentar el disco Sin documentos, y en Prix D’ami se trenzaron en una zapada con Charly García. (Foto: Santiago Porter)

Cuando se separó de los Abuelos, Calamaro fue la primera baja de la super banda del momento, y algo así como la figura de reparto que termina mereciendo su propio spin- off.  Tras su partida, el grupo, con Miguel Abuelo adentro, naufragó por completo.

Andrés Calamaro arrancó su carrera solista y Miguel Abuelo lo intentó. Hotel Calamaro sonaba fresco, lo tenía al futuro Salmón entonando a capella, juntándose con la intelligentsia local y organizando la primera cumbre de consumo irónico con un homenaje pop a Fabio Zerpa.

Del disco de Miguel Abuelo nos acordamos la tapa. Y que cantó los dos temas que “volvió a escribir otra vez”.

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Se ve que su salida de Los Abuelos igual lo dejó desamparado y hasta provocó una ligera mezcla de indiferencia y descontento, aún entre los propios seguidores de Andrés. 

Lo trataban como a un cheto a Calamaro. Más o menos como se lo trata a Chano por estos días. A lo sumo, una mirada condescendiente hacia el autor de Mil horas.

El faro de Los Abuelos sacaba discos pero se ganaba la vida produciendo bandas ajenas. Es la Bestia Pop que le dio sentido a imberbes como Los Fabulosos Cadillacs, Enanitos Verdes, Don Cornelio.

​Fue el curador precoz del rock nacional y democrático.

Un día nos enteramos, no por los diarios, que Calamaro, viviendo en Madrid, se había vuelto un poquito gitano. Todavía un poroto delante del Calamaro de los toros y las canciones como Media Verónica. Pero se había ido a otro país. Sólo unos pocos sabemos el dolor que significó esa noticia. 

Había partido con Ariel Rot. Uno se iba; el otro regresaba. En otras palabras, la base de la carrera solista de Calamaro en la Argentina pasaba a convertirse en la piedra fundamental de Los Rodríguez.

El nombre en España lo tenía Rot, por su tránsito lento con Tequila. La fórmula de ellos dos más otros hizo desaparecer las ansiedades solistas de Calamaro. De lo individual a lo colectivo nuevamente, y además mordiendo el polvo de la humildad: se llamó “Los Rodríguez” así como Morrissey le puso The Smiths a su grupo de Manchester. Con ese mismo espíritu, el de decirnos que sus apellidos eran del montón en la guía de teléfonos.

¿Qué le habrá pasado a la gente de España cuando descubrió a Calamaro? Nosotros le habíamos soltado la mano. Ahora nadie se acuerda, ahora “Andrelo” de aquí, “Andrelo” de allá, las noticias atentas a lo que escribe en sus redes, las novias, las ex, las tapas de revista, si está flaco, si está gordo, si está ancho, si está fino…

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Pero el corazón delator de Los Rodríguez vivía acá y nosotros no lo supimos ver. Lo expulsamos como ciertas políticas económicas empujan afuera a los científicos. Fuga de talentos. El dirá que el país se encontraba atravesado una hiperinflación, pero en el mejor de los casos esa circunstancia no significaba más que la suma de todos los miedos.

El mundo quedaba lejos en ese entonces. En 1991, las cosas no llegaban de un momento para otro. Lo moderno era el fax. Aquí aparece en escena la Santa Patrona de los Repatriados: Fabiana Cantilo. Ella es la máxima responsable de que Calamaro tuviera un regreso glorioso sin haber sido profeta en su tierra.

La Cantilo lanzaba su tercer álbum, Algo Mejor. Su disco más parejo.

Dicen que para tal misión, y para poder pegar el rasguño en las piedras, “la” chica andaba necesitando un Yesterday. Esto es información: Ariel Rot le mandó un casete a su hermana Cecilia, la actriz, mostrándole lo que estaban haciendo con Los Rodríguez en Madrid. Fito –que es Páez- se encargaba de producir el disco de Fabi, así que agarró el casete como un pebete y lo puso en el aparato reproductor. Todavía hoy se pelean porque Fabi dice que ella eligió Mi enfermedad, mientras Fito se arroga el acierto de lo insoslayable.

Mi enfermedad es el tema 7 o, en versión LP, el primero del lado B de Algo Mejor. Buena suerte, el álbum debut de Los Rodríguez, en tanto, había sido editado por un sello español casi marginal, que en pleno lanzamiento ya había presentado la quiebra.

Ambos discos, el de Cantilo y el de Los Rodríguez son de 1991. Increíble el dato. La misma canción cantada de manera paralela. El mismo hit hecho simultáneamente por dos personas, argentinas ellas, grabado en dos discos distintos y alcanzando éxitos realmente dispares.

Fabiana Cantilo y Andrés Calamaro terminaron compitiendo. Ganó la dama.

Mi enfermedad fue un megahit del año ’91, pero en la versión de Cantilo, y en nuestro país. En España, Los Rodríguez aún eran un grupo de culto. Es decir, Fabiana Cantilo logró volver más exitoso que Calamaro un tema del propio Andrés Calamaro. Sin precedentes.

Los Rodríguez daban shows para 200 personas. Mi enfermedad, según Fabiana, acá, se escuchaba tanto como Despacito. Esa lunática difusión no tardaría en llegar a oídos de Maradona, hasta allí un bufón de las canciones de Pimpinela.

Acaso el capítulo más feliz de esta historia sea la llegada de Maradona a la Luna. Mi enfermedad y el Diego marcan una zona de clivaje en la relación fútbol/rock. Se recuerda con piel de gallina el encuentro de Calamaro, Diego y Fito cantando Salud, dinero y amor en Ezeiza durante una concentración de la Selección Argentina. Eso es gracias a Mi enfermedad.

Maradona dijo que el tema le gustaba tanto que no paraba de escucharlo. Luego de esa confesión, sonaría en los partidos del Sevilla y en los docudramas narcóticos de Chiche Gelblung.​ Fabi Cantilo se tomó un avión a España para susurrársela al Diez cual Marilyn Monroe a JFK.

Los planetas se alinearon como en una brochette. Maradona estaba pasándola pésimo por uno de esos asuntos de adicción a las drogas, y cuando escuchó Mi enfermedad se sintió identificado y hasta llegó a preguntar si se la habían dedicado especialmente. Algo para nada disparatado. Diego compró el casete de Fabiana Cantilo.

Los Rodríguez del disco Buena suerte, donde estaba Mi enfermedad, vinieron a tocar a boliches chicos. Era tal el éxito de la adaptación de Fabiana, que hasta quedaba feo escucharla en boca de su verdadero autor.

“Yo sobrevivía con el sueldo de mi novia, que trabajaba en Virgin”, recordó Calamaro, hablando de esos años. “Llegué a pedirle pesetas prestadas al diariero de la esquina de mi casa.”

​Mi enfermedad es como Sólo le pido a Dios, pero sin divulgación oficial. Parte de esta afirmación corre por cuenta de Fabi Cantilo. Pero Calamaro no la necesita. Puede que la cante en vivo, puede que no. Nadie le reciminará no haber hecho Mi enfermedad en un show. Eso se llama renunciar a un éxito porque hiciste muchos otros.

La Liga Italiana de Fútbol había suspendido a Maradona por 15 meses. Se hablaba de uso de cocaína. La revista Gente publicaba: “Soy un ex jugador de futbol”. Imágenes fúnebres de Diego esposado y con el rostro cubierto por una campera.

En 1991 Maradona era “un drogadicto” que pedía un walkman y escuchaba Mi enfermedad.

Andrés Calamaro, el del tango el mate e Independiente, y también de las bulerías, los cojones, la tauromaquia y los chavales. (Foto: Martín Bonetto)

De la mano de la diosa (Fabi), Andrés Calamaro volvió a entrar en la brújula de nuestros preferencias musicales. El dijo que Los Rodríguez fue su “doctorado”, y a nosotros, que nadie nunca le “regaló nada” y que “una canción con ese título –Mi enfermedad- se merece todo”.

Después, ya se sabe, Los Rodríguez vinieron para llenar teatros en la calle Corrientes. Pero desde entonces, y por culpa nuestra, por haberlo dejarlo ir y no ser capaces de ver ni el árbol ni el bosque, Calamaro es de aquí y es de allá. Es de Independiente, del mate, del tango. Pero también de las bulerías, los cojones, la tauromaquia y los chavales.

E.S.

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